Amigas y amadas

Las relaciones personas son tan diferentes que nuestro lenguaje cotidiano muchas veces nos traiciona o al menos es inconveniente para hablar correctamente de éstas. Muchas veces se sitúa al odio en un extremo de una misma relación, cuyo extremo contrario es el amor. Evidentemente hay puntos intermedios. Voy a centrarme en la relación entre amistad y amor.

Cuyas veces consideramos que el amor es una intensificación de la relación de amistad. Esto es falso, porque no son la misma relación con diferentes grados de intensidad, sino dos relaciones diferentes, con dos sentimientos correlativos también diferentes.

Ésta es la causa por la que los varones entendemos que la propuesta de amistad por parte de una mujer es realmente la negación de la posibilidad de amor. Caer en la tentación de querer ser amigo de una mujer con vista a un proceso de enamoramiento, es perder el tiempo y hacer el tonto. No se puede ser amigo de a quien se ama, sólo se puede ser su amante, nunca tener amistad con ella.

Presidencialismo para España

El sistema parlamentario establecido en España fue, en su momento, una incorporación al sistema ordinario de la mayoría de los países de las Comunidades Europeas, a las que no pertenecíamos en ese momento. No cabía en la cabeza, ni había precedente alguno en el Derecho Comparado, de establecer un Presidente fuerte. De hecho se quería y se optó por el sistema de gabinete reforzado propio del Reino Unido, gracias a una normativa electoral contraria a las minorías políticas de ámbito nacional, posibilitando lo que se ha llamado “bipartidismo en ciernes”.

Varios acontecimientos han posibilitado que se apunte la creación de un verdadero sistema presidencial en España. Preliminarmente hemos de indicar que el Presidencialismo no es incompatible con la existencia de la Monarquía, pues el Rey no tiene poderes políticos independientes, por lo que no habría interferencia.

El Presidente del Gobierno en el sistema presidencialista debería ser elegido directamente por la ciudadanía. La elección debería en una única circunscripción y a doble vuelta.

La única circunscripción evitaría que el voto de una zona del país valiese más que la de otra, concretamente sería una forma de quitarle el peso político desorbitado a las zonas rurales de poca población, en beneficio de la mayoría de los ciudadanos. Se cumpliría realmente el aforismo que dice que “una persona, un voto”.

La elección a doble vuelta garantizaría que el Presidente que fuera elegido estuviera respaldado por la mayoría de la ciudadanía, cosa que no se consigue con una sola ronda, ya que normalmente el Presidente siempre sería un candidato minoritario.

Francia tiene un sistema de preselección de los candidatos que consiste en la necesidad de presentar un respaldo firmado por cargos locales o nacionales, con la finalidad de que no se presenten doscientos candidatos en búsqueda de la anécdota o la promoción personal, y que los candidatos que se presenten sean de cierta entidad o que por lo menos cuenten con el respaldo de una fuerza con cierta fuerza social. Esto es un sistema de limitación y como tal hace que la calidad democrática pierda, pero sería conveniente no convertir las elecciones presidenciales en un carnaval. De hecho ya se hace en España con las candidaturas independientes.

Actualmente el Presidente del Gobierno nombra libremente a los miembros de su gobierno, sin concurso de las Cortes. No tendría sentido modificar esto, si lo que tratamos es de reforzar la Presidencia. La técnica de confirmación en los Estados Unidos no es factible. Dada la disciplina parlamentaria que existe en los países europeos, no se podría formar gobierno en determinadas circunstancias. Ello no sería óbice para que los ministros y otros altos cargos comparecieran antes de ser nombrados.

El Presidente no podría ser objeto de ninguna censura. Por lo que sólo podría dejar el cargo por renuncia, fallecimiento o incapacidad, o por medio de una sentencia penal del Tribunal Supremo y/o del Tribunal Constitucional. La sucesión del Presidente tendría que estar marcada severamente y creo que el candidato a la Presidencia debería comparecer ante los electores con un candidato a la Vicepresidencia, como en EEUU, de forma que el sucesor pudiera terminar el plazo de mandato sin necesidad de convocar elecciones especiales.

El Presidente perdería la capacidad para disolver las Cortes antes de la finalización de la legislatura y así se reforzaría la mermada división de poderes que tenemos. Sí ganarían la capacidad de nominación de determinados cargos judiciales, con confirmación parlamentaria, pero sin mayorías reforzadas. Esto tendría el efecto positivo de cambiar determinado sentido corporativista en el Judicatura y darle la preeminencia al puesto y no a la antigüedad del juez. Permitiría democratizar la Justicia.

El número de mandatos es una cuestión siempre problemática. Hasta ahora no ha habido limitación constitucional ni legal ninguna. Creo que los mandatos deben ser dos y cada uno de una duración de cinco años, de forma que la permanencia máxima continua en la Presidencia sería de diez años.

Habría que autorizar de forma expresa el ejercicio de la potestad reglamentaria “praeter legem”, incluso reduciendo la excesivas “reservas de Ley” que hay en nuestro texto constitucional. El reglamento “praeter legem” dejaría de ser tal para convertirse en tener rango legal en ausencia de Ley o de revocación por la Cortes por medio de una Ley. Habría que revisar la necesidad del Decreto-Ley, teniendo en cuenta la nueva figura generalizada del reglamento “praeter legem”. El Decreto-Legislativo podría continuar como ahora.

