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Archive for the ‘Historia’ Category

El Palacio de San Telmo es la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Antes fue sede del seminario de la Archidiócesis de Sevilla, residencia de los duques de Montpensier, sede de una empresa, de la Universidad hispalense y, primitivamente, colegio del Gremio de Mercaderes y Navegantes, que fueron los que lo construyeron.

Los navegantes le dieron el nombre de su patrón, San Telmo. Pero realmente San Telmo es San Pedro González Telmo, un palentino de finales del siglo XII y primera mitad del siglo XIII que dejando el clero secular se une a la Orden de Predicadores, fundada por Domingo de Guzmán, antigua alumno como él, de la primera institución universitaria española, la Universidad de Palencia.

Fue predicador y capellán del rey Fernando III de Castilla en la campaña que culminó con la reconquista de Sevilla. Cuando dejó la corte castellana se dedicó a la atención de marineros y pescadores en Asturias y Galicia, por lo que siempre se le ha vinculado a estas profesionales que lo tienen como patrón y por ello pusieron su nombre al Palacio de la escuela de marineros y navegantes.

Como curiosidad Pedro González Telmo fue beatificado formalmente en 1254 por Inocencia IV, pero nunca sido formalmente canonizado. El Papa Benedicto XIV, en 1741, confirmó su culto como santo que es como si el Papa convalidase la canonización por el paso del tiempo.

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70añosdepaz
Mi TL en Twitter anduvo loco con la emisión de una moneda de oro, con valor facial de 200 euros, con el lema “70 años de paz”.

El lema se parece a aquel del Franquismo desarrollista de “25 años de paz”. Muchos han pensado que eran una conmemoración del final de la Guerra Civil y el establecimiento de una continuidad “in pace” entre el régimen dictatorial y la democracia.

Pero la fecha de la emoción es 2015, de modo que si a 2015 le restamos 70, obtenemos 1945, que es la fecha de finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Así que, con una lema de resonancias franquistas, la FNMT conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial sin mencionarlo.

Los países suelen conmemorar los acontecimientos que le han afectado directamente y, aunque la SGM sea un hecho cuyas consecuencias vivimos hasta el día de hoy, nosotros no participamos. Y esto es lo verdaderamente llamativo: ¿por qué España tiene que conmemorar el fin de una guerra en la que no tomó parte?

También habría que plantearse una segunda serie de cuestiones: ¿de verdad que son 75 años de paz?

Aceptando la definición de que la paz es la ausencia de guerra podemos pensar si, en los países contendientes, ha habido realmente 70 años de paz desde 1945.

Es cierto que Francia y Alemania no se han invadido y matado nuevamente, ni que nadie ha vuelto a bombardear Londres y que los japoneses solamente van a China de turismo y a comercial. Pero es igualmente cierto que en lo que fue Yugoslavia (contendiente en la guerra) ha habido varias guerras consecutivas, que en el Cáucaso (formaba parte de la URSS), ha habido y hay conflictos bélicos, que ahora en Ucrania oriental (contendiente dentro de la URSS) hay una guerra civil, que en Filipinas llevan décadas con una guerrilla tremenda o las guerras que padecieron Corea o Vietnam (cos contendientes contra los Estados Unidos, otro contendiente) en las décadas siguientes a 1945 y esto con lo que me venía a la cabeza y sin meter el Oriente Medio.

El lema “70 años de paz” desgraciadamente es erróneo para muchos de los lugares que participaron, como potencia o dentro de los imperios coloniales, en aquella conflagración. Se han de conmemorar hechos o procesos limitado y nunca periodos tan amplios y tan abiertos en lo geográfico como lo ocurrido en los países beligerantes en los últimos setenta y cinco años.

En todo caso, para finalizar, quisiera decir que ésta es una conmemoración impropia para un país que no participó como contendiente. Se conmemora y se celebra si es el caso acontecimientos propios y no ajenos por importantes que hayan sido.

