Análisis de la nueva canción del Partido Popular

Soy de la opinión que las mejores canciones políticas son aquellas que no hacen referencia directa a opciones determinadas, sino a otra temática. Son políticas no por su letra, sino por el significado social que se les ha atribuido.

Los directores de la campaña del PP tienen otra opinión diferente a la mía (cosa que no me extraña). Han decidido sacar una canción que emocione a los asistentes a sus actos y que puedan cantar al unísono (no les vaya a salir otras canciones). El resultado es una canción, con estilo de música de misa parroquial.

La he escuchado una vez. No sabía si reírme o lamentar que los cerca de cinco minutos que había empleado en la audición no iba a poder recuperarlos nunca. Tan conmocionado me he quedado que volví a escucharla para transcribir su letra y poder analizarla. Os presento el resultado de mi “atento estudio”.

Si tienes nuevas ideas: es bueno eso de tener nuevas ideas, aunque es mejor aún tener ideas. Creo que tienen razón: el PP necesita nuevas ideas para defender lo viejo.

Y piensas que algo debe cambiar: pues sí, algo debe cambiar, especialmente el Partido Popular.

Si crees que todo es posible: claro, si piensas que Celia Villalobos es una intelectual, que Mariano Rajoy un hombre de la calle o que Pizarro sabe de economía, tu sitio es el PP.

Ven a la revuelta popular: espero y deseo que no estén incitando a que haya altercados. Debe ser una revuelta estupenda, una revuelta para obedecer a los obispos. Emocionante.

Buscamos a gente valiente: eso está bien para el ejército, para un partido yo prefiero a gente honrada, eficiente y sensibilizada con los problemas sociales.

Soñadores que puedan imaginar: no sólo hay que ser soñador, sino que se ha de ser un soñador imaginativo. Es decir, que lo de soñar con la vecina de arriba no vale.

Soñar con una España nueva: ¿España, dijo Rajoy en el debate, no tenía quinientos años? ¿Ya ha caducado? ¿Habrá que soñar con una España nueva o con una camisa nueva?

Vivir en un mundo de igualdad: para ellos vivir en igualdad está en el mundo de los sueños y la imaginación. Bueno, pues que sueñen más.

[Estribillo: será comentado al final]

Sabes que es nuestro momento: Sí, sé que es vuestro momento de volver a perder las elecciones y tiraros cuatro añitos más en la oposición.

No podemos dejarlo escapar: totalmente de acuerdo, no podéis dejar de escapar la oportunidad de seguir estando en la oposición.

No, no esperes más tiempo: tranquilos, hasta el 9 de marzo tengo tiempo para colaborar, con mi voto, a manteneros en la oposición.

Ahora te tienes que mojar: ¡qué mal les queda a los peperos ponerse modernos y cercanos!

Hoy, queremos invitarte: gracias, pero no, elijo bien a amigos.

A un proyecto de justicia y libertad: ¿La justicia que tuvieron los que aún están enterrados en cunetas? ¿La libertad de no poder decidir que preferimos no morir con dolores indecibles?

La historia está de nuestra parte: especialmente si la escribe Pío Moa.

Juntos vamos a revolucionar: ¿revolucionar qué? Revolucionar es un verbo transitivo.

Habrá que currar muy duro: vale lo dicho antes sobre “Ahora te tienes que mojar”.

No, nos lo van a regalar: y yo que quería las indemnizaciones de Villalonga y Pizarro cuando dejaron de ser comisarios del PP en las empresas públicas recién privatizadas.

Somos la apuesta del futuro: no sabía que el futuro apostara. Además ser la apuesta no tiene que ser el futuro. Yo apuesto por el Betis cada vez que empieza la Liga, y eso no hace que la gane.

Nos llaman Partido Popular: al revés, os llamáis “Partido Popular”, ya que vosotros habéis elegido el nombre y los demás nada tenemos que ver. Es el nombre oficial del PP, no un apelativo o mote. Podríais haber dicho: “nos llaman peperos, fachas”

[Estribillo]

Uniremos nuestras ilusiones: unir las ilusiones es acabar teniendo una sola ilusión, como ya tienen un pensamiento único.

Lucharemos por defender nuestros valores: ¿en futuro? Lo deseable y por lo que os votan por es porque lo hagáis desde ya (o desde que se refundó el PP).

Por el futuro de los españoles: es decir, lucharán por defender nuestros valores, por el futuro de los españoles, con lo que queda claro que sin sus valores el futuro de los españoles les da igual.

