Geografía Subjetiva: avisos veraniegos

Me voy de viaje dentro de unas horas y no sé si podré mantener actualizada “Geografía Subjetiva” durante la próxima semana. Si puedo conectarme un tiempo prudencial no dudéis de que lo haré y aprobaré todos los comentarios que haya en espera, además de introducir alguna entrada sobre los temas de la actualidad política, si es que hay algo de actividad, ya que si no lo hay amenazo con volver con las entradas “culturales”.

Buscando votantes populares

La última encuesta postelectoral del CIS ha dado que hablar en la “Blogosfera política” debido a la poca relación entre los resultados de las Elecciones Generales del 9 de marzo y el voto confesado en esta encuesta. En “La Moqueta Verde” han hablado de “luna de miel” entre el electorado y el vencedor electoral, mientras que Becario en Moncloa ha puesto en la mesa un debate más amplio con un etiología más plural la que achacar esta llamativa disonancia.

Salvo en el supuesto de que la encuesta haya estado diseñada y/o realizada de una forma desastrosa, cosa que quien mantenga tiene que demostrar, el problema está en que no se han detectado los votantes del PP ya que han preferido callarse su opción electoral. En esta entrada os propongo hacer una pequeña investigación para ver dónde se encuentran estos votantes populares vergonzosos de su decisión.

He supuesto que sienten más rechazo a posicionarse en preguntas en las que se inquiere directamente sobre partidos y políticos, mientras que se dejan ver en cuestiones que piensan que no expresan una opción partidista. Como podéis comprobar estoy suponiendo que estos encuestados no quieren decir la verdad y huyen de todos los que creen que pueden declarar su tendencia política y su voto, pero paralelamente los considero poco formados políticamente en tanto que piensan que una pregunta sobre fiscalidad no revela este secreto inconfesable.

La encuesta del CIS pregunta sobre el nivel de confianza que genera el Parlamento Español arroja estos resultado simplificados:


Hay que hacer notar que si bien el CIS pregunta por la Institución, la valoración de la Institución depende del ejercicio político de esa etapa, y en esta pregunta vemos como el rechazo al Parlamento del periodo 2004-2008 es peor entre los que no contestan que entre los votantes del PP y supera la media de valoración entre los que no recuerdan el sentido de su voto aunque por debajo de la confianza que tiene entre los votantes confesadamente socialistas.


La pregunta sobre Inmigración la responden ambos colectivos, los desmemoriados y los secretistas, por encima de la media española, a gran distancia de los votantes socialistas y con una muy moderación separación de la postura menciona por los votantes del Partido Popular.


Sobre el grado de Liberalismo de los españoles que se puede ver en esta encuesta ya hablé alguna cosa, pero lo llamativo aquí es que los que no recuerdan que votaron y los que no lo dicen mantiene nuevamente una media superior al resto de los españoles, y los desmemoriados incluso a la de los votantes del PP.


Nuevamente vemos un escenario parecido. Cuando se pregunta por la adopción por parte de los homosexuales, los que dicen no recordar lo que han votado y los que no contestaron a la pregunta sobre su voto tienen una media de rechazo mayor a la media nacional y en el caso de los que no contestan bastante cercano a la media de los votantes del PP.



Tanto en lo referente a la política antiterrorista como al debate interesado de la derecha sobre los valores religiosos ambos grupos se encuentran más cerca de las posiciones del PP (superándolo en un caso) y en el segundo cuadro bastante por debajo de la media nacional y más cerca de las posiciones populares que de las socialistas.

En el último cuadro que vamos a valorar vemos la autodefinición ideológica que hacen los encuestados. Estos dos grupos se encuentran más a la derecha que la media nacional, lo cual es notable en un país donde cuesta mucho esfuerzo reconocerse de derecha, aunque a una distancia respetable del autoposicionamiento ideológico de los votantes populares.


A modo de síntesis quiero hacer algunas conclusiones muy breves.

1) Aunque no sea de un modo taxativo estos datos de la encuesta del CIS nos invitan a pensar que buena parte de los votantes que le faltan al PP en éste se han refugiado en el silencio o en el secreto, ya que muestran unas tendencias más cercanas al PP que al PSOE, aunque hay algunos datos de otras preguntas que puedan indicar lo contrario, pero que no he tenido en cuenta porque se preguntaba directamente por partidos o líderes políticos.

