Un nuevo retraso histórico

La derecha española es hija de dos complejos. Uno de superioridad respecto de la mayoría de los españoles, incluyendo en el desprecio a los que engaña para que les apoya pese a que se ríe de ellos. El otro complejo de la derecha española es de inferioridad, de España respecto de los países más desarrollados de Europa y claro como ellos no van a ser los responsables, por más que hayan gobernado secularmente el país, la culpa recae en los gobernados que son de determinada manera y que no se puede hacer otra cosa.

Desde que el Partido Popular ganara las Elecciones Generales en 2011 estamos asistiendo a cómo España se queda, una vez más, atrás en materia energética. Con un conjunto de excusas a cual más inverosímil se desmontó el programa de incentivos a las energías renovables (con la ayuda de un fraude puntual amplificado) y hasta se busca desincentivar por vía impositiva la producción de energía para el autoconsumo.

Alemania, tradicional ejemplo, no sólo ha declarado el fin de sus centrales nucleares, sino que ha lanzado un gran programa para abastecerse de energías renovables. España, por el contrario, busca seguir dependiendo de combustibles que no tenemos y en el mejor de los casos reabrir un programa nuclear que es prescindible. El daño que el Presidente Rajoy y el ministro Soria le están haciendo a España en esta materia se medirá en décadas.

La polisemia de voto

Cuando hablamos de votos, no siempre estamos diciendo lo mismo. Comencemos por el principio.

Cuando hay elecciones, hay una serie de personas que tienen reconocido el derecho a votar y a ese conjunto lo llamamos censo electoral. Hay dos grandes opciones en este momento: votar o no votar. La acción de los que votan constituirán los votos emitidos y la omisión de los que no votan serán la abstención.

Ya tenemos todos los votos emitidos. Ahora caben dos posibilidades: que el voto sea válido o que mi voto sea nulo (no válido). De tal forma que habrá votos emitidos válidos y votos emitidos nulos.

Los votos emitidos válidos, a su vez pueden ser de dos tipos, votos a una de las candidaturas o votos en blanco (a ninguna candidatura).

En resumen. Tenemos las siguientes posibilidades: votos emitidos, votos válidos, votos nulos, votos en blanco y votos a una candidatura. El último tipo es el menor en extensión. Los resultados porcentuales de unas elecciones variarán según tomemos un tipo u otro de voto. Es importante, cuando estemos leyendo datos de resultados electorales, conocer qué tipo de voto se está cuantificando.

Veamos las últimas Elecciones Generales para comprobar cómo son los porcentajes de los partidos que obtuvieron representación en el Congreso:

TiposdeVotos

¿Dónde está la multitud?

El País publicó un pequeño reportaje fotográfico titulado “Multitudinario entierro de un mafioso en Roma“.

He visto las fotos un montón de veces y me cuesta reconocer la multitud de la que habla El País. Sí, hay gente, pero es el número normal de asistentes a cualquier entierro o funeral en una parroquia española.

Este entierro ha tenido cierta polémica, pero ésta no se ha debido al número de asistente, sino a la ostentación en los medios utilizados y a la descarada reivindicación de la vida del delincuente fallecido.

El Mundo publica la noticia, incluyendo un vídeo con planos más amplios donde no se ve ninguna multitud de dolientes, clientes y familiares.

 

La causa del fin de UPyD

Muchos análisis sobre el final de UPyD como partido político con representación parlamentaria y un mínimo peso dentro de la política española se han centrado en cómo el partido se ha gestionado, en la forma de ejercer el liderazgo de Rosa Díez, en los puntos programáticos y en la forma de llevar sus elecciones primarias.

El problema que tienen esos análisis es que achacan el final de UPyD a factores que estaban presentes ya en su nacimiento, porque el ordeno y mando de Díez, personajes como Gorriarán o problemas en todos los procesos internos planteados se han estado dando desde sus inicios, cuando parecían la estrella ascendente de la política española y aspiraban, como otros antes y otros después, a dar el “sorpasso” al PSOE. Sus representantes en parlamentos y corporaciones locales han hecho generalmente un papel digno y a veces bueno.

UPyD pertenece a un tipo de partidos que ahora denominamos como “partidos emergentes”. Cuando apareció UPyD no teníamos aún esa etiqueta. Todo lo nuevo requiere un fase de ascenso sin parones y sin esperas, porque quien deja lo clásico para apoyar a lo emergente no lo hace para ser una minoría más, sino para optar al gobierno, cosa muy difícil en nuestro sistema político.

UPyD se quedó estancado. Su ascenso no era el esperado. En las Europeas, pese a subir en escaños, quedaron muy por detrás. Apareció una alternativa colocada en el mismo espectro político y en ascenso, de modo que esos votantes revolucionarios por la regeneración española se fuera con el partido de Rivera dejando solo al de Díez.

Rivera se ha encontrado un panorama mucho más abierto donde su partido ha podido ser decisivo a la hora de formar gobierno regionales y municipales. Cuando UPyD emergió todo estaba absolutamente cerrado y sus votos no servían para nada.

