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Archive for marzo 2008

José Luis Rodríguez Zapatero está preparando su lista de ministros para anunciarla inmediatamente después de obtener la investidura por parte del Congreso de los Diputados. Aún no me ha llamado para tantearme, pero tengo que estar preparado para decirle qué cartera quiero cuando me llame. Vamos a ver las posibilidades:

Presidencia es para María Teresa Fernández de la Vega y Economía y Hacienda para Pedro Solbes. Aunque los dos puestos molan, especialmente eso de hacer los Presupuestos Generales del Estado, es mejor no pedir imposibles. Tampoco lo intentaré por Sanidad, en el que veo muy sonriente a Bernat Soria ni en Educación y Ciencia, que para algo Mercedes Cabrera fue de número dos por Madrid.

Justicia siempre me ha gustado, en especial tener la capacidad para proponer indultos y presentar de un dichosa vez un proyecto para la adopción de un nuevo Código Civil, pero teniendo en cuenta la huelga de los funcionarios de Justicia y la mala leche que me gasto, lo mejor es que me mantenga apartado de allí.

Asuntos Exteriores es uno de esos ministerios bonitos, estrictamente políticos, que te permiten viajar, conocer los centros de poder de otros países y sentirte un poco protagonista de la historia. Pero creo que para empezar iré de humilde, como Javier Solana. Además está el tema de los Estados Unidos, ya que si gana Clinton u Obama la cosa irá bien, pero como gane McCain seguimos como la pasada legislatura, salvo milagro.

Interior es uno de esos ministerios que no lo pagan ni quince sueldos de los ministros mejores pagados del mundo: terrorismo, delincuencia común, violencia de género, coordinación policial, cooperación policial internacional, instituciones penitenciarias, protección civil, los accidentes de tráfico y las mismísimas elecciones. Mejor le digo al Presidente que si a mitad de legislatura necesita un repuesto pues sí, pero que ahora no.

Defensa es uno de esos ministerios de toda la vida. Todo el mundo se cuadra y te saluda a tu paso aunque se esté acordando de tu familia; en otros ministerios se acuerdan igualmente pero no siquiera se cuadran y te saludan. El problema que le veo es que yo no hice el servicio militar al ser declarado inútil y queda mal que un inútil reconocido mande sobre generales y almirantes llenos de estrellas, medallas y cruces.

Administraciones Públicas es un ministerio anodino donde los haya. Medio día reunido con comunidades autónomas negociando transferencias, otro medio con los funcionarios para ver la nueva resolución para la promoción interna en un cuerpo administrativo que está a punto de ser declarado en extinción y los fines de semana liado con delegados y subdelegados del gobierno, y encima no te conoce nadie.

Agricultura, Pesca y Alimentación es aún más soso que Administraciones Públicas y, además, casi sin competencias, ya que la mayoría están transferidas a las comunidades autónomas; todo el día negociando en Bruselas la Política Agraria Común y al final todo el mundo cabreado con uno. Industria, Comercio y Turismo pues como el anterior ministerio, pero aún más aburrido y con problemas con las nuevas OPAS a las eléctricas. Además nadie te conoce: si una señora dice que se llama Elena Espinosa nadie piensa que se llama igual que una ministra.

Fomento tiene la satisfacción de planear cosas bonitas como autopistas, autovías, puertos, aeropuertos y puentes. El problema es que, como dio Zapatero a entender en el debate con Rajoy, todo está planificado hasta 2020. Mientras tanto al ministro sólo le queda rezar para que no haya socavones, para que las empresas concesionarias de las obras no se demoren y para que dentro de cuatro años haya muchas cosas a inaugurar y una multitud de ciudadanos contentos porque sus viajes se han acortado en muchas horas.

Vivienda es un ministerio-blanco-de-tiro. Puedes hacer una nueva Ley del Suelo, intentar controlar el urbanismo salvaje, pero como la gente no se pueda comprar un piso cerca de su trabajo o en su barrio de toda la vida a un precio no demasiado indecente, no has hecho nada y eso no está en tu mano del todo. Además dicen que vivienda va a volver a reintegrarse en Fomento, con lo que sería una forma de exclusión decirle al Presidente que uno quiere un ministerio que va a dejar de existir.

