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Archive for febrero 2008

El paro fue uno de los argumentos que esgrimió un errático Pizarro en su debate contra Solbes. Soy de los que cree que los datos no tienen una importancia absoluta y menos si la percepción social e individual del dato no se correlacionan con éste (en el tema de seguridad ciudadana es evidente).

Pizarro se agarra la subida del paro, pero esta subida es falsa, porque solamente mide un término relativo (paro según el antiguo INEM) y no tiene en cuenta uno absoluto (número de trabajadores según “Población Activa”). Si una persona no ha perdido su empleo o nadie de su entorno más amplio no lo ha perdido, la cifra es casi insignificante a efectos de construcción personal (y social) de la trascendencia del dato.

Pero no es que la percepción personal y social en este caso esté enfrentada con los datos, sino que únicamente está enfrentada con un dato, el que suele emplear la oposición, mientras que se encuentra refrendada por otro, que es el que más le gusta al gobierno.

Creo que lo mejor es explicarlo con un ejemplo:

Supongamos un mercado de trabajo compuesto de dos mil trabajadores. De estos dos mil trabajadores potenciales, realmente trabajan 1.800 (90%) y no lo hacen 200 (10%) y quisieran hacerlo.

A lo largo de cuatro años el número global de trabajadores en ese mercado sube hasta los diez mil, distribuyéndose en 8.000 personas (80%) que realmente trabajan y 2.000 (20%) que no lo hacen y quisieran hacerlo.

Si mirásemos las cifras en valores relativos tendríamos una subida del paro en un 10%, pero si las miramos en términos absolutos comprobamos que se han 6.200 nuevos empleos. Esas seis mil doscientas personas que se han incorporado al mercado laboral,  y que antes sencillamente no se encontraban en él, no se sienten amenazados porque el paro haya subido un 10%

Además, es posible que los dos mil parados tampoco se sientan muy afectados por el dato, dado que la mayoría se ha incorporado al mercado porque se han creado nuevos puestos.

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Rajoy y todo el Partido Popular han apostado fuerte por Pizarro como revulsivo de campaña. El debate con Pedro Solbes tenía que ser su momento cumbre, en el que todas las esperanzas depositadas encontrasen su culminación. Martí Saballs analiza de una forma muy clara el debate y los espectadores le han dado la victoria a Solbes con más del 10% de ventaja, que al final es lo verdaderamente importante.

La experiencia de Solbes, dos veces ministro y comisario europeo. Una cuidada preparación y desenmascarar los argumentos de Pizarro han sido una estrategia suficientemente acertada para que Pizarro haya quedado descalificado para lo que queda de campaña cuando faltaban unas pocas horas para que ésta comenzase.

El revulsivo que Pizarro tenía que ser para el Partido Popular ha quedado hundido en la primera operación que participa (a lo “Titanic”), pero lo que es peor para los populares, su alarmismo económico ha sido desacreditado por Solbes, mostrando autoridad y generando confianza. En el debate el PSOE ha conseguido zanjar el debate económico hundiendo a su buque insignia.

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Uno de los tópicos electorales son las promesas de disminuir el número de ministerios, como si el hecho de hacer esto redundara en algún ahorro económico, dado el número de ministerios en España se ha mantenido relativamente estable desde hace muchos años. Pensar que quitar un ministerio es reducir un porcentaje de gasto público equivalente a su peso en el gobierno, es una muestra de grandiosa estupidez.

Pero cuando la solicitud de supresión de un ministerio se hace por razones pseudoideológicas. El BNG propone suprimir el Ministerio de Cultura porque entienden que en España no hay una sola “cultura”, sino varias culturas. Precisamente para esto existe el “Estado de las Autonomías”, para que los ciudadanos de cada región tengan la posibilidad de desarrollar, en su territorio, políticas específicas, también en el terreno cultural.

Las competencias del Ministerio de Cultura están muy alejadas de lo que piensa el BNG, que el Ministerio de Cultura elabora una visión uniforme de la cultura. Entre las competencias de este departamento nos encontramos las bibliotecas (entre ellas la Biblioteca Nacional), los archivos (entre ellos los históricos), la propiedad intelectual, los libros (como por ejemplo la Agencia Española del ISBN), los museos (con El Prado a la cabeza), el Patrimonio Histórico, así como la Cooperación Cultural Internacional que incluye todas las expresiones y las lenguas de nuestro país.