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El Republicanismo como teoría política también vive de sus mitos e idealizaciones y los grandes mantenedores de esta posición teórica eran conscientes de estos.

Cuando una teoría se extiende a lo largo de la sociedad, se pierde rigor. Algunas ideas del ideal republicano se han extendido rápidamente por nuestra sociedad sin ser conscientes de que eran más bien aspiraciones que realidades aunque fueran pretéritas.

Del Republicanismo se ha popularizado la idea del ciudadano, soldado, miembro de la asamblea y magistrado. Es cierto que durante amplios periodos de la República romana los ciudadanos se hacían soldados (e incluso generales), volvían de la guerra y se retiraban a su quehaceres privados, salvo en lo relativo a su voto en la Asamblea y, en ocasiones, se hacían magistrados por un año. Pero lo importante y la constante era ser ciudadano.

Esta idea, desposeída de todo ropaje, es la que está detrás de la absoluta limitación de mandatos en todo y para todo y la idea de desprofesionalizar la política. Si la ciudadanía es la soberana, debe ser ella la que lleve los asuntos y transitoriamente algunos ejecutores, pero no unos políticos profesionales.

Pero lo que no contamos antes es que ese circuito ciudadanía-milicia-asamblea-magistratura estaba limitado por un sistema aristocrático en buena parte de sus costuras (como indica Polibio). No todos los ciudadanos se incorporaban en las mismas condiciones a las legiones, ni todos permanecían el mismo periodo de tiempo, ni con las mismas funciones; la Asamblea estaba organizada de tal modo que los intereses de los que poseían una posición social más fuerte pudieran ganar cualquier votación; para poder acceder a las magistraturas superiores había que tener un patrimonio considerable porque había que incurrir en fuertes gastos y no eran remuneradas; finalmente el núcleo de debate y decisión no estaba ni en la Asamblea ni en las magistraturas, sino en la reducida asamblea (el Senado) de antiguos magistrados, que también eran los más ricos de la República. La “potestas tribunicia” fue un logro de las clases populares que se fue desvaneciendo conforme la división no era entre plebe y patriciado, sino era por patrimonio.

Los ciudadanos romanos del orden senatorial, los ricos entre los ricos, ni cobraban ni se dedicaban profesionalmente a la política. Efectivamente, transitaban de la vida pública a la vida privada porque para los más ricos nunca había diferencia entre estos dos ámbitos, porque siempre tenían la posibilidad de influir y porque el Senado les proporcionaba participación formal y explícita si era necesaria.

Los que quieran establecer un modelo de vida pública basada en la desprofesionalización, en estar en la vida pública cortos periodos de tiempo sin remuneración o casi sin ella, pueden tener en cuenta la experiencia romana según la cual al final se transformó en el gobierno de los más ricos en todos los niveles, sin fisuras.

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El nuevo gobierno griego está intentando renegociar su deuda. Antes hablaban de no pagar, luego de una quita negociada, más tarde de refinanciación y ahora piden que vuelvan a darles dinero a sus bancos a cambio de comprar los bonos-basura helénicos.

Los defensores del nuevo gobierno griego afean la postura dura del gobierno alemán trayendo desde 1948 la condonación a la Bundesrepublik de la deuda del Deutsches Reich (las reparaciones de la PGM las terminaron de pagar hace cinco años).

Se quiere la condonación de la deuda alemana sin, desde luego, mencionar la situación de lo que quedó de Alemania.

Cuando sucedió esto hacía solamente tres años que había terminado la Segunda Guerra Mundial, donde el país había quedado arrasado (un destrucción de recursos, instalaciones y viviendas del 50% al 70% dependiendo de las zonas), que habían sufrido más de cinco millones de muertos y seis millones de heridos y que tenía millones desplazados desde Prusia Oriental y desde otros territorios con población alemana. No había alimentos ni combustible para pasar el invierno por decisión de las fuerzas ocupantes.

