El pasado fin de semana vi “Planet 51”, sin niños de por medio, lo cual tiene un mérito inmejorable e insuperable. La historia es sencilla: un astronauta norteamericano llega a un planeta lleno de alienígenas (para nostros) que viven la generación estadounidense de los años 50.
Pasada la película pensaba yo que menos mal que los seres humanos no tenemos capacidad tecnológica, aún, para conseguir colonizar otros planetas habitados, si lo hubiere, porque entonces los alienígenas de turno se iban a enterar de los simpáticos, agradables y comprensivos somos por este azul planeta.
Y es que de nada, creo yo, que valdrían siglos de reflexión sobre la convergencia entre animalidad y racionalidad o décadas reflexionando sobre la dignidad del otro. A la mínima que podamos nos volveríamos locos y organizaríamos lo que mejor sabemos hacer: explotar al que se ponga por delante.







Como todo en la viña del señor, ya se ha visto antes:
1 Los cromañones -alienígenas o recien llegados- extinguieron a los neandertales, endémicos del planeta Tierra.
2 Los católicos, eliminaron con saña a los nestorianos, arrianos, …
3 Los nativos americanos -edad de piedra- han sido ‘caasi’ sistemáticamente desplazados por lo colonos -famélicos- europeos modernos.
4 Genocidios de todos los colores, letonios, bosnios, hebreos, armenios, …
5 Nosotros mismos ¡qué no haríamos por dinero! Eliminar la biodiversidad planetaria, hasta hacer un planeta inviable (no ya insotenible) como antecedentes, RapaNui, Ankor, …
y la lista sigue.
6 En bancos, Hipano-Americano, Central y el títere de Banesto por el Santander; el Vizcaya y Argentaria, por el Bilbao; Seat, Skoda, Audi y Porche por Volkswagen …