Aunque se elimine el Ministerio de Cultura, estas áreas de gestión continuarían. Lo que tiene que hacer el candidato del BNG es atender más a la Consejería gallega del ramo.

Lo dicho también vale para los que, por motivos económicos, quieren terminar con ciertos ministerios, como Vivienda (ha dicho Pizarro), ya que realmente el Ministerio de Vivienda es un departamento desgajado de Fomento y todas las áreas eran preexistentes a la creación del Ministerio. Total, que la promesa de Pizarro no ahorraría nada (pura demagogia).

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En unas de las páginas más bellas que escribió Dietrich Bonhoeffer, mártir protestante de la lucha contra el Nazismo, decía que se vivía en un mundo en el que, incluso las cosas más importantes y que habían costado un sacrificio sublime, se empleaban como si fueran baratijas, como pañuelos de papel (diríamos hoy).

Puede que Benedicto XVI haya querido recordar las palabras de su compatriota (o no), cuando ha dictado normas más estrictas para el procedimiento inicial para “llevar a una persona a los altares”. El Papa quiere que ser santo no sea fácil, como daba la impresión de serlo con Juan Pablo II. ADN titula, con ingenio, que “El Vaticano sube la nota de corte para ser santo”.

Siendo una cuestión particular de una confesión religiosa, pienso que sirve de buen pie para reflexionar sobre, hace cincuenta años, escribió Bonhoeffer y ver el sentido que tiene en la sociedad actual.

La Democracia se está convirtiendo en un “usar y tirar más”. Usar las mejores técnicas electorales es algo legítimo, y yo lo defiendo, pero ir quemando etapas, días antes de las elecciones, sin ofrecer tiempos de debate más o menos serio, por apasionado que pueda ser, tengo la impresión que ensucia la memoria de tantas personas que sacrificaron buenas partes de su vida o sus mismas vidas para que pudiéramos tomar parte en el proceso de toma de decisiones.

La Democracia se desperdicia cuando se habla de libertad de expresión para solamente referirse a los cuernos de tal famoso, al lugar de vacaciones de un concursante televisivo o al coche de otro tipo que vive de eludir y conceder exclusivas. No es que quiera censurar nada y hasta puedo llegar a decir que, dándome un poco de asquito, prefiero que sigan para saber que hay libertad al menos teórica. Lo que sí me destroza es pensar que las miles de personas que están siendo reprimidas y torturadas por el régimen de Myanmar (por tomar un ejemplo reciente), lo hacen para que la libertad sea posible, y si tienen éxito la libertad que ellos han conquistado se emplee en llenar horas de televisión con historietas de tal calaña. Es un precio desproporcionado.

¿Tanto sacrificio para esto? ¿La memoria y los sacrificios de los que lucharon y lucha por la libertad no merece que les honremos haciendo que nuestras acciones libres sean bellas, buenas y verdaderas? Es lo deseable, pero mucho me temo que podría seguir escribiendo esta entrada cada día de mi vida.

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La doble moral es aquel criterio en el que una acción es tenida por correcta o incorrecta en virtud de factores que en nada debería modificar el juicio moral, como que uno mismo sea el afectado, que lo sea un amigo, un familiar, una persona que me cae bien o la sencillamente conozco, entre otras muchas posibles.La doble moral procura justificar el quebrantamiento de la normal moral cuando resulta beneficiosa.

Una de las cosas que peor me sientan ya no sólo es que aplique continuamente la doble moral, sino que se intente justificar. Últimamente, leyendo blogs personales (aquellos en los que el autor cuenta cómo le van las cosas y en los que el 9 de marzo sólo domingo) he encontrado algunas aplicaciones de esta patología moral que me han impelido a escribir estas líneas.

Inmigración. Muchos quieren una política de inmigración estricta y que no deje que nadie entre o que no se quede si no tiene los papeles en regla, pero hay miles de inmigrantes sin permisos que trabajan en el servicio doméstico. Los mismos que piden mano dura contratan a una señora sudamericana o eslava (sin los permisos), a la que aprecian y ponen todos los medios para que su estancia no acabe en una expulsión de España.