Avanzaremos en todas direcciones: eso es bueno, que avancen en todas direcciones, porque hasta ahora sólo lo han hecho hacia la derecha.

Decisiones irracionales que pueden ser muy racionales

“El Mercantil Valenciano” publica una noticia cuyo titular es un ejemplo de equivocidad. Dice este medio “Un estudio universitario valenciano afirma que los políticos toman decisiones ‘poco racionales’”.

Independientemente de la opinión que nos merezcan las decisiones de un político u otro, de que las consideremos acertadas o no, cuando se da una noticia cono ésta hay que huir del sensacionalismo y definir desde el principio de que a la racionalidad a la que se alude es un concepto determinado de racionalidad.

Yo seré más o menos racional dependiendo del concepto de racionalidad que me apliquen y hay tantos conceptos de racionalidad como teorías que se han elaborado sobre este tema y rama de la ciencia que investigue.

El estudio se basa en la “Teoría de la elección racional”. En esta teoría se considera que la elección más racional es aquella que proporciona una mayor utilidad. “Utilidad”, otro concepto problemático, pero que consideramos equivalente a “rendimientos económicos”, que tampoco es decir mucho. Dicho a lo bruto, una elección es más racional cuantos más rendimientos económicos proporcione.

Apliquemos simpáticamente a algunas de las elecciones que un político puede tomar. Tener servicios de asistencia a las personas mayores sería una elección poco acertada e irracional, porque el bienestar y la salud de los mayores producen mucho gastos, ellos gastan poco si se mantienen vivos y sanos, produciéndose por tanto un déficit. Lo racional sería cerrar estos servicios, si los hay siempre que los ingresos sean menores que los beneficios directos e indirectos del servicio.

Esta es la racionalidad a la que, en el fondo, está aludiendo el precitado estudio. ¿Es deseable que los políticos sean racionales o irracionales según esta teoría? Habrá asuntos en los que esta racionalidad sea deseable, pero muchos otros en los que no, y especialmente en los más sensibles desde un punto de vista de cohesión social. Será poco racional, pero yo quiero que disponer de servicios de atención cuando sea mayor y no sea rico para pagarlos yo (que es lo previsible).

Personas de orden

Una categoría que oigo utilizar con cierta frecuencia es la de ser una “persona de orden”. Como todas las categorías intuitivas es fácil saber a qué se refiere, pero su definición tiene obstáculos. Hagamos un intento.

Una “persona de orden” es aquélla que está totalmente de acuerdo, al menos explícitamente, con el orden conservador, que no es necesariamente el orden establecido. Esto es así porque el orden conservador se basa en la idea de que la verdadera esencia de las cosas corresponde a un tiempo anterior.

La  innovación en esas esencias no es necesaria e incluso es nociva. Nosotros sólo hemos de mantener actuales estas esencias. El paso del tiempo hace impracticable mantener el pasadote forma incólume, por lo que se pasa a la añoranza y a intentar salvar los elementos más beneficiosos de lo pasado.

Las “personas de orden” consideran que todo tiene, y el nombre no es vano, un orden. Ese orden es jerárquico, sin movilidad o movilidad simbólica, y, claro, ellos siempre deben estar en las posiciones superiores de ese orden jerárquico.

Las “personas de orden” se sienten seguras cuando el poder está de su lado, pero se convierten en seres casi paranoicos cuando consideran que el poder no garantiza su orden, ya que consideran ilegítimo e inmoral cualquier orden que no sea el suyo.

Las “personas de orden” están tan convencidas de que su orden es el único verdadero y bueno. Precisamente, por esta consideración, sostienen que los otros órdenes posibles no sólo son falsos, sino que son consecuencia de alguna patología, ya que una mente ordenada únicamente podría aceptar su orden. Si se cree, se piensa o se mantiene otro orden no es por error en el conocimiento, pues el orden es evidente, sino porque hay una tara mental.

Para las “personas de orden” su orden es lo normal, o debería serlo, lo que se sale de ese orden es anormal o raro. Tienen una fuerte tendencia a confundir la realidad y el deseo. Siempre piensan que la mayoría como ello o tiene su misma escala de valores. Si la realidad les desmiente reducen el espectro de la realidad y sólo pasan a ser considerados como reales lo que sí coinciden, los otros son subproductos de la realidad.

