Por un rito funerario estatal

El hecho de que un gobierno que promueve la laicidad del Estado haya organizado unos funerales de Estado y que estos funerales sean católicos, supone una contradicción especialmente grave para muchos de los votantes del PSOE en las pasadas Elecciones Generales. Es lógico que laicistas y fieles de otras religiones se quejen de este nuevo trato de favor a la Iglesia Católica. No pretendo disculpar al Gobierno, pero sí quisiera reflexionar sobre esta evidente contradicción.

Desde que la actual especie humana, incluso otras especies humanas, los ritos funerarios son inherentes a las sociedades humanas. Podemos decir que una de las señales que marcan la “hominización” de un grupo es la presencia de ritos funerarios. Las funciones de los ritos funerarios son múltiples y no viene al caso entrar en las diversas teorías, pero lo que sí queda claro es que los ritos funerarios, del tipo que sean, son parte de nuestra cultura humana.

Nuestra sociedad ha entregado, durante siglos, los ritos funerarios a la Iglesia Católica. Los funerales católicos han sido vistos como los normales por la inmensa mayoría de los españoles. Era una consecuencias esperada que los funerales del Estado también fueran católicos.

Cuando constitucionalmente se establece la separación de la Iglesia y del Estado y cuando buena parte de la población no es católica, sea porque es agnóstica (o atea) o porque profesa otras confesiones o religiones surge el problema de establecer unos ritos funerarios comunes a todos (creyentes y no creyentes) y que lo religioso se deje para la decisión particular de cada familia.

No me parece mal que el Estado tenga, dentro de su ceremonial, un rito funerario, porque hay acontecimientos en los que la muerte y la despedida requieren la participación de toda la comunidad sea la nacional, la autonómica o la local, sin tener que recurrir a los ritos católicos. Si no se hace, entonces siempre se estará tentado de “recurrir a lo de siempre”, a dejarse llevar por la inercia.

¿Por qué suben las visitas a los blogs en agosto?

Esta mañana estaba en Twitter dándole la tabarra a todo el mundo con lo poco que había podido dormir. Nacho Campos observó que sin escribir en agosto, las visitas no paraban de subir. Raúl Pleguezuelo ratificó este fenómeno, como hice yo mismo (y por lo visto no somos los únicos). Como todo buen bloguero lleva un teórico dentro nos pusimos a especular sobre cuáles podrían ser las causas.

Hago un resumen tanto de las que ellos dijeron, como de algunas que se me han ocurrido dándole vueltas mientras estaba pelándome (que falta me hacía):

1) Más interés por la lectura de los blogs (Nacho Campos). Es posible que muchas personas, después de tener una conexión a Internet durante meses y años, hayan descubierto que sirve para más cosas que para contratar viajes baratos, descargarse archivos sonoros y de vídeo y echar horas en el Messenger. Es posible que hayan descubierto que Internet sirve para informarse y que los blogs ofrecen un valor añadido a los medios tradicionales, incluso los que tienen presencia en Internet. Consecuencia: los contadores de los blogueros suben como nuestro ego.

2) Hastío de los medios tradicionales (Raúl Pleguezuelo). La verdad es que los medios tradicionales están de lo más soporíferos, resignados a que en agosto se rellena y ya está. No hay nada original, nada de investigación, nada siquiera que entretenga. Como la comunidad blogosférica es mucho más amplia que todas las redacciones periodística de España y no somos demasiado tontos, siempre existe a posibilidad de leer cosas interesantes, incluso en lo “más profundo del cálido verano”. Consecuencia: los contadores de los blogueros suben como nuestro ego.

3) Aumento del número de portátiles (Geógrafo Subjetivo). Primero fue que millones de españoles nos compráramos nuestro PC para casa. Luego vino el enganche y no nos sentimos nosotros mismos sin repasar todos los días nuestros sitios favoritos (Boletín Oficial de la Provincia de Sevilla, las últimas novedades sobre Kant o cualquier de esta tipo de direcciones tan atractivas que reciben millones de visitas a la semana). Seducidos por la movilidad hemos adquirido un ordenador portátil y lo utilizamos para conectarnos durante nuestras vacaciones y viajes y, como tenemos más tiempo, bicheamos por toda la red. Consecuencia: los contadores de los blogueros suben como nuestro ego.