Educación. Mis muchos amigos que trabajan en la Educación, cada vez que sale en los medios de comunicación, que los padres de los alumnos quieren más mano dura contra los alumnos indisciplinados, se echan a reír. Dicen que sí, que mano dura mientras que el hijo del que lo dice no sea el sancionado.

Tráfico. Esto es genial. Años y años escuchando a los conductores (no pertenezco a esa secta) que ya está bien de tener que aguantar a conductores temerarios, a los que aparcan en segunda y tercera fila o los que conducen bebidos. Va el Gobierno y establece el celebérrimo carnet por puntos para intentar acabar con la sangría en las carreteras y ahora todo el mundo empieza a quejarse, a decir aquello de que no hay derecho a que por dos cervezas o que con lo mal que está el aparcamiento no hay más remedio que dejar el coche donde se pueda.

Urbanismo. La corrupción urbanística está de moda ahora en los medios y en la sociedad, pero corrupción urbanística y construcciones ilegales ha habido en este país desde los años sesenta (antes no había normas urbanísticas que quebrantar). Muchos ciudadanos de lo más normal han construido o han adquirido viviendas fuera de todo planeamiento y cuando se les pide que hagan lo que tenían que hacer, urbanizar la zona y pagar las conexiones a los sistemas de servicio, además de las tasas de legalización, van y se indignan y se suben por las paredes.

¿Hay más áreas en las que se desarrolla la doble moral? Sí, en todas las que actúa el ser humano, porque la doble moral es uno de los mejores mecanismos de autojustificación que existe, debido a que es sencillo, precisa de poca argumentación y siempre uno, al verse cogido, puede apelar a los sentimientos, a su pobre situación o a que peores son los demás. Espero vuestras aportaciones.

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Será hoy, mañana o en un día de estos, pero Kosovo va a proclamar su independencia de la República de Serbia. La independencia de Kosovo es apoyada por los Estados Unidos, Reino Unido y Francia, y rechazada por Rusia y China. Otros países de la Unión Europea mantienen una actitud escéptica y piensan que la independencia de Kosovo es ante todo poco política y problemática (ésta es la posición de, entre otros, el gobierno español).

Olaf B. Rader, en su magnífico libro Tumba y poder. El culto político a los muertos desde Alejandro Magno a Lenin (Ciruela, 2006), explica magistralmente como los serbios construyeron en los años noventa la leyenda de que Kosovo era la cuna de los serbios pues era el lugar de muerte del príncipe Lazar, tras ser derrotado por el Imperio Otomano, obviando que Kosovo era un territorio bajo el poder turco y no bajo el serbio, e ignorando que los mismos nobles supervivientes a la batalla a lo largo de los años estuvieron al servicio del Sultán. Que una leyenda no sea histórica no tiene nada que ser ni con su existencia, ni con sus consecuencias en la realidad fáctica.

Muchos países acogieron con entusiasmo las primeras proclamaciones de independencia. Alemania incluso rompió el consenso comunitario y se precipitó a reconocer estos nuevos estados, lo cual provocó una cadena de reconocimientos. Luego vino una guerra corta en estos países. Bosnia-Herzegovina proclamó su independencia, también reconocida, y comenzó lo que fue una guerra civil acompañada de genocidios. Comenzó la generalizarse la idea de que el reconocimiento fue un incentivo que precipitó que el “Polvorín de los Balcanes” estallase. La independencia de Macedonia y la crisis de Kosovo fueron los últimos episodios.

Miles de soldados de los países occidentales se encuentran en la antigua Yugoslavia. Se tuvo que cambiar la doctrina de actuación de la OTAN y dejar el modelo de los “cascos azules” a favor del modelo de “fuerzas de pacificación y estabilización” para garantizar cierto orden externo en Bosnia, Kosovo y Macedonia. Occidente ha gastado miles de millones de euros en mantener sus fuerzas por un periodo que parece no tener fin.

Huyo de planteamientos de carácter emocional a la hora plantear la creación de un nuevo estado. Prefiero las consideraciones de orden práctico a las relacionadas con lo emotivo y con los sentimientos de pertenencia. Sobre este tipo de criterios creo que Kosovo no debería proclamar su independencia y que si lo hace está confundiendo la independencia en sentido formal con la independencia en sentido material.