2) De ser cierta esta conclusión provisional habría que reflexionar sobre las causas que llevan a votantes del PP a no expresar su voto por este partido. Explicaciones pueden ir desde querer ir con el ganador (este grupo es el que tiene más nivel a afiliación a clubes deportivos) hasta la vergüenza por votar al PP o a llevar una doble vida, entre lo que se dice y lo que se piensa.

Sin noticias del PSOE de Andalucía

Del 11 al 13 de julio se celebró en Granada el XI Congreso del PSOE de Andalucía. Chaves fue reelegido secretario general en una notable pirueta estatutaria, Pizarro vicesecretario general y Velasco fue la novedad como secretario de organización. Y parece que el XI Congreso comenzó y terminó con eso. A la semana siguiente llegaron los congresos provinciales, más unanimidades morales y todos de vacaciones.

Lo digo porque debe haber un grupo de personas, posiblemente unos pocos, que aún estamos esperando la publicación de las resoluciones del Congreso y que nos gustaría leerlas, examinarlas y opinar. Puede que sea por esto por lo que las resoluciones no se encuentran, en el momento que escribo, en la página web del PSOE de Andalucía.

Debe ser que las resoluciones contienen un conocimiento esotérico que solamente los iniciados pueden acceder a ellas y que únicamente estos mismos pueden interpretar correctamente, con el peligro de acabar fulmnado por un rayo divino en caso de error hermenéutico. En ese caso agradezco a los responsables del PSOE de Andalucía su cuidado por nuestra integridad, pero no deja de ser cuando menos “curioso” que un partido no se dé la mínima prisa por dar a conocer las resoluciones de su congreso a sus militantes, simpatizantes y votantes.

Comentado ya la ausencia de comunicación pública de las resoluciones, quisiera comentar una cuestión que puede ser anecdótica pero que a mí me resulta significativa: la absoluta ausencia de blogueros en el congreso andaluz. Ciertamente en no todos los congresos habidos después del 37 Congreso ha habido blogueros invitados (sí en Cataluña, Galicia y Extremadura), por lo que estos congresos han tenido una presencia dentro de la Blogosfera política (700.000 personas de audiencia) que no ha tenido el andaluz.

Supongo que llegado el momento y cuando una cuota de andaluces se informe de política también a través de los blogs, aparecerá una iluminado en el PSOE de Andalucía que querrá montar desde la nada una red de blogs tremenda y que tendrá un coste económica salvaje, todo ello por pensar ahora que tener a diez personas con sus ordenadores es poco serio.

Hay trenes que se pierden por circunstancias imposibles de dominar, pero hay otros trenes que se pierden por la propia desidia: todavía el PSOE de Andalucía está a tiempo de no dejarle la Blogosfera a la derecha, que ya controla casi todos los medios locales de comunicación.

Tienen la bendición celestial de tener al PP de Andalucía en frente, que carece que proyecto, que padece complejo de superioridad y que tienen un líder que se identifica con el fracaso electoral, pero las cosas pueden cambiar como lo demuestra la fortaleza de los populares en todas capitales (ganaron en las ocho), las cuales en tiempo se consideraron bastiones inexpugnables.

He indicado dos hechos de diferente importancia e intensidad, pero de las últimas semanas, que evidencian que el PSOE de Andalucía necesita ya una renovación.

La receta de siempre

El otro día, leyendo algo sobre las medidas que muy genéricamente Mariano Rajoy propone para afrontar la crisis económica, me doy cuenta de que eso mismo yo lo había escuchado un montón de ves y desde hace muchos años: que la economía solamente mejora si se bajan los impuestos.

Rápidamente me ha venido a la mente una magnífica entrada de Lüzbel, en la que indiciada de una forma literaria que es de poco fiar una ideología que mantiene lo mismo independientemente de las circunstancias. Toda esa dogmática liberal receta lo mismo a una economía en crisis que a una economía boyante, porque como toda dogmática lo importante son los principios, no la realidad.

Parece que cuando los ingresos del Estado van a decrecer por el propio efecto de la crisis, es poco recomendable querer que el Estado reduzca aún más sus ingresos, cuando estamos hablando de servicios importantes y de infraestructuras relevantes, algunas de ellas esenciales para el desarrollo económico.

