No pienso animar a la selección española

No pienso animar a la selección española porque no me da la gana. No porque no me considere ni español ni porque no me guste el fútbol. Me considero español y me gusta el fútbol, pero estoy cansado de que la cadena que tenga nos derechos de emisión quiera animarnos para que los futbolistas nos vuelvan a decepcionar como cada dos años.

No pienso animar a la selección española. Seguramente veré los partidos. Tampoco la televisión gratuita ofrece muchas alternativas más. No soy de la opinión de que la selección española es superior a ninguna otra en cualquier faceta del juego. Tenemos jugadores mediocres que son esquinados en la liga por los jugadores extranjeros, los únicos que hacen algo que merece la pena.

No pienso animar a la selección española. Quiero que ellos sean los que me animen.

Los nuevos y los viejos españoles en Melilla

Las declaraciones de Dionisio Muñoz, portavoz del PSOE en la Asamblea de Melilla, en las que hablaba de españoles de toda la vida y de nuevos españoles pueden haber sido ocasión de escándalo.

Desde luego la dicción literal es cuando menos afortunada, pero un conocimiento cercano de la política y de la sociedad en las dos ciudades autónomas aclaran las circunstancias y el verdadero significado de las palabras de Dionisio Muñoz.

El proceso de reconocimiento de la nacionalidad española a buena parte de la población musulmana de Ceuta y de Melilla fue el momento de inflexión de la fuerza política que el PSOE tenía en estas dos ciudades.

Se culpó a los socialistas de haber regalado el DNI, de “vender” las dos ciudades al reconocer que habitantes de varias generaciones son españoles y de, por medio del reconocimiento de la nacionalidad, estar preparando la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos.

Desde entonces los resultados de los socialistas en la política local de Ceuta y Melilla ha sido difícil, unido todo ello al escaso mérito (por ser generoso) de los dirigentes de cada momento.

El PP se dedica a considerar que los musulmanes de estas dos ciudades son o españoles de segunda o ni siquiera españoles. No lo dicen oficialmente, sino a través de una amplia red social de transmisión de opiniones en lo que se llama,  en marketing, “puertas calientes”. Hay comentarios e insinuaciones que textualmente no dicen nada escandaloso, pero que todos saben cómo interpretar.

Hábilmente ha fichado a algunos musulmanes, que no tienen muchos signos de identidad de su grupo de origen, para darse una imagen plural, aunque siempre los mantiene en puestos y posiciones con escaso poder de decisión.

Lo gracioso de todo esto es que estos musulmanes adoptan rápidamente el discurso reaccionario del PP, acusan a los socialistas de “vender Ceuta y Melilla”, pero no acordándose que una parte sustancial de ese discurso entreguista son sus propias nacionalidades.

En este contexto hay que entender, a mi modo de ver, las desafortunadas palabras de Dionisio Muñoz. Que esta interpretación es correcta lo respalda el hecho de que Mustafá Aberchán, líder de Coalición por Melilla y socio electoral del PSOE en las generales, no ha saltado a desautorizarlas porque él conoce el contexto en el que se produce y que la persona a la que se dirigen hace el juego a los que dicen continuamente que él, el diputado musulmán del PP, no es español.

Medidas ante la última sentencia del TSJA

Una nueva sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ataca la organización de la educación en Andalucía. Ahora dicen los magistrados del TSJA que los criterios para la admisión de los alumnos en los diversos centros mantenidos con fondos públicos violan el derecho de unos padres a elegir la educación de su hijo y ordena que éste entre en un centro concertado del barrio de Los Remedios (de alto poder adquisitivo), del cual fue excluido por falta de plazas.

A la Junta de Andalucía en mi opinión le quedan dos opciones complementarias. La primera es cumplir con el contenido de la sentencia y hacer que este chico entre en el centro que sus padres seleccionaron.

Lo segundo que debería hacer la Junta de Andalucía es emplear por primera vez la posibilidad de dictar un Decreto-Ley, dada por el nuevo Estatuto de Autonomía, y elevar el rango normativo hasta el legal de las disposiciones reglamentarias que regulan la admisión y matriculación de los alumnos en los centros mantenidos con fondos públicos. Esto haría que el TSJA no pudiera enjuiciar el sistema, ya que no puede entrar a entender de disposiciones con rango de Ley.

El plebeyo Federico contra la nobleza pepera

Como todos somos incongruentes, y yo más que nadie, después del descargo de conciencia de mi anterior entrada, quiero comentar algo sobre lo de Federico Jiménez Losantos en su juicio de ayer.

Federico se ha creído alguien cuando sin un micrófono delante no tiene ningún peso social. Federico se creyó que de verdad tenía algo que decir dentro del PP y dirigirlo a su antojo, cuando era el chico útil que decía las cosas que a otros les avergonzaba decir o que les rebajaba personalmente. Aceleró y decidió que podía meterse con quien quisiese dentro del PP. Alberto Ruiz Gallardón le parecía un buen objetivo, se lanzó y cuando éste lo ha llevado a juicio, ha visto como los testigos que llevaba para defenderse le daban la espalda y le brindaban al juez la condena.