Medio Ambiente fue un ministerio mono en sus inicios y más si a uno le interesaba la protección de la naturaleza. Pero ahora resulta que el Medio Ambiente es casi todo, junto a ella han proliferado muchas empresas especializadas en ese tema y hay una Plan Nacional de Emisiones de Gases que te puede matar de un disgusto antes que de un cáncer de pulmón.

Trabajo y Asuntos Sociales se parece a Administraciones Públicas, pero con otros personajes. Todo el día al teléfono o reunido con sindicatos y empresarios para ver si llegan a un acuerdo imposible. Luego eres el malo para todo el mundo. Hubiera sido estupendo ser el ministro que el proyecto de la Ley de Dependencia, pero eso se lo ha quedado Caldera para siempre.

Cultura es el único ministerio que queda y será para el que me postularé cuando me llame el Presidente. Como los anteriores ministros ya se han comido el marrón del canon, uno mira para otro lado y sonríe. Las competencias son de lo más agradables: museos, patrimonio histórico, archivos, fundaciones, teatros, libros, cine o promoción exteriores de la cultura española, es decir, todas esas cosas que le dan sabor a la vida. Además todo está tan dividido en compartimentos estancos que si se pierden unos mapas, pues cesas a la directora de turno y todos tan contentos, especialmente el ministro.

Si eres ministro de Cultura tienes mucho acto, mucho discurso, sales una barbaridad en la tele y te entrevistan en todos los programas nocturnos. Lo peor será aguantar cada año la gala de los “Goya” (es soporífera), con lo que estaré malito o de viaje, salvo que Pilar López de Ayala esté nominada y así pueda asegurarme que podré saludarle. Al actual ministro, César Antonio Molina, se le puede intentar hacer Director General de la UNESCO o ministro de Defensa, para lo cual me temo que no hay demasiados voluntarios.

Pues nada, Presidente, si está leyendo este blog, ya sabes que quiero ser ministro de Cultura. Si no lo lees te lo cuento mañana por teléfono, aunque para cuando me llames ya habrá alguno que habrá pensado lo mismo que yo y se lo haya pedido antes. Me veo en Bruselas negociando la cuota de la soja, si es que existe esta cuota.

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A Gotzone Mora se le ha acabado el chollo. El PSOE la expulsó hace unos días por pedir el voto para el PP en las pasadas Elecciones Generales. ¿Por qué digo que se le acabó el chollo? El motivo es muy sencillo: no es noticia que un militante del PSOE que apoye a Zapatero, pero sí lo es que un militante socialista los pida para los conservadores del PP.

En el momento en el que esta señora ya no es militante del PSOE ha perdido todo su capital informativo. Ahora solamente es una ex concejal de Guetxo (que, con todos mis respetos, tampoco es que haya sido un carrera política portentosa), colocada por la Generalidad Valenciana en agradecimiento a los servicios prestados.

Podrá seguir hablando en la COPE y decir lo que le dé la gana. Seguramente competirá con los tertulianos más exagerados y acérrimos enemigos de Zapatero, pero lo hará desde fuera, o desde el PP, con lo que sus palabras serán unas más dentro del corifeo de la derecha mediática, sin relevancia ni especificidad alguna.

El hecho de ser una militante disidente le ha salido rentable a Gotzone Mora. Ya veremos que le deparan los tiempos venideros cuando ha perdido el hecho diferencial que la hacía informativamente atractiva. Que Gotzone se prepare para devolverle al PP el cargo que ocupa, que habrá decenas de peperos de pura cepa esperando una secretaría autonómica como la suya.

Un apunte para finalizar: A Rosa Díez le ha ido mejor con su chiringuito apoyado por la derecha y a la que ella ha perjudicado electoralmente; que disfrute de estos últimos cuatro años de vida política profesional, siempre y cuando que, una vez liquidada la legislatura, no entre en el PP.