4) Menos vacaciones fuera de casa (Geógrafo Subjetivo). Dado que estamos en crisis es de suponer que las salidas a destinos exteriores al propio domicilio que han eliminado o acortado, de forma que los que se quedan en casa, en vez de disfrutar de la playa o de las iglesias visigóticas, se dedican a pululear por Internet y leer algunas de nuestras entradas. Consecuencia: los contadores de los blogueros suben como nuestro ego.

Ajuste de mercado ó ya está bien de abusos en los precios

“El País” trae una interesante noticia sobre el descenso de los negocios que se dan torno al turismo de sol y playa. Básicamente dice que la gente va, no tanta como antes, pero que los que van se guardan de gastar menos y buscar paquetes que incluyan bastantes servicios con la finalidad de no soltar un euro de más de los que ya soltaron en punto de partida.

Los dueños de chiringuitos, bares, discotecas y otros negocios se afanan en ofertar cosas que hace un año parecían metafísicamente imposibles. Naturalmente todo el mundo se queja de que su negocio, hace doce meses tan boyante, se halle ahora en un estado que no permite los beneficios de antaño.

Si soy sincero, lo cual intento serlo normalmente, diré que me parece estupendo que tengan que bajar sus precios y sus beneficios caigan, porque se han tirado unos años dando sablazos a todo el que pasaba por sus establecimientos, clientes que además debían de estar agradecidos de ser admitidos en ellos (caso de las discotecas).

Esto no es más que un reajuste del mercado. Una sencilla aplicación de la ley de la demanda y de la oferta. Lo que sucede es que cuando esta ley no te beneficia pegas gritos y berridos, pero cuando sí está a tu favor eres el mejor empresario del mundo.

Decía Marc Vidal hace unas semanas que si bajas los precios en tiempos de crisis […] lanzas al mercado una imagen de que el precio anterior no se ajustaba a la realidad, es decir, que estabas metiéndole una clavada de consideración a tus clientes. Esta bajada de precio reconoce que se estaba pagando unos márgenes excesivos que no se correspondían con el servicio recibido.

Conclusión: cuando se gana, se gana; cuando se pierde, se pierde; no se puede ganar en la ganancia y también ganar en la pérdida (salvo que seas un genio de la bolsa).

La jurisprudencia como fuente del Derecho

Ahora quiero escribir sobre un tema que me encanta: si la jurisprudencia es fuente del Derecho en España. Se planteó en los comentarios a una entrada de Citoyen en la él que respondía a otra entrada sobre la legalidad de los “Juicios de Nüremberg”. Me pongo manos a la obra.

La cuestión de si la jurisprudencia es fuente del Derecho en España o no es uno de los clásicos de nuestra Teoría General del Derecho. Lo es precisamente porque la jurisprudencia muestra una fuerza tal que hace que muchos dudemos de que la posición tradicional sobre las fuentes normativas sea correcta.

Para intentar analizar esta cuestión considero que hay dos aproximaciones diferentes, una jurídica y basada únicamente en los textos legales, y otra de corte iusrealista, es decir, más atenta al cómo se aplica la norma que a qué dice la norma en su dicción literal. En esta entrada solamente voy a entrar en el análisis legal, esto es, adoptaré una posición positivista o formalista para defender que la jurisprudencia sí es fuente del Derecho en España.

Normalmente se suele citar el artículo 1 del Código Civil, que no contempla a la jurisprudencia entre las fuentes de creación normativa y, en su apartado 6 le da la siguiente función: “La jurisprudencia complementará el ordenamiento jurídico con la doctrina que, de modo reiterado, establezca el Tribunal Supremo al interpretar y aplicar la ley, la costumbre y los principios generales del derecho”.

Superficialmente parece que la cuestión debería terminar aquí, pero el problema surge cuando nos damos cuenta que el Código Civil no es más que una simple ley ordinaria, a la cual, para su aplicación han de aplicárseles sus propios principios de temporalidad y de especialidad. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que el Código Civil no es la norma suprema del ordenamiento, que es la Constitución, y por tanto no está por encima de ninguna otra norma del mismo rango (promulgada posteriormente) y de otra que rija en zonas concretas del ordenamiento (especialidad).