Lo que quedaba del país no tenía ninguna autoridad común propia, sino autoridades locales y progresivamente autoridades regionales, todas ellas sometidas a las fuerzas de ocupación. Una parte había sido cedida a Polonia, otros trozos a la URSS que además ocupaba una buena proporción de la zona que ahora sería el este de Alemania.

En estas condiciones se dio la condonación. Quien quiera compararse con los alemanes de 1948 debería estar dispuesto a aceptar estar en esa situación.

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Con ocasión de la muerte de la reina Fabiola, ex reina de los belgas, me he preguntado qué españoles o españolas han sido monarcas o consortes de monarcas en otras monarquías. Sin ánimo de ser exhaustivo he comenzado la andadura en los Reyes Católicos.

Los varones, son monarcas por título propio, mientras que todas las mujeres son consortes de monarcas varones. Solamente señalamos en el caso de los monarcas por título propio los principales territorios extranjeros que estuvieron bajo su corona y ni aquellos, como los muchas posesiones italianas, que formaban parte de la Corona y se heredaban normalmente.

Descendencia de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón
Catalina (1485-1536), reina de Inglaterra
Juana I (1479-1555), duquesa de Borgoña y condesa de Flandes
María (1482-1517), reina de Portugal
Isabel (1470-1498), reina de Portugal

Descendencia de Felipe I y Juana I
Leonor (1498-1558), reina de Portugal
Carlos (1550-1558), emperador del Sacro Imperio
Isabel (1501-1526), reina de Dinamarca
Fernando (1503-1564), emperador del Sacro Imperio, rey de Hungría, rey de Bohemia
María (1505-1558), reina de Hungría y Bohemia
Catalina (1507-1578), reina de Portugal

Descendencia de Carlos I
María (1528-1603), emperatriz del Sacro Imperio

Descendencia de Felipe II
Catalina Micaela (1567-1597), duquesa de Saboya

Descendencia de Felipe III
Ana María Mauricia (1601-1666), reina de Francia
María Ana (1606-1646), emperatriz del Sacro Imperio

Descendencia de Felipe IV
María Teresa (1638-1683), reina de Francia
Margarita (1651-1673), emperatriz del Sacro Imperio

Descendencia de Felipe V
Mariana Victoria (1718-1781), reina de Portugal
Felipe (1720-1765), duque de Parma
María Antonieta Fernanda (1729-1785), reina de Cerdeña

Descendencia de Carlos III
María Luisa (1745-1792), emperatriz del Sacro Imperio
Fernando I (1751-1825), rey de las Dos Sicilias

Descendencia de Carlos IV
Carlota Joaquina (1775-1830), reina de Portugal
María Luisa Josefina (1782-1824), reina de Etruria y duquesa de Parma
María Isabel (1789-1848), reina de las Dos Sicilias

No pertenecientes a la dinastía reinante
Eugenia de Montijo (1826-1920), emperatriz de los franceses
Fabiola de Mora y Aragón (1928-2014), reina de los belgas

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De vez en cuando hay persona que, bajo el amparo de la situación catalana, se ponen a diseñar los límites regionales de España y normalmente acaban proponiendo lo mismo.

Recientemente he leído en un interesante blog colectivo y en una propuesta, no aprobada, de resolución de un partido político la idea de terminar con la existencia de algunas comunidades autónomas consideradas como artificiales, sobrantes o sin sentido para terminar haciendo una amalgama de todas ellas en una versión algo cutre de Castilla.

A muchos se les ocurren que hay que terminar con la autonomía de Murcia, La Rioja y la Comunidad de Madrid y que éstas, junto a las dos Castillas y en ocasiones Cantabria, reintegren una nueva y unificada comunidad castellana.

Y esto lo suelen defender personas que defiende el derecho a la secesión de los catalanes, pero que les cuesta darle una posibilidad de decisión mucho menos a madrileños, murcianos o riojanos.

Me gustaría detenerme por unas líneas en las cualidades de “artificial” y de “histórico” que se emplean en muchas ocasiones para hablar de estas comunidades.