Dado que el Presidente tiene una legitimidad democrática directa y puede tener una orientación diferente de las Cortes, hay que buscar un equilibrio. Al Presidente se le debería conceder la facultad de vetar una Ley de las Cortes. El veto debería consistir en la negación de la firma, para lo que sería necesario que el Presidente firmase, junto al Rey, todas las leyes (lo que ahora es práctica normal). El veto debería poder ser enervado por las Cortes por una mayoría cualificada. La Ley Presupuestaria debería estar fuera de la potestad de veto presidencial. El Presidente conservaría el derecho de iniciativa legislativa, como lo tiene en la actualidad.

Las Cortes deberían cambiar, naturalmente. Para el Congreso se debería adoptar un sistema más representativo y menos territorial, manteniendo la proporcionalidad, mientras que el Senado debería ser la cámara de representación territorial, habiendo dos o tres senadores por Comunidad Autónoma.

Sarkozy ya es Presidente

Sarkozy se merece ya ser un tema estrella en mis escritos, porque voy a volver a hablar de él. Hoy ha tomado posesión como Presidente de Francia, con ese protocolo de religión laica y monarquía republicana con el que los franceses saben rodea a su más alta magistratura. El fragmento de su discurso que he podido oír se acerca mucho a la temática que me gustaría que los políticos de la izquierda española empleasen; le he oído hablar de grandeza, de cumplir con la palabra dada, de identidad, pero todo ello con serenidad democrática, con templaza que hace que la firmeza no pueda convertirse en arbitrariedad.

El absurdo concepto de campaña electoral

La legislación electoral española es absurda. Limita la campaña electoral a los dieciséis días anteriores a las elecciones, siendo el último el “día de reflexión”. Las campañas electoral ya duren meses y se ha buscado el eufemismo “precampaña” para darle cabida conceptual a la colocación de vallas, carteles, al anuncio de las candidaturas y la celebración de actos. En la precampaña electoral todo sabe a campaña, con la excepción de que no se puede pedir el voto.

La prohibición de prohibir el voto ha generado un caudal de sinónimos para decirlo sin nombrar el “voto”. Es un absurdo. Es como celebrar una fiesta de cumpleaños sin que asista el que los cumple o un funeral en el que el muerto está vivo. Las campañas deberías durar oficialmente todo lo que duran realmente y llegar hasta el mismo día de las elecciones.

El actual sistema de campaña electoral solamente propicia el absurdo, pero en España, país que gusta de las cosas sin sentidos, de que haya procuradores y abogados, notarios y registradores, médicos de cabecera y de atención especializada, un nuevo absurdo no es relevante.

Sarkozy y el olvido del pasado inmediato

Sarkozy promete como presidente ‘rehabilitar la autoridad, el mérito y el honor de la Nación’. Ésta es la portada de “El Mundo” hoy. Ya he dicho que Sarkozy me cae bien y que lo mismo le hubiera hasta votado, pero estas palabras me han producido algunas consideraciones.

Los últimos doce años la Presidencia de Francia ha sido detentada por un miembro de su mismo partido, la UMP; muy mal lo ha tenido que hacer Jacques Chirac para que su compañero de partido tenga de rehabilitar el país. Añadamos a esto el dato de que durante los doce años de mandatos de Chirac, ocho han sido con mayorías parlamentarias del partido de Sarkozy.

Si Francia necesita una rehabilitación algo habrá tenido que ver Sarkozy, pues el partido que dirige ha gobernado Francia y él mismo ha sido ministro de Economía y del Interior.

Francia: segunda vuelta. Sarkozy y Royal

En Francia se han publicado los últimos sondeos sobre las elecciones presidenciales, cuya segunda y definitiva vuelta será el mañana. Todos los sondeos dan la victoria a Sarkozy frente a Royal, aumentando su diferencia respecto a los sondeos de días anteriores. Mi teoría sobre la división a la mitad del voto centrista se cumple, lo cual le entrega la presidencia de la República al candidato de la UMP.

Destaca “El País” que entre los votantes de extrema izquierda (que no sé si en Francia son un colectivo numéricamente representativo) Sarkozy recibe el respaldo de casi la cuarta parte, lo cual, a mi entender, es sintomático de un cambio de tendencia en este país vecino, ya que paradójicamente es el candidato de la derecha el mejor garante de la laicidad del Estado Francés.

Otro elemento llamativo es que la derecha francesa, y universal, tiene una habilidad inusitada para dar la vuelta a los acontecimientos: se queman miles de coches bajo el mandato de Sarkozy como ministro del Interior y él tiene la imagen de duro frente al crimen, cuando fue el responsable de no atajar estos desmanes. Pero es que los socialistas franceses, y los de todo el mundo, operan con una tontería, que permite estas maniobras de “vuelta de la tortilla”. En vez de atacar al ministro por la inoperancia de las fuerzas del orden, se ponen a hacer metafísica de la integración, de la diferencia y la pluriculturalidad, cuando ante todo estaban ante una clara y simple alteración del orden público que Sarkozy no pudo atajar, sólo cabiéndole esperar a que se agotara en ella misma.

Si yo fuera francés y pudiera votar mañana. No sé, lo mismo también lo hacía por Sarkozy. Royal se suena a una política de caramelo, con buen sabor pero con poca consistencia.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/ultimos/sondeos/dan/vencedor/Sarkozy/presidenciales/francesas/elpepuint/20070505elpepuint_4/Tes