La única flexibilidad que admiten es la referente a ellos mismos o su círculo: la consabida doble moral que en este caso llega ser una doble ontología. Son pocos los casos en los que la cercanía existencial del hecho no altera lo que antes se considera normal, aunque ello no implica a ningún replanteamiento, sino que pasado el hecho se vuelve a la situación anterior.

John Rawls no hubiera pensado formular su célebre “velo de ignorancia” si hubiese tratado con “personas de orden” tan habitualmente como lo he hecho yo. Como yo indiqué anteriormente el orden de estas personas es un orden jerárquico y realmente interesante como se reconoce la propia inferioridad dentro la jerarquía.

Las “personas de orden” siempre consideran que hay gente por debajo, despreciando cualquier criterio cualitativo a la hora de establecer grupos y estratificación para asumir únicamente los cualitativos del propio orden. De hecho admitir la inferioridad es una forma de incorporar un elenco de criterios que les permita a esos “inferiores” considerarse superiores a otros.

A vueltas con Marruecos

Manolo Millón escribió una entrada con el título “Marruecos nos va a machacar, sobre todo a los andaluces”. Yo le respondí con un cometario en su blog y una entrada en el mío: “Marruecos: salarios bajos y alto riesgo inversor”. Recibí réplica con la entrada “Invirtiendo en Marruecos”. Vuelvo a contestar con intención de acabamiento.

Antes de empezar tengo que hacer una precisión. Cuando se cita o extracta un conjunto de artículos y se le pone título, como hace Manolo Millón, hay una labor indiscutible de autoría y de asunción de lo extractado, salvo que se cite para ponerlo en cuestión. Para escribir esta entrada he recurrido a muchos datos, pero con la excepción de un estudio no los cito expresamente, porque he tenido un día malo y no estoy como enlazar (espero vuestras comprensión).
 
El hecho de que haya que promocionar las inversiones en un país como lo hace el gobierno marroquí o incluso otros países, implica que es un producto difícil de vender a los ojos de los inversores.

Las expropiaciones después de la independencia, por llamarlas de alguna manera, quebraron no sólo la raíz económica de Marruecos, sino que han condicionado la percepción externa de este país. Aún hoy el gobierno marroquí sigue aferrado a la tierra que expropió, negándole a los extranjeros el derecho de propiedad, por más que la “Sociedad de Gestión de Tierras Agrícolas” haya sido un fracaso inmemorial. Esto tampoco genera confianza.

La base de tu argumentación es que los salarios bajos, la falta de sindicatos y la debilidad de la Ley atraen inversiones. La base de mi contrarréplica es que esto no es suficiente que atraer inversiones de cierto nivel, para que las inversiones sean duraderas y mucho menos para presentar a Marruecos como modelo de libre mercado.

A tu argumento de base puedo denominarlo como “trinca mientras dure”. El problema es que estas duraciones terminan de golpe y luego pierdes lo invertido, los clientes que esperaban productos que no puedes proporcionar y credibilidad en el mercado. No me parece que “trinca mientras dure” sea un criterio serio.

Hablaba yo de inseguridad jurídica y tú no sólo no reconoces que tengo razón, al menos una parte, sino que te empecinas en poner a Marruecos como el paraíso del capitalismo. No en vano dices: “Si a eso añades mano de obra cualificada, cercanía, escaso poder de los sindicatos, menos trabas al despido, mayor seguridad jurídica… ahora mismo te sale Marruecos” (el subrayado y la negrilla son mías). Decir o sugerir que en Marruecos hay seguridad jurídica es poco realista, si me permites.

Hablo de que prefieres la inseguridad jurídica a la seguridad jurídica por el siguiente comentario: “Delphi sabe bien a lo que se refieren los sindicatos locales cuando se quejan de la paz social y de la vista gorda de la Administración y la Justicia marroquíes. Pronto hará un año que despidió a casi 450 empleados por defender sus derechos sindicales. No hubo oposición. Hoy emplea a más de un millar, y en la nueva empleará a unos 3.000”. Podrás decirme que lo dice “El País” pero el enlace me lleva a un bonito reportaje sobre el “Homo Bionicus”, de forma que lo tomo como tuyo. En todo caso y pensando que es una cita, la omisión de crítica constituye por sí una aprobación (y seleccionar es aprobar).

