Limpieza de sangre política en Polonia

El conjunto de archivos de la Policía Política polaca, durante la época del Comunismo, se encuentran dentro del llamado Instituto de la Memoria. Esta idea que es buena por sí misma se está convirtiendo en una maquinaria de represión política realmente preocupante. El gobierno conservador polaco, con tintes autoritarios, ha pedido que diversos profesionales y funcionarios del Estado en la que declaren no haber colaborado con la antigua policía política. Estas declaraciones serán contrastadas en el archivo y en el caso de no corresponder lo declarado con el contenido documental se puede incurrir en delitos relativos al falso testimonio.

Muchos cuestionan la veracidad de estos y su intangibilidad. Lo primero se debe a que los procedimientos eran secretos o bien la Policía Política pudo haber introducido elementos inculpatorios contra personas que no habían colaborado, con la única intención de involucrar al mayor número de personas posibles, en los momentos postreros del régimen. Lo segundo se debe a que nadie ha vigilado que estos archivos no fueran modificados en el transcurso de los años y bien se han podido añadir nuevos documentos.

España, durante su época dorada, exigía certificados de limpieza de sangre. Ahora Polonia los exige de limpieza política. En España, después de la expulsión de los judíos en 1492, la limpieza de sangre era más un prejuicio social que una realidad, pero en la Polonia de inicios del siglo XXI la colaboración con un sistema represivo tan consolidado y extendido como el comunista era una realidad de la que es muy difícil alejarse, pues tocaba a todos de una manera u otra. Es tan absurdo como hubiera sido pedir a los españoles certificados de no tener relaciones con el Franquismo después de desaparecer un régimen que perduró cuarenta años.

Los archivos están ahí. Quién quiera puede consultarlos, si son públicos, y ver los antecedentes con la Policía Política de cualquier persona. Pero, eso sí, deberían garantizar la veracidad a través de procedimientos de investigación histórica, y también analizar la intangibilidad pasada, presente y futura.

Al menos los polacos han conseguido mantener los documentos, aunque haya sospecha sobre algunos de ellos. Cosa que los alemanes no han podido hacer en su totalidad, pues fue la propia Policía Política (la Stassi) la que animó a los numerosos manifestantes que estaban en la calle, en esos días, a asaltar sus oficinas, destruyéndose de esta manera numerosos informes o dando cobertura para que los funcionarios pudieran legitimar la destrucción anterior o posterior de estos.

Vuestras manifestaciones me dan asco

Me dais asco, aún me lo dan vuestras manifestaciones. Cuando os congregáis para protestar sólo puedo pensar que las ratas de la peste han salido a la calle para profanar el templo de la libertad. No creéis en el derecho a manifestación, buscáis la manera de limitarlo, eliminarlo, pero lo explotáis para destrozar su sentido. Lo llenáis todo de banderas españolas, os parapetáis tras ella como refugio y provocación. Os la habéis apropiado, pues bien, quedárosla, yo no la quiero. Si la bandera significa muerte, no la quiero; si la bandera es imposición, toda para vosotros; si la bandera implica desprecio, que mis manos no se manchen con ella. Mi bandera, con los mismos colores y formas, es la libertad y la igualdad. Pero no a esa libertad en la que la minoría siempre quiere mandar sobre la mayoría, la libertad de los que se consideran mejores sin aportar ninguna prueba que el sentimiento injustificado de superioridad. Porque os hemos dejado salir de las cavernas e caminar por la praderas, pensáis que la pradera es vuestra, que nosotros somos los intrusos, perdiendo la memoria del aquel tiempo en el que desbastasteis la tierra y a sus habitantes.