Ni las instituciones de Kosovo, ni su sociedad, ni su economía están preparadas para la independencia. Ellos han pensado que ser independiente es no tener vínculos con Serbia, pero esto es sólo la independencia formal. Incluso la independencia formal y la propia indemnidad de Kosovo no está en manos de los kosovares, sino de fuerzas militares internacionales. Tan poco capacitado está Kosovo para la independencia que no está ni en condiciones de tener tropas regulares para defender sus fronteras, que es lo menos que se le a un Estado independiente. Me muestro completamente de acuerdo con José Bono en el sentido de que España no debe enviar a su ejército a proteger Kosovo, ya que este asunto les corresponde a los kosovares.

No es que en Kosovo falten cosas, sino que se han acostumbrado a que otros países hagan lo que a ellos les corresponde. La seguridad está en manos de fuerzas policiales internacionales, pero éstas sólo pueden mantener unos niveles externos, ya que como policías extranjeros que son están separados de la sociedad en la que operan y en la que no tienen penetración, porque no dejan de ser extranjeros que quieren detener a kosovares. Al amparo de esta situación las mafias de todo tipo han encontrado en este país un territorio sin ley, refugiándose en la dialéctica del “nosotros-los otros” para que buena parte de la población los proteja de los extranjeros e incluso los vea como sus benefactores, protectores y patrones.

La financiación de las instituciones kosovares depende básicamente de las aportaciones de países extranjeros, de forma que no han tenido que molestarse con establecer una Administración de Hacienda y tener que convencer u obligar a sus ciudadanos a pagar tributos para mantener sus instituciones y servicios públicos. Es muy cómodo presentarse como el gobierno de un Estado que colme las aspiraciones identitarias de la población, pero eso sí, a precio de saldo, no porque cueste poco, sino porque son otros los que pagan y hasta ponen los recursos humanos.

Los que dicen que la proclamación unilateral de la independencia por parte del gobierno kosovar es contraria al Derecho Internacional, y que el reconocimiento del nuevo Estado también lo sería, poco saben de Historia, menos aún de relaciones internacionales y nada de Derecho Internacional. Serbia es, en Kosovo, un “estado fallido”, porque no mantiene el control sobre el territorio, la población y el gobierno.

La institución jurídico-internacional del “reconocimiento de estados” es declarativa y no constitutiva, es decir, que un Estado puede existir y no ser reconocido como tal por la mayoría de la comunidad internacional. El reconocimiento, en el fondo es darle forma jurídica a un hecho, nada más, por más que la Comunidad Europea (ahora Unión Europea) estableciese en 1991 una serie de líneas directrices para el reconocimiento de nuevos estados (sin valor jurídico, en mi opinión) y por más que dijeran que “La Comunidad y sus Estados […] tendrán en cuenta los efectos del reconocimiento sobre los Estados vecinos”.

Un Estado tiene que reunir una serie de características para ser tal: un territorio, una población y un gobierno sobre la población y el territorio. A Kosovo le falta el control. Los dirigentes kosovares quieren proclamar la independencia para convertirse ipso facto en lo que ya son, un protectorado.

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Informa el periódico “Público” que unos treinta jubilados, autodenominados “afectados”, de la intervención judicial de Forum y AFINSA se han encerrado en la Catedral de La Almudena. Culpa de su situación al Presidente Zapatero y al PSOE. Algunas ideas sobre este asunto.

1) No son afectados, por ello he dicho que se autodenominan así. Un “afectado” en un principio es cualquier persona que experimenta en sí las consecuencias de una causa que mantiene una relación factual con esas consecuencias (relación causa-efecto). La acepción usual de afectado en los medios de comunicación es la persona que vive las consecuencias de algo que en lo que no ha tenido ninguna responsabilidad.

2) Estas personas no son afectados porque sí tienen una responsabilidad, son inversores. Su responsabilidad es invertir un dinero en una empresa asumiendo el riesgo que cualquier inversión financiera o empresarial conlleva. No son afectados, sólo son inversores que han perdido lo invertido.

3) Asumir que vivimos en la economía de mercado no es fácil y que el riesgo en las operaciones las asume el que invierte, como también es él quien recibe los beneficios que inversiones exitosas puedan producir. Cuando se pierde no hay nada que reclamarle al Estado, como cuando le gana no se va a querer pagar más al Estado en impuesto que lo establecido.