En primer lugar vemos que en el propio texto de la Constitución otorga consecuencias “erga omnes” a los fallos del Tribunal Constitucional en el enjuiciamiento de las leyes (artículo 164.1 CE). Es decir, cuando el Tribunal Constitucional marca un criterio de delimitación sobre la constitucionalidad o no de una norma, ese criterio trasciende el caso concreta de la norma legal enjuiciada y se convierte en un criterio general.

Es más, el artículo 40.2 LOTC dice que “[…] la jurisprudencia de los tribunales de justicia recaída sobre Leyes, disposiciones o actos enjuiciados por el Tribunal Constitucional habrá de entenderse corregida por la doctrina derivada de las sentencias y autos que resuelvan los procesos constitucionales”. Lo que se desprende de este precepto es claro, una sentencia que declare la inconstitucionalidad no solamente afecta a las normas sino también a la jurisprudencia recaída en aplicación de esas normas y ello es así porque la jurisprudencia crea principios que se desprenden de las leyes que en un momento dado interpretaron, de forma que la LOTC no solamente elimina la norma sino también la interpretación judicial de la misma. Esto muestra que la jurisprudencia es fuente del Derecho, porque si no lo fuera este mandato sería innecesario.

El recurso de casación en nuestro ordenamiento tiene una serie de causas tasadas que permiten el acceso a éste. La causa paradigmática es la “Infracción de Ley”, pero es curioso contemplar como en tres de los cuatro órdenes jurisprudenciales (excluyo a la Jurisdicción Militar) se incluye como causa de casación la desviación de la doctrina jurisprudencial, es decir, que una sentencia aplique incorrectamente la jurisprudencia está al mismo nivel que la aplicación errónea de la Ley (arts. 477.3 LEC, 88.2 LRJCA y 205.e LPL). La conclusión es clara: Ley y jurisprudencia han sido igualadas en tres de nuestras normas procesales, cosa que no podemos afirmar respecto del orden jurisdiccional penal.

Para concluir con este conjunto de “pruebas” sobre la existencia de una jurisprudencia española como fuente del Derecho, nos encontramos con la celebérrima prohibición del “non liquet”. Dice el art. 1.7 del CC que “Los Jueces y Tribunales tienen el deber inexcusable de resolver en todo caso los asuntos de que conozcan, ateniéndose al sistema de fuentes establecido”. Básicamente este supuesto se da cuando no hay Ley, mucho menos esa fuente ignota que es la costumbre y los principios generales son tan generales que sirven para poco. Nos encontramos con una sentencia que creará Derecho “ex novo”, que establecerá criterios sin norma. Una prueba más.

Aún me dejo muchas más cosas en el tintero, o en el teclado más bien, pero prefiero parar en este momento para no fatigar al posible lector y poder aportarlos, si es posible en el debate que surgirá.

Si quieres aquí puedes leer otra entrada que continúa con este tema.

Licencia municipal surrealista

El pasado día 23 la edición para Ceuta del “Diario Sur” nos contaba que el vicepresidente de la Ciudad Autónoma y consejero de Presidencia, además de presidente del PP de Ceuta, había entregado una “licencia” a un varilla (que en Sevilla se les conoce como “gorrillas”), que dice así:

“Señor agente, le ruego a usted que permita a Don (el nombre aparece tachado para preservar su intimidad) que pueda realizar en la vía pública la vigilancia de vehículos, ya que con esta actividad recibirá las propinas que los propietarios de los mencionados vehículos que por voluntad consideren oportuno. Atentamente. Pedro Gordillo Durán.”

Ante tamaño despropósito, que como dice la noticia periodística, iba en un papel con membrete de la consejería de Presidencia, me gustaría hacerle algunas preguntas a este ínclito político ceutí, que la pasada legislatura fue senador:

1) ¿Este individuo ha solicitado por escrito la pertinente licencia de uso privativo del dominio público?

2) Si así lo ha hecho, ¿no hubiera sido más correcto sacar a concurso público este aprovechamiento?

3) ¿Qué tasa o canon paga este individuo por este aprovechamiento a la corporación local?

4) ¿Qué cobertura legal tiene esta “licencia”? ¿La ha examinado algún técnico municipal?