Personalmente no veo la seguridad jurídica por ningún sitio. En el Informe Global sobre Corrupción de 2007, que se centra en la Justicia, Marruecos ocupa el puesto 79, más del sesenta por ciento de los usuarios consideran que el sistema judicial es corrupto y tres de cada cinco confiesa haber pagado un soborno. Los dos estamos de acuerdo, eso pienso, en que la Justicia es el mejor instrumento para resolver las ilegalidades y las rupturas contractuales. Una Justicia corrupta no aporta confianza a la inversión, porque se vende al mejor precio. En Marruecos el problema no es solamente la Justicia, sino cada una de las instancias administrativas que a su nivel te van a pedir algo cada vez mayor.

Puede que las circunstancias inconfesables hagan que la Justicia esté a favor de un determinado inversor, incluso en contra de la Ley, pero esas circunstancias son tan poco previsible, tan tendentes al aumento de precio que dudo que merezcan la pena. Tú dices que económicamente sí vale la pena porque las ganancias, aún pasajeras, pueden resultar atractivas por comparación y los costes menores: “[…] comprar a un funcionario corruptible es mucho más caro y difícil aquí que en Marruecos.”

Me parece que pasar por alto el hecho de que la Ley, en Marruecos, se identifique con la voluntad del Rey es trivializar. El hecho de que los sindicatos puedan ser débiles no quita nada a la pervivencia de otras estructuras, muchas de ellas feudales, con las que hay que pactar continuamente y tienen mecanismos de “persuasión” mucho más contundentes que los sindicatos europeos (sobre sindicatos es mejor que ni hablemos).

La Monarquía marroquí se asienta sobre el ejercicio autoritario del poder y un fundamento religioso, no en vano el Rey es el “príncipe de los creyentes”. Esto implica cierto grado de populismo para que la inestabilidad social no se transforme en inestabilidad política y este populismo tiene como objetivo predilecto al extranjero, no sólo por serlo, sino por ser además infiel.

Si llevamos al extremo el argumento de los salarios, tendríamos que considerar que la vuelta de la esclavitud legal sería una medida de incentivo económico. La lucha contra esclavitud fue también una lucha económica, por la igualdad de armas en el mercado internacional.

Vayamos a lo personal. Reconozco que tengo el defecto de escribir, en ocasiones, con “mala baba”. Te explico lo quise decir con “mala fe” en este caso: “comparar dos dimensiones no comparables. Decir que Marruecos nos va a machacar es pensar que la deslocalización es culpa de alguien, cuando sabes, como yo lo sé, que es una opción económica; decir que nos va a machacar es sugerir que nuestro nivel desarrollo es igual al de Marruecos y que no seremos capaz de aguantar su empuje (Alemania sigue siendo una potencia y sí que ha tenido deslocalizaciones).

En la réplica que me das, considero que vuelves a comparar situaciones que no son comparables: Venezuela y los países de la Unión Europea. Tampoco es comparable el decisionismo y el autoritarismo con las promesas electorales en una Democracia. El procedimiento es consustancial a la Democracia y al Estado de Derecho y es la mejor forma de evitar el populismo.

También, como tú he sido insultado muchas veces. En muchas ocasiones son calificativos parecidos a los que tú pones. No era mi intención insultarte, como te contesté en mi blog, aunque he de confesarte que me alaba que haya abierto un nuevo hueco en ese catálogo que citas (lo digo con una amable sonrisa). Lo de “autodenominado liberal” no tengo la impresión de que sea un insulto, es más, no me molestaría que alguna vez me dijeras “autodenominado socialdemócrata”. En todo caso nunca ha sido mi interés insultarte y en mi blog así te lo he manifestado.

Te agradezco que alguna vez me hayas comparado con Egócrata, Judas o Lüzbel, aunque me reconozco más en ese escalón atrás en el que tú me sitúas ahora.

Apuntes sueltos sobre el debate

Deben ser ya cientos las páginas dedicadas en periódicos y en blogs al primer “debate presidencial”. Analistas más capacitados que yo han escrito sobre todo: quién ganó, cómo lo hizo y muchos intentan ahora maquillar la situación. Yo me voy a conformar con algunas consideraciones sin ningún afán sistemático:

1) Rajoy insistió hasta la saciedad en la cifra del paro y Zapatero en los empleos creados. Realmente los dos tenían razón y cada cual empleaba el dato que mejor les venía. La pregunta es la siguiente: ¿Es preferible tener 17 millones de trabajadores y 2 millones de parados (Rajoy) o 20 millones de trabajadores y 2,2 millones de parados (Zapatero)?