4) Me hace gracia que estas personas culpen al Gobierno por este asunto. La intervención de Forum y AFINSA no fueron decididas por ninguna instancia política, no siquiera administrativa, sino por un juez, que no depende del gobierno, a la luz de una querella la cual consideró tan suficientemente fundada después comenzar a instruir el caso, que estableció medidas cautelares.

5) Para terminar quiero reiterar que estoy en absoluto desacuerdo con que el Estado vaya en socorro de estos inversores. A ellos les animó un legítimo ánimo de lucro: querían una rentabilidad muy alta, superior a los depósitos bancarios, y no sopesaron en su momento los riesgos de la inversión, o dicho de forma más coloquial: nadie vende duros a cuatro pesetas.

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No pensaba estar viendo la tele tan tarde. Pero llegados a esa hora, me puse a ver la entrevista de Buenafuente a Mariano Rajoy. La primera observación es que se nota que el tema de entrevista política no es el fuerte de este presentador y que hasta los chistes están calculados para no sentar mal. Tanto la entrevista a Zapatero como la entrevista a Rajoy me decepcionaron.

Mariano Rajoy creo que tenía más miedo a Buenafuente que el que yo le tendría a un Mihura. La experiencia de tener una entrevista de verdad, con Gabilondo, le debió traumatizar y ahora tenía pinta de haberse pasado tres días metido en el Departamento de Telegenia del PP.

Buenafuente entrevistó a Rajoy y las preguntas eran para todos los públicos. Rajoy titubeaba constantemente, excepto cuando recordaba ocasionalmente la respuesta que le habían enseñado. Cuando Buenafuente hace un chiste muy bueno sobre la ministra de Fomento, él tarda en comprender el chiste y aún más en reaccionar.

El momento más delirante de todos fue cuando vi y escuché al candidato popular reivindicar para sí la defensa del Socialismo. No podía creer que tan fácilmente un liberal se considerase el defensor del Socialismo, pero no de cualquier Socialismo, sino del Socialismo tradicional. Y es que Rajoy oye “tradicional” y se vuelve loco de alegría conservadora.

Siempre he pensado que Rajoy nunca se ha recuperado de su condición de opositor. Lo hace retóricamente bien cuando lo tiene preparado (tanto intervención como réplica), pero le cuesta mucho cuando tiene que responder una pregunta que se sale del guión o cuando la contrarréplica que se le exige es incisiva.

Aunque haya empezado hablando de Rajoy, voy a finalizar haciéndolo sobre la entrevista de Gabilondo. Rajoy tuvo la oportunidad de engrandecerse ante Gabilondo, pero fracasó y ahora los suyos van lloriqueando por el trato.

Gabilondo trabaja en una cadena privada y son los espectadores los que tienen que decidir si les parece creíble, buen periodista o ecuánime. Un político tiene que ganar en todas las plazas y lucirse en donde las circunstancias son más adversas. Zapatero ni ganó ni perdió con Gabilondo. Rajoy perdió la oportunidad de convencer a un público, el de “Cuatro”, que no se encuentra entre sus potenciales votantes y que se deleitaron ante el vapuleo que Gabilondo le inflingió al candidato del Partido Popular.

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Hace dos semanas publiqué en este blog tres entradas en las que comparaba el Conservadurismo con el Liberalismo (I, II y III). Ahora me propongo utilizar los puntos de comparación para analizar si el Partido Popular es realmente un partido liberal, como ellos dicen ser.

No es que yo considere que el Liberalismo sea el mejor referente (me considero socialdemócrata), pero si tuviese que elegir únicamente entre Conservadurismo y Liberalismo, me decantaría por esta última ideología.

La valoración nace de la autoconsideración que el Partido Popular tiene de ser una formación liberal. En este pequeño análisis creo que expongo con cierta claridad que el Partido Popular no es un partido liberal, sino un partido netamente conservador, que toma al Liberalismo como una etiqueta más presentable que decir lo que realmente son.

1. Hipervalor

La insistencia del Partido Popular en cuestiones tales como la raíz católica de España y el tema de las costumbres españolas evidencia dónde están las prioridades del Partido Popular: en el Hipervalor de la Tradición más que en el de la Libertad. Incluso encubren de falso Liberalismo cuestiones tales como la educación, ya que dicen que su defensa de los centros concertados realmente es una defensa de la libertad de los padres para elegir centro para sus hijos; casualmente la inmensa mayoría de los centros concertados que conformarían la elección de los padres, son centros religiosos.

