Cuando el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas dictó sentencia en el celebérrimo “Caso Bosman” numerosos defensores del fútbol patrio se echaron las manos a la cabeza diciendo que la imposibilidad de poner coto a los fichajes de jugadores extranjeros comunitarios supondría el final de nuestra maltrecha selección.
Todos ellos (y nosotros) teníamos en la mente que ningún jugador español podría volver a jugar en equipos de máximo nivel si no había una severa restricción en el mercado. La realidad ha sido otra y muchos jugadores españoles, con pocos perspectivas de progreso en España, han podido salir incluso a formarse en otras ligas, y la selección española ha brillado como hacía décadas que no lo hacía.
Si no es conveniente extrapolar los resultados de unas elecciones a otras, tampoco lo que sucede en un segmento tan peculiar del mercado laboral como es el fútbol, pero cuando uno lo piensa le entra cierta tendencia “liberalizadora”.







O sea… importemos políticos europeos, de modo que jubilemos a los patrios… que con lo que enseñen y dado que los propios tendrán que esforzarse acabarán surgiendo políticos españoles de calidad. No está mal.