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charlie-wilson.jpgHe visto “La Guerra de Charlie Wilson”. Es una película bastante entretenida, con buenos diálogos en los que se nota la magistral mano de Aaron Sorkin al mando del guión.

El protagonista es el congresista demócrata texano Charles Wilson que, estando en los lugares oportunos, consiguió montar la operación de financiar y armar a las guerrillas afganas que luchaban contra el ejército soviético.

Se insinúa continuamente lo que iba a venir después de la derrota de los soviéticos. Un público que sabe lo ocurrido (que será el que vaya a ver la película) y que agradece el erotismo narrativo, así como la desesperación del mismo congresista por no dejar Afganistán en manos de los extremistas que él mismo había armado y financiado.

Una película que bien se podría haber titulado con uno de mis refranes favoritos: “cría cuervos y te sacarán los ojos”.

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Hace quince días que se celebraron las Elecciones Generales. He escrito mucho sobre la campaña y la precampaña. Quiero acabar este ciclo electoral y dedicarme a escribir sobre otras cuestiones política, sociales y culturales que el fragor democrático han dejado en el tintero. Para ello quiero reflexionar sobre la campaña misma y la percepción de la campaña.

Muchos medios de comunicación han realizado y emitido o publicado material específico sobre la campaña, no sobre lo que se dice en campaña, sino sobre la estrategia electoral de las principales fuerzas políticas.

La campaña ha sido objeto de información, reflexión y análisis. Se ha hablado de la estrategia de comunicación, de la intención de los mensajes, de cómo una fuerza política intentaba insistir en una parte de los electores de otra fuerza o de cuestiones como la agenda o quién lleva la iniciativa. Los dos debates han propiciado el análisis de los comportamientos de los candidatos, sus formas de mirar, sus cadencias o el color de las corbatas.

Soy partidario de hablar de todo lo referente al proceso político cuanto más mejor. A mí. que me gustan estos temas, me han proporcionado un gran disfrute, pero sí reconozco que ha faltado una cosa importante. He echado de menos el análisis de los programas electorales de forma temática y sosegada (yo el primero) y más debate en la Blogosfera sobre estos puntos.

De todas formas estoy contento con que la campaña de cuatro años haya terminado, con que sigamos teniendo a Zapatero de Presidente y que ahora podamos tener una legislatura sosegada para abordar muchas cuestiones pendientes e importantes. También me ha gustado que muchos ciudadanos hayamos devorado artículos y blogs políticos para informarnos, formarnos y opinar. Un solo deseo: que estos cuatro años sean de política y no sólo de campaña.

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El Partido Demócrata de los Estados Unidos está más que preocupado. Las larguísimas primarias pueden desembocar en una Convención en la que la nominación esté en mano de los delegados no electos, cerca de quinientos.

Según los cálculos de CNN, Obama tiene a día de hoy 1622 delegados (209 de ellos son delegados no electos) y Clinton cuenta con 1485 (que incluye a 243 delegados no electos). Para conseguir la nominación hay que alcanzar en la Convención el apoyo de 2024 delegados.

Obama es un político que tiene carisma, adorado por las clases medias y medias altas, con un programa moderado y basado en la cohesión, en la unidad y en la esperanza. Clinton es una política con más ángulos y tiene en contra el hecho de ir a la baja desde el primer Caucus en Iowa; tiene a su favor el apoyo de los sectores menos agraciados de la población blanca e hispana de los EE.UU.

Ya comienzan los rumores sobre la búsqueda de soluciones de compromiso para que los dos candidatos demócratas no se destripen en los meses que quedan hasta la Convención y que se pueda tener un candidato para hacer campaña nacional frente al candidato republicano McCain, quien ya tiene detrás a todos los sectores republicanos.

Se comienza a hablar de buscar un candidato de compromiso y algunos rumores han ido a parar en el ex Vicepresidente Al Gore, que sería el candidato demócrata, uno de los dos ahora en liza sería el candidato a la Vicepresidencia y el descartado para el ticket lideraría a los senadores demócratas (ya que no puede haber dos Vicepresidencias como en Celtiberia).