2) El candidato del Partido Popular quiso hacer una ventaja del hecho de hablar primero y marcar los temas de los que deberían hablarse. Insistía en la inmigración y, claro, la regularización con el “bonobús” le dio fuerte a Rajoy, que parecía que no sabía ni qué era eso. Los bloques de discusión me parecieron demasiado amplios y más cuando hay dos debates; los partidos podían haber concretado mucho más los bloques, aunque si no lo hicieron es porque no quisieron.

3) Lo que más gracia me hizo fue el intento de Rajoy de decir de qué se puede hablar y de qué no se puede hablar. Él se remontaba a 1996 cada vez que le apetecía, pero quería que Zapatero no hablase más allá de 2004. Evidentemente cuando uno ha sido Vicepresidente del Gobierno y ministro de varios departamentos tiene que someterse a la crítica; cuando uno se presenta como el más capacitado, ha de asumir que se examine a fondo la capacidad demostrada cuando tenía responsabilidades. Rajoy tiene pasado más que le pese.

4) Rajoy ha decepcionado por enésima vez a sus fieles. El hecho de haber ridiculizado continuamente a Zapatero hace la derrota mucho más humillante: cosas del juego de expectativas. Si durante toda la legislatura les ha dicho de todo a Zapatero, es difícil subir el tono en una “cara a cara”, salvo que mientes a su familia: cosas de gastar artillería antes de tiempo. De todas formas no creo que Rajoy vaya a perder ni a un solo fiel por el debate, al igual que Zapatero.

5) Los del Partido Popular deben echar a la calle inmediatamente al genio que se le ocurrió el cuentecito de la niña para acabar. Nadie se considera tan tonto como para necesitar que le hagan las propuestas por medio de una narración. Además Rajoy la leyó, cosas de tener las ideas poco claras.

El PP promete una medida que ya existe

Un amigo abogado que ha mandado un mensaje en el que me decía que el punto 908 del Programa del PP comete un error de bulto, prometiendo una cosa que ya se hace.

Dice el punto 908 del programa del PP: “Reformaremos la Ley de Enjuiciamiento Criminal para que el quebrantamiento de una orden de alejamiento sea juzgado a través de un juicio rápido.”

Resulta que esto ya existe y que no hace falta reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal, porque el quebrantamiento de una orden de alejamiento ya es juzgado por medio de un juicio rápido. (art. 795 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal). El PP propone hacer una cosa que ya existe y ellos no se han enterado.

Titulan su programa “Las ideas claras”; no tienen las ideas claras, ni siquiera las tienen confusas; lo que sí es cierto es que NO TIENEN NI IDEA. ¿Así piensan gobernar España?

Dos formas de anunciarse, dos opciones diferentes

Anoche, por primera vez, vi anuncios de campaña electoral. Uno del PSOE y otro del PP. Naturalmente la valoración que voy a hacer no es objetiva, pues uno no se autodenomina “Geógrafo Subjetivo” en vano y tengo muy definida mi opción política desde hace bastante tiempo.

En el anuncio del PSOE un joven iba a recoger a su madre para llevarla a votar, aún sabiendo que ella votaría al PP. El uno le preguntaba al otro sobre si había cambiado de opinión y ninguno de ellos lo había hecho. Subía la cámara y enfocaba un cartel electoral de Zapatero con el lema, creo, “votar con todas tus fuerzas”. El anuncio dejaba un buen sabor tremendo y rápidamente se sentía identificado con esa madre y ese hijo, eso sí, te entran unas ganas tremendas de votar igual que el joven: al PSOE.

El anuncio del PP era uno del que algo había leído: el del embargo. Mal rollo por todos lados y además difunde el mensaje de Zapatero. Este anuncio tiene el problema que sólo le llega a los embargados o los que están bajo amenaza inminente de embargo, especialmente cuando en España, si algo se tiene claro, es que lo último que se deja de pagar es el piso. Junto a ello, socialmente se tiene la consideración de que quien pierde su casa es porque no ha sido responsable, trabajador y que ha atendido antes a otras cosas que a su propia familia.

Uno es el anuncio del talante; el otro el de la crispación que ahora niegan mientras son capaces de emitir ese anuncio de publicidad negativa. Uno es el anuncio de los españoles de verdad, del presente, de la gente que se quiere más allá de las decisiones electorales; el otro es el anuncio del fracaso, en el que ningún español quiere verse aunque sea para decir que hay evitarlo. Uno el voto de la esperanza; el otro el voto del miedo. Uno es un anuncio de una realización impecable; el otro es un anuncio cutre, propio de culebrones y con el peligro de que nadie se identifique con la familia tipo que ellos ponen como ejemplo.