Unidad contra democracia

No sé si existen encuestas sobre este tema, pero intuyo que muchos de los ciudadanos consideran que el nivel de democracia interna dentro de los partidos es bajísimo y que los miembros de los partidos se conforman con seguir ciegamente las indicaciones del jefe de turno, sea nacional, regional o local, para ver si les cae algo en forma de cargo público.

Si esto fuera cierto, los ciudadanos deberían recompensar a los partidos que practican la democracia interna, en los que el debate ideológico y organizativo está vivo y que celebra sus congresos con una pluralidad de candidatos.

Pero no es así, los ciudadanos consideran que debatir, discutir y votar entre alternativas no es el ejercicio de la democracia, sino uno de los peores males que puede acontecer en un partido: la división. La consecuencia es que no merece la pena votar a un partido dividido.

Por ello los estrategas y dirigentes de cada partido se han esforzado en minimizar las diferencias dentro del partido para dar una imagen monolítica, o para serlo realmente. Por más que digan los ciudadanos en sus charlas políticas o en las encuestas, está claro que a la hora de votar se olvidan del discurso correcto de la renovación democrática y prefiere un partido absolutamente liso.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué los electores apoyan moralmente una cosa y la castigan en las urnas?

La concepción de que la unidad es un valor más que importante, sino casi absoluto, viene del Franquismo. Eso de “una, grande y libre” ha calado en el subconsciente político de los españoles, por más que se niegue. La discusión pública, el debate ante todos y la discrepancia manifiesta es vista como algo poco agradable y, por tanto, como algo poco deseable. Es la consecuencia de inocular a varias generaciones la idea de que la diferencia de posturas es insana y que encubre una verdad superior y única.

La concepción tradicionalista, conservadora y religiosa que inspiraba ese engendro autoritario y fascista del Franquismo comparaba el Estado y la actividad política con la familia y la vida familiar. La familia tiene, en su concepción, una cabeza natural y ésta, el padre de familia, la que se encarga de todos los asuntos familiares, ahorrándoles las dificultades de ocuparse de asuntos de su incumbencia. Bien se ha podido producir una deseo de que la política sea vicaria y que las opciones sean pocas y claras.

La política democrática española se ha cimentado sobre liderazgos carismáticos, espontáneos o construidos. Se pide a los líderes de las formaciones que su carácter convenza, que su oratoria arrastre a los que le escuchan hasta votar al partido que dirigen. Esos líderes carismáticos ocupan el lugar de ese mítico “padre de familia” y su presencia se justifica en sus propias personas y toda legitimación añadida es espúrea  innecesaria.

A todo este conjunto podemos añadir el hecho de que nuestra política y, en especial, nuestros procesos electorales van adquiriendo características cada vez más presidencialistas, el debilitamiento de la importancia de los partidos y de su vida ha ido en caída libre. Si a ello añadimos el fichaje directo de personas ajenas al partido para tareas de responsabilidad cuando se ejerce el poder, la importancia de las relaciones de partido y de la democracia interna pierde valor progresivamente.

La situación es que la unidad vence a la democracia. Los electores prefieren un partido unido, o que dé la imagen de unidad, a un partido verdaderamente democrático. Esta preferencia por la unidad frente a las diferencias que la democracia produce, podemos verla también en el gusto de los ciudadanos por los “Pactos de Estado”, otra forma de soslayar la pluralidad democrática a favor de la unidad.

9 comentarios en “Unidad contra democracia

  1. Te contesto luego, pero tiene poco que ver con el franquismo. Básicamente los votantes no se fían de un partido dividido por motivos bien racionales: no saben a quién creer. ¿El PP es el moderado de Rajoy, la neocañí Espe o el castillismo imperial Aznariano?. Y por cierto, si les voto… ¿Quién me garantiza que el propio partido no se va a liar a ostias una vez en Moncloa? Mira el PSOE con guerristas y renovadores.

    Las encuestas dicen que los electores castigan a los partidos divididos en todas partes, no sólo en España.

  2. Egócrata, la cuestión no es por qué se fían de un partido unido frente a uno dividido, sino de por qué dicen querer la democracia interna de los partidos (o despreciar la estructuración actual), pero cuando hay democracia interna castigan a esos partidos.

  3. Los electores prefieren partidos unidos y no divididos. Pero que pasaría si en un momento dado solo se utilizan a los partidos como máquinas electorales y ¡punto¡…Porque parece que las pautas que se están observando -más tras el nombramiento de Ministros-, es que el partido parece que a la hora de gobernar tenga poca importancia ¿no?

  4. En primer lugar, Ana, quiero darte la bienvenida a “Geografía Subjetiva” en WordPress.

    La cuestión que me plantea dudas es la estima que la gente tiene por la democracia interna de los partidos y el rechazo a la autocracia y como, simultáneamente, consideran la democracia interna como división y algo castigable a la hora de las elecciones.

    El tema de los ministros tiene su miga, especialmente cuando no se deja claro qué criterios se valoran para “ascender” en el partido (algo legítimo, porque como dice Egócrata habitualmente, el que entra en un partido es para intentar mandar). Parece que lo se valora es dedicarte a tus cosas, contactar con el poder político y entrar por arriba.

  5. Gracias geógrafo por la bienvenida. Yo también espero divertirme, y sobre todo aprender. Parece que por aquí el debate es más ameno y está servido.
    Estoy de acuerdo: parece que todo se está moviendo, pero no se hasta que punto se podrá mantener “partido unido”, cuando desde el mismo no se puede lograr alcanzar objetivos… Aunque también pienso que no está nada mal que los partidos, sus militantes evolucionen; quizás de esa forma poco a poco se vaya, a su vez, -difícil por otra parte- cambiando el punto de vista de los ciudadanos.

  6. Cada pueblo tiene sus demonios, al igual que los alemanes tiene su demonio, la inflación, que no la toleran. Los espanyoles tenemos la nuestra , los taifas paradigma de la división. Y ya ve como está el país, paradojas de la vida.

  7. En mi modesta opinión, creo que no hay que volver al franquismo para analizar el miedo a los partidos divididos, además de que la unión de un régimen poco tiene que ver con la unión en un partido y,asimismo, en el propio régimen sólo había un partido legal aunque meridianamente no muy unido (o al menos no ideológicamente).

    Yo personalmente creo que en ningún partido existe una unidad perfecta, pues al fin y al cabo, cada ciudadano tiene sus valores y percepciones, y aun más aquellos políticamente activos. Por ello, más que unidad o división analizaría funcionamiento democrático o no por parte de los partidos.

    En este caso, el problema sería que grandes partidos como el PSOE pueden intentar procesos democráticos para la elección de líderes, como ERC por ejemplo, pero probablemente resultarían en un pulso entre la voluntad de la militancia y la voluntad del aparato del partido, como en el PSOE Borrel Vs Almunia.

    Finalmente, llegados a esta situación, aun puede darse algo más paradojico, y es que unas elecciones que se establecen para democratizar a un partido acaban mostrando su funcionamiento claramente burócrata-autoritario.

    Un saludo!

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