Además cuando los chicos del PP hablan de bajar impuestos, no me lo creo. Porque ellos no bajaron los impuestos, sino que protagonizaron la mayor subida de la presión fiscal de los últimos años. Tampoco es creíble su propuesta porque deja cosas importantes sin aclarar: si se bajan los impuestos, hay menos ingresos y por tanto el Estado debe dejar de gastar, pero los del PP nunca dicen en qué dejaría de gastar.

Puede que cierto déficit sea asumible en las actuales circunstancias, pero el déficit que se provocaría después de aplicar la receta fiscal del PP (si fuera cierta) tendría consecuencias desastrosas. Pero lo peor de todo es que esta rebaja fiscal lo que quiere es mantener son sectores que se tienen que redimensionar: tradicionalmente sus propuestas fiscales no van dirigidas al IRPF, sino al Impuesto de Sociedades (como propusieran en 2004).

No tiene sentido querer mantener las empresas de la misma forma que tenían antes de la crisis, porque el capitalismo va eliminando lo que sobra y sólo se debe mantener a toda costa a algunas empresas vitales como los bancos referenciales y los suministradores de servicios esenciales como los energéticos.

La estratega de Rajoy para esta legislatura es centrarse en cuestiones económicas y dejar todas las políticas, pues experimentó el 9 de marzo que un debate estrictamente político lo perderá en casi todas las ocasiones. Esta estrategia es buena si la situación económica no mejora en los próximos cuatro años y si él mismo se consigue mantenerse a flote dentro de su propio partido tras las elecciones vascas, gallegas y catalanas, que son tres posibles derrotas electorales.

Sobre la biografía filosófica

En la última entrada hacía una pequeña recensión de la biografía que Grayling ha dedicado a Descartes. Decía que lo mejor de la biografía no era lo biográfico, sino el Apéndice II que el autor dedica a hablar sobre las diversas formas de la biografía filosófica y a enjuiciar críticamente algunas de las más importantes de los últimos años (normalmente esto se suele hacer en las introducciones).

El problema que plantea Grayling es el problema central y, a la vez, el dilema que tiene cualquier biógrafo filosófico es mantener el equilibrio entre la exposición del pensamiento del autor y la de la vida del filósofo. Grayling toma una decisión cuando menos discutible, ya que expone en un apéndice la síntesis del pensamiento cartesiano, deslindando materialmente una y otras facetas de la biografía filosófica. Es discutible y muy criticable porque lo que hace es evitar la lucha por el equilibrio, renunciando a la síntesis al unir dos obras dentro de un mismo libro.

Grayling critica las estupendas biografías de Pynkard sobre Hegel y de Kuehn sobre Kant, manteniendo que el estilo de ambos afloja bastante en las partes no filosóficas de la obras. No puesto estar más en desacuerdo con Grayling ya que creo que ambos mantienen correctamente la narración estrictamente biográfica y en el caso de Kuehn sabe añadir las dosis correctas de Filosofía en los momentos oportunos sin necesidad de abrir otro apartado ni mucho menos de enviarlas a un Apéndice.

Comparto la estima de Grayling sobre las dos primeras biografías de Safranski (Schopenhauer y Heidegger). Pienso que Safranski hace una verdadera obra maestra, que perdurará en el libro sobre Heidegger, aunque difiero en lo tocante a la biografía de Nietzsche, que se me cayó de las manos y aún tengo pendiente de continuación.

Igualmente coincido con el entusiasmo de la biografía de Wittgenstein que hizo Monk, aunque hecho de menos una referencia a la biografía de Agustín de Hipona que escribió Peter Brown hace unas pocas décadas y que sería un modelo adecuado tanto de investigación, equilibrio y profundidad.

Las biografías filosóficas nos permiten no sólo un conocimiento circunstancial y anecdótico del autor en cuestión, sino que nos permite adentrarnos en aspectos fundamentales del autor, para alcanzar una mejor comprensión histórica, por más que yo no sea un denodado partidario de la idea de la muerte del autor.

El Descartes de Grayling

Anthony Clifford GRAYLING: Descartes. La vida de René Descartes y su lugar en su época. Traducción de Antonio Lastra. Pre-Textos. Valencia, 2007. 412 páginas.

