La estructura salarial

Mucho se está hablando en los medios de comunicación y en la blogosfera sobre la necesidad de una reforma laboral que ataje sustancialmente los problemas estructurales del mercado laboral español, en especial los relativos a su productividad.

La cuestión, como siempre, gira en torno a la idea de que para que haya más contrataciones debe haber más facilidad de despido, una cuestión que por más que me han explicado no termino de comprender, especialmente cuando se han despedido a varios millones de trabajadores sin demasiadas complicaciones.

Hay un problema de fondo, que es la existencia de demasiadas empresas pequeñas y microscópicas en nuestro país. Cualquiera que tiene un trabajador contratado ya se considera empresario y muy pocas empresas superan el centenar de trabajadores, por no hablar de su facturación y de sus reservas. Unas empresas enormemente débiles, que dependen de un estado óptimo de la demanda y en las que los trabajadores no tienen, por lo general, la más mínima posibilidad de prosperar.

La misma estructura salarial plantea problemas en el acceso de los jóvenes al mercado laboral, ya que actualmente lo que realmente se premia no es tanto la productividad y competencia de un trabajador, sino el tiempo de permanencia de ese trabajador en la empresa.

Una estructura que condena sistemáticamente a los más jóvenes a los peores salarios (independientemente de la calidad de su trabajo) y dificulta la movilidad entre diferentes empresas pues un cambio de empresa (salvo los “fichajes”) implica una disminución realmente cuantiosa del salario.

Esto implicaría una cambio sustancial en la mentalidad empresarial: pagar según productividad y beneficios de la empresa. Es una cuestión de sentido común y de implicación. Hoy es una práctica absolutamente voluntaria, pero es interesante que un trabajador tenga una alternativa mejor a cobrar siempre lo mismo (con subidas por permanencia) o irse a la calle si la cosa va mal.

5 comentarios en “La estructura salarial

  1. Vaya si van a cambiar cosas…

    Hemos ido a peor en las condiciones laborales, ergo, la ley de la función pública se ha vulnerado. Hay responsables, en todos los niveles, pero los perjudicados siguen siendo los trabajadores.
    Hemos perdido el empleo fijo, con el nuevo modelo de contratación propuesto, por lo que podemos ahorrarnos los sindicatos, ya que a este nivel nada pueden hacer para proteger a los trabajadores.
    Lo siguiente será la anarquia, ¿no? o ¿el fascismo?

    Salut i opinió!

  2. Je, eres socialista, supongo.

    ¿Quiénes están detrás de las subidas salariales por antigüedad? Quizá te sorprenda conocer que no sólo los empresarios.

    Pensemos, ¿qué incentivos tiene un empresario para articular el sistema de denuncias? Sólo se me ocurre uno: evitar la fuga de los trabajadores después de formarlos. Les pago los putos cursillos y a continuación se largan, los muy cabrones. ¿Algún otro?

    No obstante, correlacionar positivamente sueldos y antigüedad sólo tiene sentido si la productividad evoluciona paralelamente. ¿Realmente hay tanta diferencia entre el señor que lleva 40 años en la empresa y el chico que acaba de entrar? Depende de la actividad, pero yo creo que no. De hecho, así se está incentivando la sustitución de la mano de obra vieja: a partir de cierta edad, el salario es demasiado alto en comparación con la productividad y con el coste que ofrece un jovenzuelo.

    En realidad, las empresas son las últimas interesadas en este sistema. Muchas veces, se las obliga a pagar de más a un sesentón que no vale ni de lejos lo que cobra. En cuanto puedan, lo echarán y pillarán a un chaval que haga el curro por la mitad.

    Ahora llega lo bueno: si no son los empresarios, ¿quién impone la cosa ésta? Mucho me temo que sólo quedan LOS SINDICATOS.

    Un saludo,

    fáquer

  3. Efectivamente la labor de los sindicatos en un país en el que el número de afiliados es mínimo es cuando menos dispersa.
    Se premian los trabajadores antiguos sobre los nuevos, se defiende a capa y espada al trabajador que no produce como el que produce. El café para todos es injusticia para todos. Nada indica que una persona que lleve 40 en un puesto de trabajo tenga más productividad pero tampoco nada indica que tenga menos que uno de 20.
    Si sumamos a eso que el 80% de la bolsa salarial se la lleva el 20% que son los grandes cargos y que los despidos se hacen siempre por la parte mas baja del escalafón.
    Añadimos que cuando las cosas van bien no se reparten pagas de beneficios ni se les da a los trabajadores un incentivo por la productividad.
    Los trabajadores hemos pasado de ser el medio de produccion a ser un pasivo molesto.
    Quizas en vez de abaratar los despidos debería de haber posibilidad de subir los salarios por méritos, o incentivar la productividad.

  4. “La cuestión, como siempre, gira en torno a la idea de que para que haya más contrataciones debe haber más facilidad de despido, una cuestión que por más que me han explicado no termino de comprender, especialmente cuando se han despedido a varios millones de trabajadores sin demasiadas complicaciones.”

    El primer error es considerar a “la patronal” (asociación de grandes empresarios con algunas pequeñas confederaciones anexas) con “los empresarios”. Por ejemplo, un agricultor es un empresario, pues tiene capacidad y medios para producir sin otros (definición de empresario), un panadero es un empresario,.., etc.

    No se refiere a más facilidad de despido, sino mayor capacidad de cambio. El mundo es algo cambiante, las estructuras rígidas se rompen (paro), mientras que las flexibles se doblan y continúan.
    Es decir, el trabajo no está ahí por que sí (trabajar sin sentido no vale para nada, recordar URSS), el problema es que nadie sabe, nadie conoce el futuro y por lo tanto no podemos saber cual es la mejor estructura para el sistema productivo.
    Si tu tratas de dirigir la estructura se irá al carajo, porque nadie conoce el futuro (y además no somos caballos para decirlos lo que tenemos o no tenemos que hacer).
    Básicamente se trata de que las empresas puedan rotar o expulsar los trabajadores en base a su productividad. Lo cual implicaría necesariamente que los buenos trabajadores tendrían un mejor sueldo y los malos malo (o en al calle).

    De esta forma no sucedería lo que sucede en ciertas partes de la administración, donde aparte de esperar que acaben sus charlas incluso te miran mal porque vienes a “dar trabajo”. La cosa sería distinta si el que no produce (porque se pasa el día chateando porque no tiene nada que hacer o no quiere) se fueran al sector privado a trabajar y producir.

    Es decir, despedirlos para que rindan en otra parte. Y si no quieren trabajar pues que pasen hambre.
    El mundo no es un camino de rosas.

    Resumiendo, la productividad es la clave. Puedes trabajar más horas (cosa mala, muy mala) o invertir en investigación. Pero ello, olvidando las milongas y estupideces de los políticos, solamente la pueden hacer las empresas, pues es en quien surge la necesidad.

    Esa es mi opinión,
    un saludo.

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