En el blog “Nada es gratis” (recomendabilísimo) han estado hablando del delicado tema de los incentivos al profesorado por los resultados académicos de sus alumnos. Realmente mi entrada es un complemento a ésta, intentado añadir algunas ideas que me vienen por el conocimiento intimísimo que tengo del gremio y de la práctica docente.
Defienden en este blog la única opción que me parece plausible: incentivar por los resultados (“outputs”) y no por la formación o el interés que cada docente se tome (“inputs”).
Para que estos incentivos se pudiesen implantar y fuese eficaces y hasta justos habría que reunir las siguientes condiciones:
1) Habría que establecer “pruebas objetivas y estandarizadas” para los todos los alumnos de todos los niveles educativos. Esas pruebas habrían de tener dos partes: una primera que sería la de describir el punto de partida de los alumnos y otra para medir cada curso.
2) El rendimiento de los alumnos (y del profesorado) en un curso no hay que medirlas en absoluta sino a partir de objetivos que se marquen sobre los resultados de la prueba que mide el punto de partida. No todos los centros y todos los alumnos son iguales, de manera que sería tremendamente injusto pedir un hipotético 70% a todos los profesores cuando el punto de partida de unos es 20% y el de otros 60%. Los profesores, si así fuera, huirían de los centros en los que no pudieran obtener la parte variable de su salario.
3) El resultado de las pruebas deberán formar parte de las notas que forman la calificación del alumno, ya que de lo contrario no pondrán en ellas el más mínimo interés (como sucede en algunas pruebas que ya se realizan).
4) Habría que perfilar elementos como la permanencia en el centro de los profesores para que la medida del rendimiento de los alumnos (y del profesorado) sea posible y tenga sentido.







Mi respuesta suele ser: ved “The Wire”, dónde retratan muy bien cómo acaba funcionando el sistema educativo que tiene implantados esos sistemas…
pues teniendo hijos escolares en bachillerato y primaria y veindo la implicación del profesorado, las ausencias injustificadas y sistemáticas y los resultados de los alumnos…. yo lo tengo claro
Hay una forma más sencilla:
déjese a los profesores y centros educativos organizar la enseñanza como mejor les parezca; déjese a los padres libertad para elegir el centro que les parezca; oblíguese a los padres a pagar el coste íntegro de la enseñanza (y subvencione el estado en la cuenta corriente de los padres en proporción inversa a su nivel de renta -lo que he llamado “el cheque escolar de izquierdas”).
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En principio, a menos que la gente sea gilipollas (como diría Darwin, “¡que gran ‘a menos que’!”), los colegios que den una mejor educación a los alumnos tendrán una demanda mayor que los otros, y podrán cobrar más por ello. Y los que no, pues se quedarán sin clientes. Eso debería ser suficiente incentivo para ofrecer una educación de calidad
Estoy de acuerdo con las tres primeras condiciones de geografo, y la cuarta no la entiendo –es decir, no acabo de ver por donde va. Yo simplemente añadiría que no solo se incentivara por los outputs a los profesores, sino también a los alumnos y sus padres, al centro, a la Inspección Educativa y todas los cuerpos de técnicos y políticos que tiene algo que ver con ese output, pues centrarnos únicamente en los profesores me parece una intervención necesaria pero no suficiente. Por eso, aunque he tenido hijos y tengo nietos pacientes del sistema educativo, no lo tengo tan claro como Xiabre. Tampoco se de que va The Wire, y me gustaría que Quevedin me lo resumiese, o al menos nos dijera “cómo acaba funcionando el sistema educativo que tiene implantados esos sistemas”, aunque no revele el final… Coincido bastante con lo que dice Jesús:
“déjese” [dentro de un orden y con control y evaluación público-comunitario] “a a los profesores y centros educativos organizar la enseñanza como mejor les parezca; déjese a los padres libertad para elegir el centro que les parezca, oblíguese a los padres a pagar el coste íntegro de la enseñanza (y subvencione el estado en la cuenta corriente de los padres en proporción inversa a su nivel de renta)”. Pero, en mi opinión, esta proporción inversa, no obstante, debería corregirse año tras año, de forma que no hubiera devolución alguna o si la hubiere tuviera más que ver con el comportamiento y rendimiento del alumno en línea con lo esperable según sus capacidades, sin dejar, claro está, de tener en cuenta los ingresos del padre. Es decir, quien repite pudiendo haber aprobado, o quien por su comportamiento dificulta que sus compañeros logren el mejor rendimiento posible, paga la inmensa mayoría sino todo el coste de la educación del muchacho… Y desde luego “En principio, a menos que la gente sea gilipollas (como diría Darwin”… sucedería lo que Jesús predice. Además, esta medida que Jesús propone resulta de lo más ‘revolucionaría pues acabaría de una vez por todas con la distinción entre escuela pública y privada, unos dirán que porque la escuela y/o la educación se habría privatizado totalmente; yo creo que o bien ocurriría lo contrario: la educación (la publica y la privada actual) devendría pública, salvo tal vez en un pequeño número de casos (colegios de elite) que cobrarían más de lo que la mayoría puede pagar, pero no por dar un mejor servicio sino para separar a sus retoños de la plebe. Pues nada, que cada cual tire su dinero en lo que le venga en gana.