Esta nueva biografía de Descartes intenta insertar a Descartes dentro de las corrientes intelectuales y políticas de su tiempo, aunque hemos de decir que la profundidad con la que se trata la época y la circunstancia deja al lector a media comida. Hay terrenos que se podrían haber tratados con más profundidad, con trabajo de archivo que aporten nuevos datos sobre Descartes o sobre los personajes secundarios y no tomar cualquier consideración cartesiana sobre su entorno como absolutamente verdadera.

Es clara la intención de destruir la imagen de Descartes como pensador que desarrolló su pensamiento encerrado en una torre de marfil. Una imagen absolutamente injusta y que evidencia, para el que la mantenga, el desconocimiento absoluto de los textos fundamentales de Descartes que están escritos en clave autobiográfica.

En cuanto a lo propiamente biográfico la principal novedad que Grayling aporta es la hipótesis de que Descastes, en su juventud y antes de su instalación casi definitiva en los Países Bajos, era un espía primariamente al servicio de los jesuitas y secundariamente al de los Habsburgo.

Grayling intenta justificar su hipótesis a partir de itinerario conocido de Descartes, sus cambios de ejércitos y su traslado a los Países Bajos. Es sumamente honesto al decir que no tiene pruebas absolutamente irrebatibles de que su hipótesis sea cierta por lo que se conforma con mostrar que su hipótesis es verosímil.

Tengo la impresión de que Grayling cae en un tópico acerca de los jesuitas. Él parte de la consideración cierta de que la Compañía de Jesús era una orden religiosa centralizada, pero se confunde al pensar que las tendencias políticas eran igualmente uniformes en cada una de las provincias jesuíticas.

Si Grayling hubiera al menos consultado la sintética obra de Bangert sobre la historia de esta orden hubiera podido comprobar como los jesuitas franceses apoyaron el Galicanismo en aquellos mismos años y que está llevado por los pelos acusar a los jesuitas franceses de mantener una red de espionaje dentro de su propio país.

Lo mejor de este libro se encuentra fuera de lo que es la biografía en su sentido estricto, concretamente en el Apéndice II en el que ha una interesante reflexión sobre la biografía filosófica. Como este tema lo quiero tratar en una entrada independiente, sólo diré que Grayling resuelve el equilibrio entre la vida y el pensamiento del biografiado llevando la exposición del pensamiento, de forma breve, al primer apéndice, lo que es una operación ingeniosa, aunque discutible.

Me dejas sin cambio para el próximo cliente

Recuerdo que en los infaustos días de la introducción del euro, cuando lo que costaba cien pesetas pasó a costar un euro, se dio otro fenómeno: la escasez de moneda fraccionaria. Los cajeros de los bancos daban billetes de euro, pero nadie daba moneda porque no la tenía, de forma que los cambios eran bastante difíciles y muchas veces se pagaba en euros y el cambio era en pesetas.

Esta pudo ser la mayor escasez de moneda fraccionaria, pero creo que algunos la viven perpetuamente y no hacen nada por remediarla. Normalmente procuro llevar billetes pequeños y muchas monedas, pero otras veces es inevitable no disponer de cambio, de forma que ha que pagar con un billete de 10 euros o de 20 euros.

Entonces me encuentro, en bares y en taxis, pero especialmente en estos últimos, con un resoplido del cobrador y en la apoteosis del desprecio con una de las frases que más odio: “me dejas sin cambio si llega otro cliente”.

Esta frase me produce todo tipo de sentimientos negativos porque la considero un desprecio. Decir que es más importante tener cambio para el cliente futuro que para el cliente presente indica dos cosas, la primera es que el cliente presente le importa un bledo y la segunda es que hay clientes con los que no se atreve a resoplar ni a decir que no tiene cambio. Tengo la impresión de que nunca he sido ese mítico “próximo cliente”.

Una cosa es pagar con un billete de 50 euros una carrera o un producto de 3 euros y otra diferente es pagar ese precio con un billete de 10 ó de 20 euros. Es el que se dedica a esas actividades en la que el pago en efectivo es casi obligatorio y que lógicamente necesitan de mucha moneda fraccionaria el que tiene la obligación de satisfacer a su cliente dentro de lo lógico y no el cliente el que tiene que darle el cambio para que el próximo cliente sea perfectamente atendido, sin malas caras y sin resoplidos.