Se emplean como antónimos, esto es, como dos palabras con significado opuesto, pero lo opuesto de “artificial” no es “histórico”, sino “natural”. ¿Por qué entonces se da esta confusión? Realmente no es una confusión, sino una consecuencia de la asunción de los postulados del pensamiento histórico y político del Romanticismo en el que los pueblos y los Estados eran la consecuencia de un proceso orgánico, en que en el seno del pasado se había gestado un “Volksgeist” con los ingredientes de la religión, del idioma y de la sangre derramada en los campos de batalla.

Para esta mentalidad de inspiración romántica solamente legitima el pasado medieval para entidad política, aunque sea mínima. De nada sirve que llevemos treinta años de autonomía en esos territorio que hayan creado una identidad y una propia vida política y social, porque si no ha habido algo en la Edad Media, aunque fuera efímero, lo nacido ahora lo tiene valor.

Caen en el mismo pecado del que acusan. Primero andan escasos de Historia, al menos en el caso murciano, que fue Reino durante un amplio periodo de tiempo y estuvo tanto en la corona castellana como en la aragonesa.Segundo porque ignorando el presente pretenden una reconstrucción del pasado, estableciendo una uniformidad desde Santander hasta Cartagena excluyendo a Extremadura o a Andalucía sin demasiados motivos.

Escribir sobre la reconfiguración de las regiones en perspectiva de una federalización más profunda sobre el papel, sin solicitar ni lejanamente el parecer de los habitantes sí que es poco artificial y totalmente democrático.

Esta curiosa teoría de lo orgánico frente a lo artificial, lo histórico también frente a lo artificial, nos lleva a absurdo tales como considerar orgánico-natural-histórico que un asturiano y un albeceteño formen parte de la misma unidad territorial pero que ese mismo asturiano no pueda concebirse unido a un lucense, pese a que son provincias limítrofes.

Aprovechar una cosa para tratar otra puede llevarnos a conclusiones tan disparatadas como la que da título a esta entrada: Los murcianos son los responsables del secesionismo catalán.

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Uno de los debates cíclicos más insufribles que tenemos en España es el referente a la legalidad o constitucionalidad de las diversas banderas que nuestro país ha tenido durante el siglo XX. La tesis que mantenemos en la presente entrada es que ninguna de ellas ni es ilegal ni es inconstitucional y en algunos casos solamente sería ilegal un uso muy concreto de ellas.

El diseño de la bandera española está regulado por el artículo 4 de la Constitución que coincide con el diseño anterior. Este precepto no menciona el escudo. El escudo era el establecido en la Regla 2 del Reglamento de banderas y estandartes, guiones, insignias y distintivos aprobado por Real Decreto 1511/1977, en definitiva una versión del “Águila de San Juan”.

La bandera de España y su escudo fue el definido en el referido Reglamento hasta la Ley 37/1981 que estableció el actual escudo de España. Desde finales de 1978 hasta el 8 de noviembre de 1981 el “Águila de San Juan” fue el escudo constitucional de España. A partir de ese día dejó de ser el escudo de España a ser un escudo histórico.

La bandera republicana fue bandera de España durante la II República. Fue la bandera oficial mientras pervivió la II República, siendo utilizada por las instituciones y embajadas en el exilio, pero desde la Transición no ha sido recuperada su oficialidad ni siquiera de una forma limitada.

La bandera republicana y la bandera con el “Águila de San Juan” con ambas banderas históricas españolas y ninguna de ellas son ilegales ni mucho menos inconstitucionales.

Solamente entrarían en el terreno de la ilicitud si se empleasen para representar a la bandera de España en las instituciones que tienen que usar la bandera definida por la Constitución con el escudo definido por la Ley 37/1981, como sería ondearla cualquiera de las dos en edificios públicos, acuertelamientos o navíos. Que alguien la lleve por la calle o la tenga en su casa no tiene ninguna más relevancia jurídica que si uno ondea en su balcón la bandera de la marina mercante aprobada por Carlos III.

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