Mauricio Patapalo
Estoy completamente de acuerdo con las medidas que propones, así a ver si de una vez por todas, asumen los docentes su parte de culpa en el fracaso escolar, ya está bien de culpar a las familias, al sistema educativo, al primero que se cruce la acera, si bien es cierto que cada uno de estos también tiene su parte de responsabilidad, nunca he escuchado a un docente decir que él o ella ejerce mal su profesión, que se han equivocado al programar el curso que están impartiendo, que no han adoptado medidas para ayudar a sus alumnos, ninguna crítica a su colectivo, una vez aprobadas las oposiciones son muchos los que dejan su formación, que conste que si generalizo es porque existen excepciones.
En cuanto a la semi-privatización de colegios, esto ya era lo último que me faltaba por escuchar, si ya se están produciendo getos en nuestra ciudad, esta no es más que una forma de encubrirla con la pasta que les costaría a las familias, esto es de locos, CADA NIÑO AL COLEGIO QUE LE TOQUE.
“… CADA NIÑO AL COLEGIO QUE LE TOQUE”
Eso puede significar
(1) Cada niño (todos los niños) debe(n) ir al colegio público que le(s) toque, lo que implicaría la abolición (anticonstitucional y contra casi todo ‘sentido común’) de la enseñanza no pública (privada). ¿Por qué?
(2) Cada niño (todos los niños) debe(n) ir al colegio privado (o publico y/o) que le(s) toque, lo que no parece salir mejor parado que (1)
(3) Los niños que acudan a la pública deben ir al colegio que les toca (así es más o menos como ocurre, creo) y los niños que acudan a la privada irán (casi por definición) al colegio que les venga en gana a sus padres (y puedan pagarse, claro) Es esto, me parece, lo que sucede ahora… y lo que entiendo que admin..maperipe propone. ¿Es así? ¿Por qué?
Mauricio P.
Me parecen propuestas interesantes, por desgracia España no está preparada para incentivar el éxito educativo cuando aún hay que atajar el más lamentable de los fracasos educativos.
Yo veo que la situación es catastrófica en Estudios Superiores, y como alumno, percibo problemas gravísimos que deberían solventarse inmediatamente antes de tomar medidas para incentivar el rendimiento.
Debería empezarse por crear algún tipo de filtro, como los que ya existen en la empresa privada, no para motivar un mayor rendimiento sino para conseguir que este rendimiento exista.
En estudios superiores el absentismo laboral por parte del profesorado es dramática, al no existir medidas de control ni de sanción que puedan mantenerlo en unos límites equiparables a cualquier otro sector profesional.
Asimismo, nada puede determinar que el profesorado cumpla o no su trabajo, al no existir herramientas que puedan determinar esto. Por eso yo propongo que exista una evaluación oficial del alumnado realizada a nivel estatal y de forma anónima, para así determinar el nivel del alumnado en cada centro, y tomar las medidas oportunas al respecto.
No debe aceptar ni el alumnado ni el profesorado esta situación; es injusto para el alumno que no recibe una foramción adecuada en su materia, y también lo es para el docente que cumple con sus obligaciones laborales y educativas viendo cómo en muchos casos un importante porcentaje de sus compañeros no lo hace, repercutiendo esto en el conjunto del sistema.
De lo contrario los que seguiremos pagando el pato seremos los alumnos, a quienes supuestamente se nos está formando para competir en el mercado laboral, y que en muchos casos estamos sacrificando nuestra formación en virtud de las permanentes vacaciones que el Estado paga a algunas lampreas de la empresa pública.
Perdonad si me extendí excesivamente, pero este asunto me enerva y creo que debemos hacer algo porque la situación es grave.
Hace dos años de este comentario al que voy a responder, pero… En fin. Creo que es importante responderlo: no conozco en general qué dice la teoría sobre los fines de la educación superior, pero sí sé qué dice sobre el objetivo de la educación secundaria obligatoria: éste es formar personas y ciudadanos, lo que implica, pero no exclusivamente, prepararlos para que puedan labrarse un futuro laboral, en la medida en que esto les ayude a integrarse satisfactoriamente en la sociedad. Es decir, que lo laboral es un aspecto importante de lo social, pero es lo social y lo personal lo realmente principal.