Nochevieja y año nuevo: los días que no existen

Dicen que el día de mañana, uno de enero, es el día que no existe, porque la inmensa mayoría de las personas se han acostado al amanecer, padecen una fuerte resaca al despertar y anda en pijama, dormitando de la cama al sofá, mientras que, como mayor logro, se ha conseguido poner en la televisión el torneo de saltos sobre plataforma, que celebran en algún lugar del centro o del norte de Europa, donde hace muchísimo frío. Por muchas veces que se trasnoche al año, ninguna noche es como ésta, que te deja totalmente hundido.

No sabe realmente la hora que es. Cuando el cuerpo empieza a entrar en caja, son las once y media de la noche. En ese momento se tiene la sensación de que acaba de comenzar el día, pero rápidamente se toma conciencia de que al día siguiente hay que comparecer en el puesto de trabajo como si nada hubiese sucedido en la transición del treinta y uno de diciembre al uno de enero. Comienza la dolorosa cuenta atrás hasta el seis de enero, para ver si conseguimos recuperarnos de la noche de apertura del ciclo anual, pero sin castigar más al cuerpo.

No sólo el uno de enero no es el día que no existe. La noche del treinta y uno al uno tampoco. Nadie habla de ella, quizá vagas referencias, excepto cuando no se ha hecho nada, que se cuenta con pelos y señales los programas de televisión que uno se ha tragado. En el inconsciente colectivo la Nochevieja tiene algo “ésta va a ser la noche”. Lo más normal es que no lo sea, pero el velo del silencio y del secreto la cubre para que todos podamos pensar o dar a pensar que sí, que fue la noche.

Los estanqueros se aprovechan de la subida del tabaco

El BOE ha publicado hoy el Real Decreto por medio del cual se sube el precio del tabaco. Previsible. Tengo la pequeña y mala virtud de tener una memoria a largo plazo de funciona correctamente, y aún recuerdo las protestas de los estanqueros por la guerra de precios que hace dos años provocó la empresa tabaquera Philip-Morris.

Refresquemos la memoria. El gobierno, que todavía no había mandado a las Cortes la “Ley Antitabaco”, continuaba su lucha contra los fumadores subiendo los impuestos indirectos que gravan el tabaco. El hecho imponible es el precio de venta y se aplica un tipo porcentual sobre ese precio de venta. Por lo tanto, dependiendo del precio, la cuota líquida del impuesto será mayor o menos y la suma de ambos constituyen el precio de venta al público. La tabaquera antes citada bajo los precios, por lo que también bajaron los precios de venta al público. Los estanqueros se echaron las manos a la cabeza porque decían que ellos había comprado la mercancía y a un precio y ahora la empresa les obligaba a venderlo a un precio mucho menor al que estaba previsto. Cerraron los estancos y montaron alguna que otra manifestación pública.

Hoy ha subido el tabaco. La mercancía que los estancos tienen en sus establecimientos y que hoy venden al precio actualizado (más alto), la adquirieron a un precio menor. Es la enésima vez que los estanqueros venden a un precio superior lo que compraron a precio menor y para ellos es estupendo, porque así ganan más. La única vez que fortuna les fue adversa, incluso cerraron los estancos.

Una advertencia para acabar. En este mundo del comercio del tabaco sí se puede hablar de subida y bajada de precios por el que los estanqueros adquieren el productos, pues estos y el precio de venta al público están establecidos normativamente y sometidos a un monopolio, del que los estanqueros son los principales beneficiados.

Cicerón y el poder de la palabra

Marco Tulio Cicerón fue, posiblemente, el último hombre que creyó que la palabra podía modificar la realidad. Basta leer las Filípicas para comprobar la fe en los efectos de sus discursos ante el Senado o las Asambleas del Pueblo. Vivía los momentos de derrumbe de la República romana, después de una agonía de más de un siglo.