Y es que Ruiz Gallardón se ha creído que en la derecha española todos son iguales. No es así. El alcalde de Madrid pertenece a una de las más egregias dinastías de la derecha española, esto es, nació de derecha y desde luego ni él ni nadie dentro de la nobleza del Partido Popular va a consentir que un ex comunista le ataque. La nobleza puede odiarse internamente, pero desde luego es poco amiga de que un plebeyo ataque a sus miembros desde fuera. En el fondo quien fue comunista, piensan, nunca deja de serlo.

Federico Jiménez Losantos tiene la vigencia en el panorama de la derecha que marque la utilidad que sus jefes vean en él. Si la Iglesia consigue amoldar el PP a sí misma, prescindirá de sus servicios. Al PP ya le sobra, cuando con su concurso ha vuelto a perder las elecciones, en gran medida por el rechazo que sus expresiones y discursos provocan en buena parte de la sociedad. Además de todo eso, sale caro y sus oyentes cambiarán de predicador cuando toque, sin que lo echen de menos.

Federico perdió la conciencia de clase que la nobleza pepera ni ha perdido, ni pierde, ni perderá nunca. Él no es de ellos y por más que quiera no dejará de ser, a los ojos de la nobleza pepera, un simple profe de Instituto que quiera mandar sobre fiscales, registradores, notarios, abogados del Estado y gente de apellidos compuestos. Pocas cosas cambian y en la derecha ninguna.

Sin los trabajadores, la izquierda no tiene sentido

No sé lo que nos pasa a los de izquierda. Cuatro trabajadores han muerto en la construcción del nuevo estadio para el Valencia CF y no hemos reaccionado como deberíamos haber hecho. No ataco a nadie porque el primero en tener que reflexionar soy yo mismo.

La izquierda, tal y como hoy la entendemos, tiene todo que ver con la defensa de los derechos de los trabajadores, singularmente los derechos más básicos, como son los referentes al derecho a la vida y a la salud en la prestación laboral.

Muy entretenido he estado con las cosas del PP y otros asuntos de carácter “social”, pero tengo la sensación de haber perdido el norte cuando ni he reflexionado, ni mucho menos me he parado en lo que es un manifiesto atentado contra los derechos fundamentales de los trabajadores.

Las cuestiones identitarias son entretenidas, sobre todo cuando hay mitras por medio. Aspectos políticos tales como la lucha de poder dentro de las formaciones políticas tienen un gran atractivo, pero hoy me doy cuenta de que si se pierde la perspectiva del trabajo y de los trabajadores, la izquierda deja de tener sentido y cumple con el sueño de la derecha: que los trabajadores no tengan fuerza frente a los empresarios. Seguramente, en mi próxima entrada me contradiré.

El crucifijo como laguna legal

Una propuesta de IU relativa a la retirada de símbolos religiosos en los actos protocolarios del Estado ha sido tumbada por una mayoría de esas que hacen historia (309 votos en contra). Para reunir ese número de votos el PSOE ha tenido que votar en contra de la propuesta de IU.

Las razones políticas del voto del PSOE son que para qué volver a cuestiones identitarias, porque ésta lo es, cuando lo que se quiere es una legislatura tranquila y ganar el voto del centro, enemigo de lo identitario, después de haber casi destrozado lo que está a su izquierda.

Evidentemente esto no ha sido lo que se ha dicho, sino que no tiene sentido prohibir lo que las normas no establecen como obligatorio, es decir, que el crucifijo ni está ni no está en las normas protocolarias de la toma de posesión.

Yo humildemente me pregunto que si no figura entre los elementos protocolarios: ¿qué hace allí? ¿O es que se pueden añadir los elementos que se quieran? Puestos a añadir elementos de carácter simbólico o sentimental en las ceremonias de toma de posesión, solicitaré cuando yo haga lo propio (algo muy improbable) que pongan un bien escudo del Real Betis Balompié que me dice mucho más, porque según el argumentario formalista empleado puede ponerse algo que no esté contemplado.

Risto Mejide y la expresión vicaria

No es la primera vez que en Geografía Subjetiva hablamos de Risto Mejide. Después de muchos meses de estas entradas, este personaje sigue estando de actualidad y es comentado en los verdaderos foros sociales: los bares a la hora del café o tomando una cerveza.

¿Por qué gusta tanto? Sencillamente porque dicen lo que nuestra sociedad no se atreve a decir. La gente sabe que hay personas que valen y personas que no, personas con talento y otras que solamente creen tenerlo, personas con inteligencia y otras que ni en un millón de años de evaluación individual lograría elaborar un pensamiento mínimamente abstracto. Todos los sabemos pero no nos atrevemos a decir a la cara que “tú lo has hecho mal” o “no eres capaz de esto”.

En las palabras de Risto Mejide muchos podemos ver una satisfacción vicaria de miles de cosas que muchas veces hemos querido decir pero que no nos atrevido a hacerlo. Cuantas veces nos hemos contentado con circunloquios, comentarios a terceros o “sufrir algo en silencio” por no hablar con claridad.

No soy amigo de la “sinceridad total”, de eso de decirnos lo que realmente pensamos los unos de los otros, porque si ello fuera así la convivencia social sería imposible. Pero tampoco me siento cómodo con la aversión a llamar a cada cosa por su nombre y decirlo a la cara cuando las circunstancias lo exijan. Mientras tanto nos conformaremos con la edición anual de OT.