UPyD va a desaparecer porque sus votantes quieren que su voto sea útil, sirve para gobernar, determinar políticas y llevar a la práctica su regeneración de España aunque no sepan muy bien qué quieren realmente. El estancamiento de UPyD hizo saltar a estos a Ciudadanos, porque además de regeneradores, los antiguos votantes magentas son  algo noveleros y les gusta estar con el que gana (aunque sea relativamente).

Comparando universidades públicas con universidades privadas

El otro día se publicó una nueva edición del esperado/temido ranking de Shangai de Universidades. Aunque la media ha sido superior a otros años, la cuestión de no tener ninguna universidad dentro de las cien mejores plantea reflexiones, unas serias y otras de “todo a un euro”.

Leí un artículo en el que se comparaba el modelo de las universidades públicas con el de las escuelas de negocio españolas que suelen estar en la parte de arriba de los rankings internacionales de su ramo. Y aquí debería haber terminado la comparación, porque una escuela de negocios y una universidad se parecen tanto como una guardería y un ciclo formativo de mecánica.

Las escuelas de negocio no forman docentes e investigadores, están especializada en la docencia de lo que podríamos llamar una FP de altísimo nivel y todo en ellas es a corto o medio plazo a lo sumo. Pero la comparación entre el modelo público y privado puede hacerse, mientras se compare correctamente, esto es, se compare lo comparable.

Nadie ha reparado, o al menos yo no lo he leído, en que ninguna de las más de veinticinco universidades privadas está entre las quinientas mejores del mundo. Los universidades privadas no tienen los inconvenientes que generalmente se piensa que gravan a las públicas: funcionariado, falta de la cultura de evaluación o no selección del alumnado. No los tienen y no hay ninguna que esté entre las quinientas mejores.

¿No merece la Universidad en España una reflexión más profunda que la titularidad de la institución?

La función de controlar

Una de las funciones que la tradición liberal le atribuyen a las asambleas representativas, junto al ejercicio del poder legislativo, es el control del gobierno o poder ejecutivo. Realmente no toda la asamblea representativa está interesada en controlar al gobierno, sino una parte que por lo general es minoritaria, lo que conocemos bajo el término de “oposición”.

Resultado muy llamativo que quiénes normalmente no desean ser controlados (los diputados del partido que sostiene al gobierno) decidan si los que quieren controlar pueden hacerlo (los diputados de la oposición). Dado que los gobiernos normalmente están sostenidos por mayorías suficientes, son estos a través de sus diputados los que deciden cuánto control están dispuestos a asumir.

Dado que el control es solamente del interés de la opisición, y trascendiendo un parlamentarismo imaginario, sería deseable que la decisión de las comparecencias y otras iniciativas de control solamente estuvieran en manos de los diputados de la oposición.

¿Sería una opción antidemocrática por ser antimayoritaria? No. Porque el control no tiene efectos normativos sobre los ciudadanos y todo lo que lo tuviera debería requerir la participación de todos los diputados y porque impedir a los diputados de la oposición controlar la labor del ejecutivo con la mayoría sí es antidemocrático, como estamos acostumbrados.

Los derechos de las minorías evidentemente no puede subvertir los de la mayoría, pero impedir una función inherente a la separación de poderes no es parte de los derechos de mayoría.

¿Cabría conceder al poder ejecutivo algún poder de veto en analogía a los que tiene en la tramitación presupuestaria? Sería posible aunque las personas, causas y documentos deberían estar tasados con un criterio restrictivo.

 

Cuatro candidatos

Mientras que me hacía eco de los primeros pasos de la posible campaña presidencial del Vicepresidente Joe Biden pensaba que en las primarias tanto de republicanos como de demócratas hay dos candidatos con fuerza, que no van a conseguir la nominación, pero que bien pueden a querer optar por probar la candidatura en solitario.

Trump se está viendo arriba en las encuestas y, aunque al final no vaya a ningún sitio, puede que sea aliciente a su ego para intentar probar como independiente con una candidatura independiente, que incomodo y tire aún más a la derecha al candidato republicano. A Trump se le supone capacidad para financiarse, pero eso lo tendría que demostrar en los gastos de un costosísima campaña presidencial completa.

El otro, y éste por el lado demócrata, es Sander. Es un demócrata ocasional que nunca ha sido miembros del Partido, que habitualmente ha batido a candidatos demócratas y que ha tenido duras y habituales palabras contra estos. En el caso de que el respaldo del ala izquierdista del electorado demócrata fuera contundente, a pesar de la derrota, cabría plantearse saltar como independiente, aunque es presumible que sus problemas de financiación y de viabilidad lastren su campaña. Él escoraría la campaña de los demócratas hacia la izquierda.

Si ésta hipótesis se hiciera realidad, sería simpático ver cómo los candidatos de los dos principales partidos tienen que luchar por el centro político, donde están los votos, mientras que tienen que cuidar a los sectores más ideologizados de su electorado como en las primarias.

Hay que recordar que en los Estados Unidos presentarse como independiente o por un tercer partido no es nada fácil, dado que las leyes electorales de cada estado impone condiciones diferentes, y a veces leoninas, para presentar candidaturas en esos estados. Para estar a cada especificidad estatal e incluso condal hay que tener un equipo especializado y muy eficiente que cuesta dinero.