Un día que vale noventa minutos. Noventa minutos que valen un día

Uno de los grandes cambios en la historia de las ideas ha sido la consolidación de una concepción objetiva del tiempo. Las unidades de tiempo son iguales y sumables, sin limitación en su cuantificación y sin que ninguna unidad tenga un valor de diferente a otra de su misma extensión. Todo esto constituye la concepción objetiva del tiempo.

Días como hoy desmienten, al menos parcialmente, esta concepción objetiva del tiempo. Este 29 de junio de 2008 se justifica en sí y en la memoria por solamente una hora y media, la de la final de la Eurocopa que disputarán España y Alemania.

Todo este día no vale más que como mero tránsito hacia la final. El resto de las horas del día sólo vale como mero tránsito. Sólo vale porque pasan para llegar a algo que también ha de pasar pero cuya intensidad será equivalente a varios días cronológicos.

No sé cuanto durará el partido ni la celebración de la victoria, si acontece como todos deseamos. Pero una vez más vemos que lo que creemos o que damos por absoluto se modifica también subjetivamente por nuestra interpretación, por nuestras vivencias y deseos.

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