Maquillaje político francés

Francia es un país reconocido internacionalmente como la primera potencia en cuanto a moda, complementos y cosméticos respecta. Ahora ha llevado la técnica cosmética a la política con una habilidad inusitada, aunque no es la primera vez que esto se intenta tanto en Francia como en otros países del mundo.

El Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, ha sorprendido a algunos medios nacionales e internacionales con la elección de los miembros de su gobierno y de los más altos puestos en la administración francesa. Sarkozy pretende redimirse de sus polémicas reacciones ante los disturbios en los barrios periféricos de París y Marsella, que fueron tenidos por muchos como catalizador decisivo para subir la intensidad de estos disturbios.

Ahora Sarkozy ha decidido poner a una descendiente de inmigrantes marroquíes al frente del Ministerio de Justicia y a otro hijo de la inmigración como Secretaria de Estado de Ciudades.

Estos nombramientos quedan bien, políticamente correctos y dan una impresión de multiculturalidad “prima facie”, pero cualquiera que conozca mínimamente los entresijos de un gobierno y de una administración sabe que para que el cambio sea verdaderamente decisivo hay que modificar también otras escalas del gobierno y la administración, menos vistosas pero más importantes tanto en el plano técnico como en el decisorio.

Cuando no se quiere que nada cambie, a estas personas se les pone en el vértice del poder, abrumadas de papeles y actos protocolarios, teniendo que delegar continuamente en un conjunto de asesores que son quienes deciden realmente, sea por el volumen de lo que tienen que hacer como por la falta de experiencia que tienen para desempeñar cargos de tamaña importancia. Si a Sarkozy le hubiese interesado un cambio de verdad, hubiera situado a muchos de estos representantes de las minorías y de otros grupos sociales en puestos de tercer y cuarto rango, adquiriendo la experiencia necesaria para que cuando llegasen a la cúspide del poder y la administración francesa no se vieran aturdidos como estos van a verse.

Es obvio que a Sarkozy no le interesa el cambio verdadero, pues lo ha dejado claro en sus anteriores responsabilidades y con el programa que se ha presentado. Esta operación no es reconocer a todos los franceses el derecho a participar de la dirección de su país, sino que solamente es una operación de maquillaje. Un maquilla de colorido local para distraer la atención.

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