No puedo con los pijos de derecha

No puedo con los pijos de derecha, son superiores a mis fuerzas, incluso peor aún que los progres. En un libro que estoy leyendo estos días, los autores sintetizan el pensamiento conservador del pensador y político irlandés Edmund Burke en seis puntos fundamentales: profunda desconfianza hacia el poder del Estado; libertad antes que igualdad; patriotismo; creencia en las jerarquías e instituciones establecidas; escepticismo acerca del progreso; elitismo. Estos puntos son la base de la descripción que vamos a realizar de los pijos de derecha, aunque naturalmente tendremos que introducir algunas aclaraciones, subrayar determinados aspectos y complementar puntualmente el contenido.

Para el pijo de derecha español la desconfianza en el poder del Estado nace especialmente cuando no son los de su tendencia lo que dirigen el Estado. Rápidamente, tras una derrota electoral de la derecha, en este momento el PP, sienten que el Estado es opresivo, atosigante, que no deja espacio para la libertad y hasta se sienten perseguidos. Muchas veces estos síntomas aparecen cuando ni siquiera se ha producido el traspaso de poderes y sigue gobernando la derecha, aunque sea en funciones. Su odio al Estado, a la burocracia y un impostado liberalismo no le impiden sentir fascinación por determinados funcionarios públicos, como Abogados del Estado o Jueces, y ser unos enamorados de todo tipo de subvenciones públicas, a las que concurren entre los mayores de los alborozos.

El pijo de derecha lo que no puede es con la igualdad, nada más la idea le da el peor de los temblores. Se considera naturalmente superior a los demás, sin que en ningún momento demuestre que dones de la naturaleza ha recibido que justifiquen objetivamente el sentimiento de superioridad. La libertad tiene que ser respetada sobre todo lo existente, pero no se confundan, la libertad propia, nunca la ajena. El otro, que no es el pijo de derechas, se caracteriza porque o bien no sabe utilizar correctamente la libertad o bien no tiene que ser libre, ya que no tiene el autodominio preciso.

Otra cosa no, pero el pijo de derecha se siente español hasta la médula. Más español que él no hay nada. Es tan español que todas sus ideas son intrínseca y puramente españolas, de forma que otra idea que no coincida milimétricamente con la suya, es una idea al menos no española y muy probablemente sea una idea antiespañola. El pijo de derecha ama a España, aunque prefiere que su consumo sea de productos extranjeros, pese a que sus posibilidades económicas no siempre se adecuan con las preferencias. El pijo de derecha ama a España, pero odia a los españoles.

Como ya apuntábamos al hablar sobre la relación entre la libertad y la igualdad: el pijo de derecha odia la igualdad. Considera que efectivamente hay un orden jerárquico natural y anterior y que éste debe ser respeto. El pijo de derecha se vuelve loco con dos temas, la educación y la religión, y la mezcla de los dos es para él un éxtasis. Se toman en serio la religión, pero no son religiosamente serios. El Catolicismo está muy bien para los hijos adolescentes, pero para uno mismo la mayor de las anarquías es el estado deseable. La educación no ha buscar educar, sino marcar las diferencias desde el principio, eso sí, sin que cueste el dinero que no se tiene, por ello se defiende la enseñanza concertada a ultranza.

“Todo tiempo pasado fue mejor”. Este refrán es un dogma del pijo de derecha. Fue mejor porque la sociedad estaba más estratificada, había menos oportunidades de promoción social y, por tanto, menos competencia. En el interior de su corazón, el pijo de derecha español es antiliberal y no sólo en lo moral, sino sobre todo en lo económico: adora las instituciones de naturaleza corporativa y que cierran el paso a la libre competencia.

Es ocioso indicar que el pijo de derecha considera que él está en las partes altas de la jerarquía social, aunque nunca llega a justificar el motivo de la esa apreciación. No puede decir la nobleza, porque nobles hay pocos y algunos de ellos hacen gala de notable innobleza; no puede decir el dinero, porque el pijo de derecha desprecia al nuevo rico, al hombre hecho a sí mismo.

Los pijos de derecha suelen tener una capacidad intelectual más bien normal y lo que conocen es a través de la radio y de libros de una divulgación casi infantil. Su superficialidad intelectual no es más que una muestra de su superficialidad en todas las facetas de la vida. El elitismo que defienden es un elitismo vacío, del que no podrían formar parte si no es mediante alguna técnica de colusión social, lo que popularmente se conoce como “enchufismo”.

Para terminar podemos entrar en una reflexión conceptual. He estado hablando del pijo de derecha y alguien, legítimamente, podría preguntarse si hay pijos que no sean de derecha. Creo que sí los hay, los progres, de los que ha he hablado antes.

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