A mí me llama la atención el silencio de John Edwards y que hasta este minuto no se haya decantado por ninguno de los dos candidatos, a pesar de haber sido cortejado por ambos. Su retirada se debía más a la escasez de fondos para su campaña que a que no pudiera jugar un papel determinante en escenarios como el actual. Edwards estará tirándose de los pelos por no haber intentado aguantar, ya que ahora podría ser ese candidato de compromiso al que los electores podrían haber aupado durante el último tramo de las primarias.

Edwards, con su retirada a tiempo, se ha quedado al margen de los ataques fraticidas. Es pura especulación pero bien puede estar él mismo pensando que sería un buen candidato de compromiso a la Presidencia, un hombre blanco que atrajera votantes susceptibles de irse con los republicanos y que siempre ha sido competitivo en todas las encuestas cruzadas con los candidatos del GOP.

Muy mal tienen que estar las cosas dentro del Partido Demócrata para que los jefes del Comité Nacional Demócrata tengan fuerza para decirle que se retire a cualquiera de los dos candidatos, cada uno de los cuales ha invertido más de un año de su vida y una cantidad tremenda de millones de dólares para obtener la nominación.

Menos aún si la solución es una persona que no ha intentado la carrera presidencial en esta ocasión, como Al Gore, o que se ha retirado sin jugar el partido hasta el final. Si sale elegido un candidato que no sean Obama o Clinton los demócratas tendrán más posibilidades de ganar las elecciones, pero las primarias quedarán tocadas ya que habrá quien, en el futuro, juegue a la estrategia de esperarse hasta el último momento para postularse como candidato de compromiso y no tener que ganar primarias de estado en estado.

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Mucho se está hablando de nuestro sistema electoral y algunas propuestas se han hecho públicas en estos días posteriores a las Elecciones Generales. El problema que suelo encontrar en las soluciones que se proponen es que rápidamente salen de los límites constitucionales.

Es evidente que la Constitución es modificable, pero sería una falta terrible de realismo político considerar que la reforma constitucional más urgente es ésta, cuando todos los partidos tienen preparadas e ideadas reformas constitucionales esperando a que haya un acuerdo.

En un exceso de idealismo he hecho dos simulaciones bajo la siguiente condición: en ningún caso se pueden transgredir los límites constitucionales y todo lo que se haga debe ser posible por medio de una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General.

Soy partidario que a la hora de atribuir escaños prime más el número de ciudadanos que los kilómetros cuadrados. Dado que el artículo 68.2 de la Constitución indica que la Ley ha de establecer un mínimo por provincia y ese mínima ahora es de dos, con la excepción de Ceuta y Melilla, he hecho la simulación como si la Ley estableciese sólo un mínimo de un diputado, respetando los otros criterios de atribución.

Posteriormente he realizado la misma simulación, pero con el supuesto de que en vez de ser elegibles 350 diputados, lo fueran 400, el máximo que establece el artículo 68.1 de la Constitución. No hay cambios significativos, salvo que la fuerza del partido mayoritario se agranda aún más acercándose a la mayoría absoluta en los dos supuestos.

Los resultados son los siguientes:

Un mínimo de un diputado y 350 en total Un mínimo de un diputado y 400 en total
Candidatura Escaños Candidatura Escaños
PSOE 170 PSOE 193
PP 151 PP 172
IU 4 IU 4
PNV 5 PNV 6
BNG 2 BNG 2
CiU 11 CiU 14
ERC 3 ERC 4
UPyD 1 UPyD 1
NaBai 1 NaBai 1
CC-PNC 2 CC-PNC 3

Distribución completa por provincias a 350.

Distribución completa por provincias a 400.

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Con cierto retraso, lo confieso, me he puesto a examinar la propuesta de un grupo de investigación de la Universidad de Granada para modificar nuestro sistema electoral, partiendo de la idea de que nuestro sistema está ideado para garantizar la gobernabilidad y la representación regional, a costa de sacrificar determinadas cuotas de proporcionalidad.