2. Ontología

El principal argumento del Partido Popular contra el matrimonio homosexual estribaba en la afirmación de que era una unión contra la naturaleza, enfermiza (recuérdese al “experto” que llevaron al Senado). La base naturalista de muchas de sus pretensiones políticas y sociales, aplicando criterios de supuesta base natural a la hora de fijar criterios políticos y sociales, demuestran que consideran que la Naturaleza es una fuente normativa. Cada vez que tienen ocasión, es decir, cada vez que se debate algo relacionado con las relaciones sociales básicas (matrimonio, divorcio, eutanasia, investigación biomédica, etc) recurren a argumentos que, en última instancia, son naturalistas.

3. Estratificación social

El Partido Popular tiene una querencia extraordinaria tanto por las familias de toda la vida (los apellidos compuestos y de toda la vida les vuelven locos), así como por los cuerpos más endogámicos de la Administración Pública (registradores, notarios o abogados del Estado). Sociológicamente los escalafones del mando en el PP, sobre todo en los niveles regionales y nacionales, coinciden no sólo con la nomenclatura corporativista del Franquismo, sino con las clases sociales tradicionalmente más poderosas. 

4. Colectivos e individuos

El Partido Popular se ha erigido en el defensor de la concepción tradicional de la familia como elemento básico de la sociedad. La familia se coloca por encima del individuo y sus decisiones libremente tomadas, de forma que el modelo es indisponible. No es extraño que hablen de los “derechos de las familias” y que los consideren superiores a los derechos individuales.

Pero no es la familia el único colectivo que el Partido Popular sitúa sobre el individuo, sino que también son los Colegios Profesionales, las Cámaras de Comercio, las desaparecidas Cámaras de la Propiedad Urbana (que ha amparado en las autonomías que gobierna) y todo tipo de asociaciones de profesionales liberales en defensa de sus intereses corporativos (no los sindicatos evidentemente). No es extraño que Fraga defendiese en el debate constitucional, en reiteradas ocasiones, la necesidad de dar participación política a las corporaciones.

La misma defensa de la transferencia de poderes de las comunidades autónomas y del Estado a los municipios tiene mucho que ver con la consideración del municipio como un elemento natural de la existencia política, con sabor añejo. En esto se unen también a la idea dominante en los conservadores sociales del Partido Republicano que mantiene la necesidad de que las decisiones se tomen cerca de los que serán afectados, es decir, la concepción de la política como si se tratase del gobierno de una familia, y que los afectados formen parte de los órganos que pueden decidir sobre ellos (devolviendo al colectivo unos derechos políticos que habían perdido a partir de la Revolución Francesa).

Su misma concepción de lo que es una Nación y las consecuencias que extraen manifiesta que la primacía que le dan a la Tradición sobre las determinaciones de la voluntad libre. Si fueran liberales considerarían que la Nación se funda en el “contrato social”. Incluso cuando la mayoría de los ciudadanos consideran que una medida es positiva o están de acuerdo con ella, ellos aducen a determinaciones indisponibles, la díada de Tradición-Naturaleza, para oponerse a ella.

Otro ejemplo es la atribución a un colectivo de una representación política y una capacidad de decisión sobre el Estado que obviamente no tiene. El Partido Popular ha considera que la Asociación de Víctimas del Terrorismo tenía que dar el visto bueno a toda la política antiterrorista del gobierno, de forma que se le hubiera conferido un auténtico derecho de veto en esta materia.

5. Valoración del cambio

La política del Partido Popular se ha centrado en la inoculación del miedo ante todos los cambios sociales y políticos que España ha experimentado en los últimos treinta años. Desde la propia Democracia en los tiempos de Fraga y Alianza Popular hasta la inmigración ahora. Cualquier cambio: bajada en la práctica religiosa, diferentes formas de familia, desarrollos médicos, la movilidad social, la incorporación de la mujer al mercado laboral o la extensión de los derechos y libertades, por sólo citar algunos ejemplos.

La estrategia del miedo sólo está en manos de quienes no desean que nadie cambie, de los que quieren que todo siga igual, en definitiva, de los que son conservadores del “status quo”.

