Funcionarios con “funcionaritis”

Hay un tipo de funcionario con el que yo no puedo. Es ese funcionario que tiene una afección del alma que me gusta denominar “funcionaritis”. Esta afección consiste en considerar que todo el mundo se reduce a la Administración y a la Función Pública, siendo el Derecho Administrativo algo así como su revelación, como los textos sagrados de su culto.

Al funcionario con “funcionaritis” se encantan las normas administrativas, pero su deleite llega al éxtasis en una relación inversamente proporcional a su rango. Cuanto menor sea el rango, más disfruta este tipo de funcionario: una circular es preferible a una ley.

El funcionario con “funcionaritis” no sabe de jurisprudencia ni de zarandajas, para él la única interpretación es la literal de las líneas que ocupen su espíritu en ese momento. La llamada interpretación sistemática le da repeluco, y las interpretaciones teleológica o histórica simplemente ni existen.

Otro de los deleites de estos seres es escudriñar en las relaciones de planes de empleo. Les encanta saber los niveles, los grupos, los cuerpos administrativos y cada una de las situaciones excepcionales que se pueden dar. Ni que decir tiene que los cuerpos en extinción, los cuerpos fusionados y cosas como las comisiones de servicios son objeto de su más exquisita atención. El proceloso mundo de los complementos y de la estructura salarial le provoca un placer que no es decente ni pudoroso reproducir en estas páginas.

El mundo empieza y acaba en la Administración. Solamente ésta tiene sentido para el afectado por la “funcionaritis”. Aún no se ha encontrado ninguna cura, salvo la jubilación de este empleado público.

3 comentarios en “Funcionarios con “funcionaritis”

  1. Hola estimado amigo Geógrafo Subjetivo:

    Tienes toda la razón, la Administración Pública ha de ser cambiada en su conjunto. En múltiples ocasiones he hecho llegar a los responsables políticos e institucionales de la Junta de Extremadura la necesidad de evaluar la prestación de servicios de forma sistemática, de abajo a arriba, de arriba a abajo; dándo participación en esa evaluación a la ciudadanía. Evaluando la consecución de objetivos y destinando las subidas salariales para aquellos que obtienen resultados prácticos de su trabajo, de su actividad a ojos del ciudadano que es el que paga y por tanto el que manda.

    La Administración Pública tiene que erradicar toda su burocracia, parte de ella responde también a ese equilibrio por colocar en cargos de libre designación a personas sin cualificación que proceden del mundo político y que carecen de los conocimientos mínimos en gestión de recursos humanos.

    Recibe un cordial saludo y un muy fuerte abrazo de tu amigo Javier Caso Iglesias.

  2. No será la primera ni la última vez que te encuentres con semejantes personajes. La verdad es que abundan en según qué estamentos de la Administración y es algo que debería mejorar. Hace falta más flexibilidad en la Administración para terminar con más facilidad con trabajadores “ineficientes” y es que pasar unas oposiciones no debe ser sinónimo de que todo está hecho y a partir de ahí nada importa. Al fin y al cabo todo trabajador de la Administración debe tener una vocación de servicio a los demás.

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