Todos los sectores de la sociedad romana sabían que la única salida era alguna forma de autoritarismo, en lo que se diferenciaban era tanto en la persona que había de encarnar y en los acentos de nueva forma de gobierno. Los ensayos autoritarios anteriores habían ido fracasando progresivamente. Mario, Cinna, Sila, Pompeyo o Julio César había ejercido el poder omnímodo con los engarces más variados en el sistema constitucional romana, para seguir manteniendo la apariencia de normalidad en el sistema republicano. Cicerón se enfrenta en las sesiones del Senado al último intento de autoritarismo: el de Marco Antonio.

Cicerón quiere preservar y salvar a la antigua República aristocrática con la sola fuerza de sus palabras. Sin una clientela que le apoye, sin una magistratura que le faculte a reclutar un ejército o una milicia costeada por sí mismo. Quiere convencer a los senadores y a los ciudadanos que la única forma de salvar su patrimonio político es hacer frente a cada uno de los intentos autoritarios.

Esta confianza en la palabra le costó la vida. Fue asesinado por orden de Marco Antonio. Cicerón no era ni la mejor de las personas ni el más honestos de los políticos. Más bien era una persona vanidosa y acomodaticio con las circunstancias. Pero en el momento culminante, cuando a la República no le quedaba otro asidero que su retórica, puso toda su inteligencia sobre el altar del Estado, aunque supusiese la certeza que su inmolación in Rei Publicae arae.

El abstencionismo

El abstencionista puede responder a una serie variada de causas. La primera es el hastío hacia la política que le rodea, pero resulta que esta causa representa a la menor proporción de los abstencionistas. La segunda y es la mayor, es la de los que se desinteresan de todo lo político porque sí, porque todo lo piensan resuelto y basen que van a obtener los mismos beneficios aunque no voten, prefiriendo emplear el tiempo de ir a votar en domingo en dormir, salir a comer o ir a la playa si es temporada cálida. ¿Por qué hemos de preocuparnos por estas personas que no se toman la molestia de salir de casa a un cercano colegio y votar por una candidatura o votar en blanco? Se les pide poco y ellos a cambio de no hacer nada lo reclaman todo. Tienen el derecho al voto, si no lo ejercen, pues nada, que hayan dormido bien, comido satisfactoriamente o que no se hayan quemado en la playa.

Inocentadas en la prensa

No me he dedicado a mirar exhaustivamente la prensa de hoy. Es el día de las inocentadas y muchas veces los periódicos se suman un noticias más o menos curiosas o sensacionalistas. Hay periódicos que desde hace años no publican inocentadas, porque consideran que no hay paréntesis a la veracidad que deben ofrecerle a sus lectores, oyentes o telespectadores. Otros medios viven en la suspensión de cualquier grado de veracidad, de forma que da igual que publiquen o no inocentadas, porque intentan tomarnos el pelo todos los días del año.

El discurso navideño del Rey

Los redactores del discurso del Rey para la Nochebuena deben estar de enhorabuena, porque les ha salido una pieza en la que los dos grandes partidos y sectores políticos españoles se sienten identificados y hacen suyas las palabras del Monarca para tirárselas en la cabeza al adversario político. Particularmente creo que el Rey lo que ha expresado no ha sido otra cosa que un rapapolvo a las dos principales fuerzas políticas, especialmente en los párrafos en los que le pide sosiego para la vida política y centrarse en los problemas de los españoles.

El Rey, constitucionalmente, es el árbitro de la vida política. Este término es ambiguo y existió cierta polémica a la hora de aclarar los poderes implícitos del árbitro constitucional. En todo caso e independientemente de la interpretación que se tome del término “árbitro”, las palabras del Rey deben ser tenidas en cuenta, primero por respeto a la función constitucional que desempeña y, en segundo lugar, porque son palabras dadas desde la experiencia de quién lleva treinta y uno años en la Jefatura del Estado y ha conocido situaciones políticas muy duras. Si el Rey pide a los políticos que se sosieguen y que atiendan a los problemas fundamentales, al menos todos deberían reflexionar sobre esta cuestión. Y si es posible, todos y no sólo los políticos, deberíamos pensar sobre este asunto, pues el ambiente político de convivencia se encuentra más alterado que nunca.