El discurso del Partido Popular se basa más en la pérdida que en el futuro. Aludir constantemente a la pérdida conlleva que la referencia (lo que se ha perdido) en el pasado. El Partido Popular idealiza una situación pasada y anuncia el destrozo de esa herencia proyectándola en lo que le dejaremos a nuestros hijos.

Posiblemente exagero, pero tengo la impresión de que el ideal social del Partido Popular coincide con algunas imágenes de países como Arabia Saudí o Irán: una sociedad sin derechos ni libertades, oprimida por una férrea tradición, aunque dotada de ordenadores con acceso limitado a Internet.

No hay novedad social que ellos presenten positivamente. Siempre andan recelosos y con miedos sobre lo destructivo que puede ser para la Tradición que defienden. No contemplan la posibilidad del progreso humano y solamente lo aceptan cuando no tienen más remedio, como hecho irreversible.

6. Valores secundarios

Como ya ha quedado de manifiesto en los apartados anteriores, la Tradición y lo tradicional, bajo los más diversos nombres, tiene un lugar muy importante dentro de la ideología y la práctica política del Partido Popular. Hablan de sensatez, que no es más que un eufemismo de conservadurismo; aluden al “reformismo” que no es más que cambiar lo que hay que cambiar necesariamente, pero huyendo de toda transformación social; hablan de “seguridad” para invitar a no cambiar nada y que todo cambio va para mal. Como dice George Lakoff el pensamiento conservador está especializado en enmascarar sus verdaderas intenciones por medio de un lenguaje presuntamente neutro.

La insistencia del Partido Popular en cuestiones identitarias, tanto en lo referente a las costumbres como en lo referente a la configuración de la comunidad política, pone de manifiesto el arraigo en valores tradicionales que tiene esta formación política.

7. Religión

De la alianza política entre el Partido Popular y la Iglesia Católica, y sus organizaciones subsidiarias, tengo poco que añadir a lo mucho que se ha escrito en los últimos años. Si el Partido Popular fuera verdaderamente liberal huiría de su identificación, como partido, con una confesión religiosa concreta. Si fueran liberales de verdad dirían que la religiones un asunto de opción personal. Si el Partido Popular no fuera conservador no se plantearía ataques hacia otras confesiones religiosas u otras tradiciones culturales. Si el Partido Popular no fuera conservador, no le atribuiría a las palabras del Papa ninguna trascendencia para vida pública, ni se definiría como un partido inspirado en el “Humanismo cristiano”.

8. Moral

Es cierto en las palabras de los dirigentes del Partido Popular se habla mucho de libertad de opción, pero sus hechos desmienten estas palabras. La libertad de opción que ellos defienden está muy limitada, porque con tantos aspectos decididos por la Tradición o la Naturaleza, prácticamente sólo seremos libres a la hora de elegir si queremos un café cortado o con leche. Eres libre de decidir, pero es importante que no quieras divorciarte, que no estés pensando en tener otra orientación sexual o redituar en tu identidad sexual, que no consideres que las formas de la felicidad son muchas y que cada cual debe buscar la suya, que hay que proporcionar igualdad de oportunidades a todos o quieras elegir tu forma de expresarte.

9. Función del Estado

Donde se ve más claro lo poco liberal que es el Partido Popular es en la idea que tienen de las funciones del Estado. Ellos no creen en un Estado mínimo, sino en un Estado subsidiario. La consecuencia es que el Estado sólo puede tener sobre sí gastos, pero no puede desarrollar nada que sea lucrativo. Privatizaron (salvajemente) todo el sector público empresarial rentable y dejaron al Estado todos los lastres. Es pura aplicación del  principio de subsidiariedad, ya que donde haya posibilidad de rentabilidad el Estado no debe estar.

La práctica del gobierno del Partido Popular en una cuestión como es la dimensión de la Administración Publica ha sido conservadora, ya que ha aumentado el número de órganos (en todo tipo de administraciones), pero a la vez ha cedido a representaciones corporativas la gestión del Presupuesto público, produciéndose una duplicidad costosísima.

Dicen que las subvenciones y los subsidios les parecen mal, pero no todos. Los subsidios agrarios (que se comen el Presupuesto de la UE) son muy de su gusto, las subvenciones a los centros educativos privados les pirran, la ayuda a empresas pequeñas y medianas son esenciales o las compensaciones a las empresas eléctricas por tener que competir son ineludibles. Las subvenciones y los subsidios son malos, siempre que no tengan como destinatarios a las bases del Conservadurismo que corre por las venas populares.

