Los medios de comunicación llevan varios días reportando noticias sobre altercados en algunos barrios de Melilla después de que se conocieran las personas convocadas al Plan de Empleo de la Delegación de Gobierno para este año.
Una vez Jorge Galindo me preguntó sobre lo raro que eran los datos del paro en Ceuta y Melilla, porque de golpe había notable bajada del paro y unos meses después una subida de la misma proporción. La respuesta es sencilla: los planes de empleo. Ahora intentaré explicar qué son y qué problemas hay con ellos.
Los Planes de Empleo existen en todo el territorio nacional y su adjudicación es competitiva a los municipios participantes. Dado que tanto en el ámbito de Ceuta como de Melilla hay un único municipio, la competitividad de la adjudicación es cero y cada una de las corporaciones locales recibe una cuantía anual de dinero para montar su plan de empleo.
Cuando el GIL se hizo con la Presidencia de Ceuta, gracias a una moción de censura, el Gobierno de España (PP) creó un nuevo Plan de Empleo, más dotado y potente, para evitar que el GIL hiciera clientelismo con un Plan de Empleo fuerte. Por ello en ambas ciudades, las Delegaciones del Gobierno tienen sendos planes de empleo que han aguantado incluso las circunstancias que los vieron nacer.
Los Planes de Empleo, según la normativa que lo regula, tienen una finalidad formativa. Se contrata a un conjunto amplio de trabajadores (más de mil personas en ciudades con una población activa de 20.000) que reúnen determinadas condiciones y que se encuentran inscritos como demandantes de empleo.
Los planes de empleo siempre han sido objeto de polémica, desde los que entienden que realmente es un subsidio encubierto que se da a cambio de trabajos de nulo valor productivo hasta los que mantienen que es un mecanismo clientelar para las administraciones que lo gestionan.
A todo ello se une la peculiar comprensión de muchas personas sobre los requisitos (como algunos de los que han aparecido por televisión) ya que entienden que no es el individuo sino la familia la que tiene derecho a ser llamada al plan de empleo o que rechazan abiertamente el requisito general (lo malo es que admite excepciones) de que no se puede repetir dos años seguidos.
Los planes de empleo son la esperanza de tener ingresos, cotizar y generar hipotéticamente el derecho a recibir la prestación por desempleo para muchas personas en las dos ciudades autónomas, donde no hay empresas ni economía que sea capaz de reducir el desempleo salvaje que se vive en las dos autonomías españolas que encabezan la lista de mayor pobreza.







Conozco los planes de empleo en el caso de Melilla, y está claro que es el engranaje principal de un sistema clientelar. Al plan de empleo de la ciudad autónoma van siempre unas “familias” (sí, la familia es la que recibe el empleo, alternando entre sus diversos miembros) y los de la Delegación del Gobierno van a otras familias. Y hay competencia a la hora de captar a nuevas familias o familias con voto dudoso, porque entrar en un plan de empleo se entiende como una garantía del voto… Así ocurre, cierto es…
El futuro de Ceuta y Melilla, sin industria y un poco de turismo, comercio y hostelería, con su nicho de empleo en el funcionariado y la milicia (ocupado mayormente por población flotante venida de la península), es convertirse en ciudades cada vez más marroquíes y decaer hasta su absorción por el reino alauita.
Los habitantes europeos de dichas ciudades no han tenido ni la inteligencia, ni seguramente la posibilidad de convertirse en paraísos fiscales, como Gibraltar (que permanecerá británico “in saecula saeculorum” o si acaso con un status cercano al de estado independiente), ni han podido ni sabido (ni probablemente querido, por lo que se apunta del clientelismo), evitar la islamización creciente de la población. Esta población islámica es la principal beneficiaria de los Planes de Empleo y también la protagonista de las algaradas.
Mala solución tiene el tema a medio plazo. Pagar y pagar, subsidiar y subsidiar mientras se pueda, para perder finalmente.
Creo que tu comentario parte de un presupuesto que no es correcto: los musulmanes de Ceuta y Melilla son marroquíes. Tampoco es cierto que el funcionariado sea mayoritariamente peninsular, más bien es mayoritariamente local aunque de la comunidad que aquí se denomina ‘cristiana’. Estamos ante un problema de social y no ante otros problemas: los musulmanes son los principales beneficarios porque en ellos se concentra la pobreza.
Ni paraíso fiscal ni nada. Las normas fiscales pensadas para beneficiar a estas dos ciudades son tan horrorosas que de hecho las perjudican.
Conforme. Función pública para unos (cristianos) y empleo social para otros (musulmanes). Casi toda la población viviendo del Presupuesto. ¿Puede eso mantenerse por largo tiempo? Yo lo veo difícil.
Ojalá los ceutís y melillenses encuentren el modo de generar riqueza (legal o menos legalmente), pero no soy optimista.
En España nos la cojemos con papel de fumar mientras que otros (los subditos de Su Graciosa) no tienen empacho en convertir “La Roca” en un paraíso fiscal (legal) y en un atracadero de los narcotraficantes del hachis (ilegal pero tolerado, como bien saben en la Guardia Civil y en Vigilancia Aduanera)
Lo de Gibraltar es más de sociedades y bancos que de la vulgaridad del hachís, que lleva a ostentosos mafiosos armados a tus pocas calles. Eso ya pasó por aquí.