Ellos quieren cuadrar el círculo y salvar la proporcionalidad, la representación regional e incorporar una mayor proporcionalidad, todo ello sin tocar a la provincia y a la ciudad autónoma como circunscripción electoral para el Congreso. ¿Lo consiguen? Veámoslo.

Comienzan con un ajuste de los diputados a elegir en cada circunscripción. En términos generales hay que señalar que Madrid y Barcelona se refuerzan y hay unos pequeños cambios en otras circunscripciones. Lo que es inexplicable es el aumento de Ceuta y Melilla, que pasarían de un diputado a dos cada una (son las dos circunscripciones menos pobladas), encontrando como única explicación a esto que Ceuta y Melilla suelen enviar a sus universitarios a la Universidad de Granada.

La primera fase sería una atribución de diputados por el procedimiento actual, con las nuevas atribuciones de diputados. La segunda (para la proporcionalidad) consistiría en añadir treinta diputados en una circunscripción nacional de 380 con ley D’Hondt y garantizando los escaños conseguidos en la fase anterior. En la tercera fase (para la gobernabilidad) se vuelve a hacer sobre 420 y conservando los diputados conseguidos en la segunda fase.

A pesar de que el Congreso se ampliaría de 350 diputados a 420, el 100% sigue siendo el 100% y repartir diputados es un juego de cuenta cero, esto es, que lo que pones en un sitio, hay que quitarlo de otro. Si este método le da más porcentaje de diputados a las formaciones nacionales no mayoritarias y respeta a las formaciones regionales, a la vez de querer garantizar la gobernabilidad, el perjudicado no puede ser otro que el partido que ha quedado segundo en las elecciones.

Estos politólogos aplican el método que han propuestos a los resultados de las elecciones al Congreso de seis procesos (de 1989 a 2008). El segundo partido en 2008 tendría un 1% menos de escaños que de votos, en 2004 un 1.5%, en 2000 un 3.5%, aunque en 1996 gana un 0,8% y en 1993 un 0.3%. La pérdida de porcentaje dentro de la cámara es constante para el segundo partido en los seis ejemplos.

Al final ser el segundo partido más votado de España (los 10.169.973 votos y el 41.7% de los sufragios del PP en 2008) sería una desventaja en la representación y no una ventaja, para compensar a partidos que no son capaces de superar siquiera el 4% de votos a nivel nacional.

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Ignacio Sánchez-Cuenca se preguntaba durante la campaña ¿por qué Zapatero siempre gana los debates con Rajoy? No solamente se refería a los debates de campaña, sino que también incluía en su análisis los “Debates sobre el Estado de la Nación”.

La conclusión a la que llega es sencilla: Zapatero no tiene ninguna ventaja en lo referente a la oratoria, pero cae bien, es tranquilo y tiene credibilidad y con esto gana siempre. Sánchez-Cuenca considera que la oratoria de Rajoy es superior, aunque no le sirve de nada, salvo por el defecto de que los ojos denotan cierto nerviosismo.

Estoy muy de acuerdo con el análisis, salvo en el punto de los ojos de Rajoy. Al líder popular no le falla la mirada, simplemente es que está leyendo, no sobre un papel sino está haciendo una lectura mental. Los que hemos tenido que memorizar grandes cantidad de páginas para pruebas orales, bien sabemos que es eso de leer mentalmente, pues realmente no repites algo que sabes de memoria, sino que lo que has memorizado ha sido las imagen del texto, de forma que lees una imagen mental.

Rajoy no transmite autenticidad en lo que dice, porque inconscientemente se detecta que está leyendo y no hay algo menos auténtico que hablarle a una cámara, mirándola directamente, y mover los ojos sobre las líneas de una imagen mental. Rajoy debería convencerse que estos aprendizajes son útiles para ganar una plaza en unas oposiciones, pero no para ganar unas elecciones.

