Hasta que los republicanos norteamericanos diseñaron su exitosa ‘Estrategia del Sur’ (y el dominio liberal en el partido del burro), los estados que había formado parte de la secesionista Confederación votaban sistemáticamente a los candidatos del Partido Demócrata, hasta el punto que la verdadera contienda electoral se daba en las primarias de este partido y no en las elecciones, las cuales serían ganadas atronadoramente por el candidato demócrata, independientemente de quien fuera. Si una cabra hubiera ganado las primarias demócratas, esa cabra hubiera ganado la elección a representante, gobernador o senador.
Este fenómeno no sólo se ha dado en los estados del Sur de los Estados Unidos, sino que se sigue dando y también en España, donde hay comunidades, provincias y municipios donde PSOE, PP, CiU o PNV ganarán las elecciones porque, como se dice, ‘aquí somos todos del (tal partido)’. Esas formaciones ganan independientemente de que elijan como candidata una cabra o un macho cabrío, de hecho algunos machos cabríos y algunas cabras ya han sido elegidos y votados masivamente porque ‘aquí somos todos de (tal partido)’.
El problema que tiene la ‘teoría de la cabra’ es creérsela. Creérsela cuando se está ganando y presentar candidatos/as cabras, pues llegará el momento (como también sucedió en la Norteamérica sudista) que pierdas y que sólo se recuerde la pandilla de impresentables que el partido de turno colocó en el poder. Y la memoria acrisolada es muy difícil de eliminar.







en mi entorno no hay “cabras” pero cerdos con corbata y pin de partido que ganan elecciones a puñaos.
Hombre, a mí tampoco me parece que Griñán sea el candidato idóneo, pero de ahí a lo que tú dices hay un trecho,…
De Griñán no estaba hablando, de verdad. Desde luego estaría en la antípoda de la ‘cabra’, gane o pierda las elecciones.
Geógrafo.
Lo enlazo con el post que escribiste el otro día en alusión a Gutierrez. Y te adelanto que me gusta la reforma laboral tan poco como a Gutierrez.
Estoy de acuerdo en que los partidos deben elegir siempre a los mejores, no solo para ser candidatos, sino también para marcar la dirección ( algo tan importante o más).
Pero es que lo cortés no quita lo valiente. Si a ti te elige alguien, de la misma manera que si trabajas en la empresa de alguien, tienes una serie de obligaciones con esa empresa o ese partido.
Eso no quiere decir que no puedas opinar. Se puede. Pero al final no es solo tu proyecto, es el proyecto de otro ( empresa) o un proyecto común. ( partido). y a la hora de ponderar lo bueno o malo que es alguien, también tienes que calcular como influye en el resto del colectivo ( efecto Ronaldiño).
Te pongo un ejemplo real.
Una vez tuve a un comercial ( posiblemente el tío con mayor don para la venta que he visto en mi vida… y creme que he visto gente). El problema es que casi no curraba ( llegaba a objetivos a la pata coja), hacía lo que quería, y además no escuchaba, ni tenía el más mínimo interés en cambiar de actitud.
Cuando ,lo despedí, lo sustituí por otro buen comercial, pero sin ese don natural. A nivel individual perdí, pero el departamento subió un 25% en ventas ese año; no gracias al nuevo, sino gracias al resto.
Precisamente para ser bueno tienes que tener la virtud de crear equipo y de poner a ese equipo por encima de tí, incluso cuando crees que tienes razón y la mayoría piensa que estás equivocado. En todas las organizaciones hay sitios adecuados para afrontar las discrepancias, y ese sitio nunca es de cara al cliente.
un saludo
Juás! que buena entrada.