Se precisan más diplomáticos

El servicio exterior es una de las partes más importantes del Estado y a la vez una de las más desconocidas. Casi nunca salen noticias referidas al servicio exterior, pocas veces está en el debate político, ya que es víctima de lo que suele pasar en España: las instituciones fundamentales del Estado son dadas por obvio, dejadas a su inercia secular hasta que un día alguien se da cuenta que esa parte del Estado se encuentra a varios siglos tanto de los equivalentes en otros países como de otras partes del mismo Estado.

A través del servicio exterior España se presenta ante el mundo, se relaciona con otros estados, defiende sus intereses, adquiere conocimiento sobre la política de otros estados en lo que a España le pueda afectar, así como es el instrumento principal de participación en la adopción de instrumentos internacionales, especialmente en las organizaciones internacionales.

Una buena muestra de que el gobierno socialista sí ha gobernado en estos cuatro años es la actividad que ha existido en torno a la reforma integral del Servicio Exterior de España. Se ha culminado con un buen informe y un primer plan aprobado en Consejo de Ministros, al que seguramente seguirán normas reglamentarias, algunas legales, y unas serias aplicaciones presupuestarias.

El informe de las deficiencias del Servicio Exterior es demoledor. Se detectan problemas en los edificios, en las remuneraciones del personal, en la acreditación diplomática, en las comunicaciones de las embajadas, en la seguridad de éstas, en el tratamiento fiscal de los centros culturales en el exterior y una larguísima relación de cuestiones que hacen pensar que nadie ha querido hacer nada en este terreno en el último siglo. Con toda la humildad, quisiera hacer mis aportaciones, especialmente en aquello que creo que el informe de la Comisión no entra.

El número de diplomáticos españoles en el exterior es ridículo. No sé si la fórmula de incorporación a la carrera diplomática es la mejor o si bien sería conveniente crear diversos cuerpos o vinculaciones independientes del Cuerpo Diplomático. Lo que sí tengo claro es que tener pequeñas promociones de diplomáticos, según un sistema de selección demasiado rígido. Se desperdician talentos, que trabajan en otros sectores o para otras ramas de la Administración, para mantener un sistema de selección que más parece un generador de “títulos nobiliarios” para jóvenes excedentes.

Para acceder a la Escuela Diplomática, que es la puerta de ingreso al Cuerpo Diplomático, hay que superar una oposición de un temario muy variopinto en la que, lógicamente, los idiomas tienen un peso primordial. No preferiría que la Escuela fuera eso, una escuela que enseñara al que no sabe y no sólo una academia para adiestrarse en el funcionamiento de la profesión. Es preferible incorporar a un especialista el Derecho Mercantil y luego formarlo en Derecho Internacional e incluso en idiomas, que tener conocedores de todo un poco, pero de nada en profundidad.

Tiene que haber más diplomáticos. España no se puede permitir no tener una embajada abierta en cada país que tiene reconocido y las representaciones ante las Organizaciones Internacionales tienen que ser amplias, para poder desarrollar todas las funciones posibles. Ampliar el número de diplomáticos no debe ir en detrimento del supuesto elitismo académico de este cuerpo, sino precisamente lo contrario: hay que incorporar a buenos profesionales y especialistas en todas las ramas.

De la lectura del informe me preocupa que se quiera reformar el Reglamento de Cónsules Honorarios, porque da la impresión de que se quiere potenciar una figura que debiera ser residual. Los consulados son un servicio del Estado español a sus ciudadanos en el exterior o de viaje, pero también son un servicio en los países en los que están, servicios cada día más necesarios.

Hay que dedicar mucho dinero durante mucho tiempo, como a todo lo que se quiere que funcione bien. El dinero que se invierte en el Servicio Exterior no luce electoralmente o ante los medios de comunicación, pero para eso hemos elegido un gobierno que quiere hacer política. Este gasto hace mejor al Estado, porque al fortalecerlo exteriormente, se hace interiormente

Los sueldos de los trabajadores del Servicio Exterior deben ser buenos o un poco más que eso. Si queremos buenos profesionales, con una formación de primera línea, pero luego pagarles como trabajadores del montón, no tenemos derecho a quejarnos luego que se van casi inmediatamente de consolidar su posición a trabajar en empresas privadas. Es evidente que el Estado no puede competir con sueldazos de ciertas empresas, pero lo que no es recibe que casi cualquier oferta privada mejore espectacularmente cualquier sueldo del Servicio Exterior.

Informe de la Comisión para la Reforma Integral del Servicio Exterior.

Acuerdo del Consejo de Ministros de medidas urgentes de Reforma del Servicio Exterior.

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