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Esquerra Republicana de Catalunya debería exigir la vuelta de Aznar al liderazgo del Partido Popular. El ascenso espectacular de estar formación es deudor de la política netamente derechista y anticatalana de la segunda legislatura de Aznar. Sin él, esta formación nunca hubiera podido llevar a ocho diputados al Congreso.

Los resultados porcentuales de ERC se disparan desde las elecciones catalanas de 2003 alcanzando en éstas el 15,89 cuando su media genérica en estos comicios es de 9,26% y su media restringida (eliminados los dos mejores y peores resultados) es de 8,76%. En 2004 consiguieron el 15,89% cuando la media de las Generales es de 5.69% y la restringida en las Generales es de 4.64%.

ERC supo reunir a muchos disconformes con dos de los pilares del discurso de Aznar: el nacionalismo español y el derechismo. Ahora la circunstancia política es diferente: ya no gobierna la neta derecha de Aznar, sino la izquierda de Zapatero, y se ha aprobado un Estatuto de Autonomía bastante asumible por los nacionalistas moderados, la inmensa mayoría. El cuadro muestra cómo ERC subió muy por encima de sus medias restringidas, tanto en las elecciones autonómicas como generales, a partir de la primera mitad de la Presidencia de Aznar.

  Porcentaje Dif. Media EGr Dif Media CATr
2008 7,86 3,22  
Cat 2006 14,03   5,27
2004 15,89 11,25  
Cat 2003 16,44   7,68
2000 5,64 1,00  
Cat 1999 8,67   -0,09
1996 4,18 -0,46  
Cat 1995 9,49   0,73
1993 5,10 0,46  
Cat 1992 7,96   -0,80
1989 2,68 -1,96  
Cat 1988 4,14   -4,62
1986 2,67 -1,97  
Cat 1984 4,41   -4,35
1982 4,02 -0,62  
Cat 1980 8,90   0,14
1979 4,18 -0,46  
1977 4,72 0,08  

Podemos concluir que el discurso de ERC sobre la independencia nunca fue atractivo y los resultados electorales fueron más fruto de un efecto rebote contra Aznar que de un respaldo al independentismo de ERC: una fuerza reactiva. Junto a ello hay que indicar que la labor de ERC dentro del gobierno catalán no ha sido especialmente vistosa y rápidamente se han comenzado a ver muchas grietas y divisiones en la formación demasiado pronto.

Una parte de sus electores se han ido a la izquierda, otros al nacionalismo y una buena parte a la abstención al no tener a qué oponerse, dependiendo qué fuera lo determinante en su voto reactivo a ERC.

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Las campañas electorales nacionales del PSOE son tradicionalmente las mejores que se hacen España. Esta superioridad de campaña sólo se mantiene en campaña, porque en el momento en el que se acaba el proceso electoral, la capacidad de comunicación política del PSOE desaparece súbitamente.

La última legislatura ha sido un ejemplo de esto. El gobierno de Zapatero ha tenido un problema terrible para comunicar a los ciudadanos cuál es su postura y qué estaba haciendo. El Partido Popular y los medios de la derecha han estado marcando la agenda, diciendo de qué había que hablar y de qué no, estableciendo de esta forma el escenario político en cada ciclo de noticias.

Los problemas de comunicación del gobierno han sido tales que le hubiera costado La Moncloa a los socialistas, si la infinita torpeza de los populares y su gusto por el exceso político no hubieran provocado el rechazo de buena parte de la sociedad. Han ganado las elecciones por una conjunción de factores, desde el carisma del candidato, la fortaleza del PSOE, la movilización de la izquierda y el apoyo mediático puntual.

La agenda política ha estado saturada de temas de calado que ha oscurecido muchas decisiones importantes que el gobierno de Zapatero ha tomado. La “Ley de Dependencia” no sólo justifica una legislatura, sino tres, pero al gobierno de Zapatero no le ha dado rentabilidad política ni dos semanas. Parece como si no hubieran hecho nada en este terreno tan sensible, extendido y tan abandonado hasta este momento.