10. Gobierno del Estado

La idea de que todos individuos tengan el mismo valor político (“un hombre, un voto”) no es demasiado querida por nuestros aparentes liberales del Partido Popular. Sería irrenunciable para ellos la desaparición del Senado de nuestra estructura constitucional, que en su representación territorial destroza la igualdad política de los individuos; no aceptarían la modificación de un sistema electoral que expulsa los votos de muchos españoles cuyas formaciones no alcanzan provincialmente el número de votos para obtener escaños, pero que en un cómputo nacional sí son realmente representativas (el caso de Izquierda Unida).

Dada que la distribución geográfica del voto no siempre es regular, el mantenimiento de principios territoriales en la distribución de la representación política, es un elemento a favor del mantenimiento, conservador, de la estructura política y social que ellos defienden.

11. Derechos y Libertades

Para el Partido Popular todos los colectivos (los tradicionales y los naturales) tienen derechos y esos derechos son indisponibles e inmodificables por el Estado. El registro histórico del voto parlamentario del Partido Popular está lleno de votos contrarios a todas las normas que han extendido los derechos y las libertades. Se han opuesto sistemáticamente a todo, por más que luego se presenten como adalides inmemoriales de los derechos que disfrutamos y a los que ellos votaron en contra.

12. Nacionalismo y Patriotismo

Cualquier podría decir que el Partido Popular es el partido político de nuestro país más férreamente antinacionalista. Es mentira, ellos son los más nacionalistas, y lo que se llama “antinacionalismo” no es más que otro nacionalismo. El nacionalismo del Partido Popular es el español.

La lucha del Partido Popular contra los nacionalismos periféricos no es una confrontación entre una perspectiva internacionalista y una perspectiva nacionalista. No, es más simple, es la lucha entre dos o más nacionalismos. Cada nacionalismo (y cada interpretación) modifica la realidad y la historia y por eso mismo se enfrentan, ya que son dos idealizaciones excluyentes.

13. Comercio internacional

La política del Partido Popular en materia de comercio internacional no ha sido favorable al libre comercio. Sus intereses por el mantenimiento de unos propietarios agrícolas anquilosados sea uno de los elementos más significativos. Su Liberalismo en esta materia es falso porque solamente defiende la libertad en el comercio internacional cuando es favorable y no cuando puede ser desfavorable.

Esto evidencia una falta de confianza en el mercado, la misma que ellos proclaman tener y en la eficiencia de los actores económicos. Esto puede que sea muy popular (defender la economía española), pero desde luego no es nada liberal.

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Siempre nos enamoramos del exterior

Hace sólo unos días decía que la Belleza interior no existe, que solamente existe la Belleza exterior. Hoy, el mejor día para hablar de esto, voy a seguir a aplicando mi fenomenismo impenitente en este caso al amor.

Una de los repetidos tópicos a la hora de hablar del amor, nos dice que enamorarse es enamorarse del interior de las personas. Mantengo la tesis opuesta, que es la que intentaré mantener: siempre nos enamoramos del exterior.

Hace más de doscientos años, Kant nos mostró sin lugar a dudas que el acceso a las cosas en sí, lo cual llevado al plano de los seres humanos no quieres decir otras cosas que sólo podemos conocernos directamente a nosotros mismos, mientras que a los demás solamente podemos conocernos a partir de su interacción con la realidad.

Cuando conocemos a alguien, cuando nos enamoramos de otra persona no es porque el interior de esa persona nos sea accesible, sino por las manifestaciones externas que recibimos de esa personas. La forma de ser de ninguna persona puede ser cognoscible por otro. Lo que es para nosotros la forma de ser de los demás no son más que inferencia que hacemos a partir de los actos externos que podemos observar sensorialmente.

Un conjunto de inferencias nos hace construir un constructo para dar una explicación a cómo es el otro; a ese constructo se suelen añadir una serie de “prejuicios” tanto sociales como personales. Las inferencias que dependen de actos externos y por tanto tienen sus limitaciones. Si las inferencias no tuviesen margen de error, entonces el engaño sería imposible.

Nos enamoramos del constructo de una persona que elaboramos de esa persona a partir de las acciones perceptibles de esa persona.

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