Nadie puede negar que Francisco Álvarez-Cascos sabe de qué va la lucha de poder. Fue él el instrumento que hizo de un partido de la derecha española, una potencial jaula de egos peleándose, consiguiera ser una formación política que funcionase coherentemente y que no sus luchas internas no desgastase al partido por hacerlas fuera del tiesto. Él fue quien, de verdad, creó al actual Partido Popular y posibilitó que Aznar ganase dos elecciones generales.
En todo el follón asturiano, que ha finalizado con su salida del Partido Popular y la creación de un ‘partido-plataforma personal’ hay que admirar el manejo de los tiempos. Sin lugar a dudas él hubiera querido ser el candidato popular o no el de algo cuyas siglas coinciden con sus iniciales (FAC), pero no conseguido el objetivo principal sí ha conseguido el segundo: que en el PP ya se estén arrepintiendo.
La historia de la designación del candidato a la Presidencia del Principado de Asturias es un verdadero culebrón que dura ya varios años. En todos estos años nunca ha conseguido una posición dominante, ni en Asturias ni en calle Génova, para alcanzar esa candidatura, pero ha aguantado estoicamente dentro del PP hasta que el ambiente político se ha tornado en preelectoral y ha sido entonces donde dio su contundente rueda de prensa e inició los pasos para luchar contra su anterior partido.
Si su marcha se hubiera producido con meses de anterioridad, el PP hubiera tenido tiempo de reacción, básicamente porque podrían haberlo dibujado como un descontento con demasiado concepto de sí mismo y porque nadie se fija en las pequeñas formaciones regionalistas (escisiones de partidos nacionales) durante el periodo político no electoral.







No sólo eso. Ha diseñado un calendario en el que cada uno se va del PP un día diferente. Un día se va un concejal de Oveido, otro día uno de Avilés, otro día un parlamentario, otro día un senador… de esa manera todas las semanas se habla del partido y da la impresión de que en el PP ya no queda nadie.
El tío es un fenómeno, eso está fuera de toda duda.
Otro magnífico ejemplo de manejo del calendario.