Con toda la humildad me propongo hacer unas recomendaciones para mejorar la comunicación del gobierno con los ciudadanos:

1) Se debe asumir que la comunicación política del Gobierno no es sólo una actividad puramente política, sino que es una obligación del Gobierno y un derecho de los ciudadanos. Tenemos derecho a que sea el Gobierno el que nos informe directamente, ya que es fruto de nuestra elección. El Gobierno tiene que decirnos qué piensa hacer, cuáles son sus argumentos y cómo va la puesta en práctica de sus decisiones. Dejar esto para las sesiones de control en las Cortes Generales es querer una política del siglo XIX para una sociedad del siglo XXI.

2) Hay que terminar con la división de esta función en personas y órganos diferentes. Moraleda ha sido el Secretario de Estado de Comunicación, pero la portavoz ha sido la Vicepresidente, Fernández de la Vega. Toda la comunicación debe estar dentro de un solo organismo y tener al frente a un persona que coordine y dirija esta actividad. Dado nuestro sistema institucional lo recomendable es que esta persona sea un ministro o ministra con cualidades de comunicación suficientes y en dependencia directa de la Presidencia del Gobierno.

3) La comunicación política no es un elemento adjetivo de la actividad del Gobierno, esto es, no es la presentación pública de algo que se ha pensado y decidido interiormente. El responsable y el equipo encargado de la comunicación política tienen que formar parte de todas las tomas de decisión. El motivo es muy sencillo: una buena medida puede quedar sin sentido porque incluso sus destinatarios la ignoran, porque no tiene repercusión en los medios de comunicación, ha quedado oscurecida porque el ciclo estaba dominado por otro tema o bien ha sido mal o insuficientemente explicada.

4) La comunicación política de todos los ministerios y los organismos del Gobierno de España tienen que encontrarse coordinados. La política la dirige la Presidencia y ninguna parte del Gobierno o de la Administración debe actuar autónomamente, salvo que una norma legal así lo establezca.

5) Es imprescindible que sea el Gobierno el que marque la agenda. Marcar la agenda es decir qué es lo relevante en la política en los diversos plazos. Hace que los demás estén un paso por detrás, ya que marcar los términos permite establecer las condiciones del debate público. No es ninguna garantía porque en una sociedad libre, como la española, el debate pueda cambiar, pero que el Gobierno parta siempre con desventaja no es lo más positivo.

6) La tradición de que el Gobierno sólo celebra una rueda de prensa a la semana, el viernes después del Consejo de Ministros, deja al Gobierno toda una semana dependiendo del acierto puntual de un ministro en unas declaraciones en la entrada o en la salida de un acto oficial. El Gobierno debe celebrar continuas ruedas de prensa, ser él quien alimente de noticias a los medios y dar el criterio que han de seguir todos sus miembros. Llevar la iniciativa le permitirá hablar con su lenguaje (y las consecuencias políticas de éste) y no con el lenguaje de la oposición.

7) El PSOE ha convertido en una costumbre que el secretario de organización sea el portavoz del Partido en cuestiones políticas. Esta función la ha desempeñado Pepe Blanco. Después de dos victorias electorales no tiene sentido cuestionar el papel de Blanco como secretario de organización, pero sí como portavoz. Blanco tiene poca presencia, una expresión poco vistosa y no le cae demasiado bien a los propios. En todo caso el portavoz o la portavoz del PSOE (la idea de Elena Valenciano me parece buena) no debe intervenir continuamente, porque cuando se habla desde Ferraz se pierde la gran ventaja que es hablar desde La Moncloa.

8) La voluntad política de los ciudadanos se expresa en circunscripciones, que para el Congreso coinciden con las provincias, salvo en dos casos. Los medios locales y provinciales tienen mucho que ver en la formación de la percepción social de la actividad del Gobierno. La coordinación en la comunicación no sólo debe darse en los niveles más altos, sino en todas las instancias responsables de la comunicación situadas en la llamada “administración periférica”.

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