5) Los conductores que le paguen a este individuo, ¿tienen derecho a que se les descuente lo pagado del impuesto de la circulación?

6) La carta está dirigida a cualquier agente de la Policía Local por el segundo en su jerarquía de mando: ¿quiere decir que se les ordena a los policías no aplicar la normativa vigente por la que esta actividad es ilegal y es la Policía Local la competente para aplicar?

La soledad sonora. Biografía de Xavier Zubiri

Jordi COROMINAS y Joan Albert VICENS: Xavier Zubiri. La soledad sonora. Taurus. Madrid, 2006. 920 páginas.

La biografía de Xavier Zubiri era una especie de tradición oral que pasaba de los discípulos directos de este filósofo a los nuevos discípulos y seguidores de la filosofía zubiriana. Como toda tradición oral estaba construida de narraciones puntuales, algunas anécdotas y tenía numerosas lagunas.

La ausencia de una biografía que mereciese ese nombre llamaba la atención, aunque dentro del panorama filosófico español hay tantas cosas por hacer que muy pocos habían reparado en esa circunstancia. Lo único que teníamos escrito sobre la vida de Zubiri era un librito, redactado por su viuda, que tenía toda la pinta de ser una edición de lo más privado, y que realmente no era más que una colección de recuerdos.

Jordi Corominas y Joan Albert Vicens han hecho un trabajo ímprobo para llenar esta laguna en la historiografía filosófica española y darnos algunos datos más a los que, desde hace mucho tiempo, somos admiradores de la obra de Xavier Zubiri.

La biografía que han escrito es del tipo “monumento”, lo cual se agradece, al ser la primera y al tener que ser los exploradores que van a establecer el marco referencial en la biografía de Zubiri. Esto, ser los primeros, es algo sin duda estimulante, pero además añade dificultades al trabajo, ya que no hay interpretaciones previas y clasificaciones anteriores, de forma que todo el trabajo se desarrolla únicamente con la guía del propio criterio y sobre fuentes directas (lo que debería ser normal en todas las biografías).

Como ya hemos dicho algunas veces la biografía filosófica tiene dos extremos que son difíciles de conjugar: exponer la vida o exponer la filosofía del pensador en cuestión. Los autores han decidido exponer primariamente la vida, lo que es un acierto, especialmente cuando la filosofía de Zubiri ha sido y está siendo ampliamente estudiada. El estilo de escritura es claro, preciso y mantiene el interés a lo largo de sus casi mil páginas.

Hay un episodio de la vida de Zubiri que esta biografía deja aún sin aclarar. No es otro que las causas aducidas para su reducción al estado laical. Se da por sentado, en lo que un error, que todo el mundo las conoce o que se infieren del relato anterior (que se infiere), pero da la sensación de que los autores igualmente han caído en un temor reverencial a la hora de tocar en profundidad una cuestión que fue determinante a la hora del desarrollo no sólo de la vida, sino también del pensamiento de Zubiri.

Esto es paradójico cuando los autores no tratan de librar a Zubiri de nada: manifiestan sus dudas en el momento de ser ordenado, su crisis con la Iglesia a causa del modernismo teológico que profesaba (debió de ser de los pocos en España), su indefinición política y su conveniencia a la hora de apoyar a los sublevados en la Guerra Civil, sus buenas relaciones con los poderes económicos o su deriva personal en la vejez a una religiosidad ñoña en contraste con una filosofía que no lo era en absoluto.

Aconsejo, con toda la humildad, leer esta biografía tanto a las personas a las que el pensamiento de Zubiri les interesa, como a todos los que quieran conocer más de cerca la vida intelectual en España en los primeros ochenta años del pasado siglo XX.

Cambio de cabecera

He decidido cambiar la cabecera de GS. Estaba un poco cansado del caminito idílico de mi portada. La nueva foto es una que yo mismo hice el pasado año en Afsluitdijk, que es dique que une la provincia de Holanda del Norte con la provincia de Frisia en los Países Bajos.

Creo que esto refleja bastante mejor lo que quiero decir con el título “Geografía Subjetiva”: la intervención y la capacidad de los seres humanos, así como la interpretación que hacemos de las cosas, modifican no sólo nuestras percepciones sino también las instancias objetiva de la realidad.