
El pasado 27 de enero Ángel Gabilondo, ministro de Educación, presentó el documento “Propuestas para un Pacto Social y Político por la Educación”. Es un documento amplio e interesante y esperemos que sea el punto de partida para adecentar la educación en España.
Tuve la tentación de hacer una larguísima entrada con los aspectos que me resultan más llamativo, interesantes o cuestionables, pero he preferido hacerlo poco a poco. Y comenzaré con una propuesta que, a pesar de que en apariencia parece el colmo de la bondad, creo que entraña sus riesgos.
La tercera medida en el apartado de “Educación Infantil”(página 9 del documento) dice lo siguiente:
Las Comunidades Autónomas, en sus respectivos ámbitos territoriales, impulsarán los acuerdos políticos y sociales necesarios para:
[...]
3. Promover la detección temprana de necesidades específicas de apoyo educativo, en especial las asociadas a discapacidad.
Dicho así nadie puede estar en desacuerdo. El problema viene cuando se intenta perfilar un poco más y anticipar las consecuencias de esto. No hace falta ningún pacto para detectar las necesidades provenientes de la discapacidad, sino dotar de recursos (que las Comunidades lo están haciendo) para que esos alumnos sean correctamente atendidos.
El problema viene con todas esas necesidades que no provienen de la discapacidad. Es decir, al niño de 3 a 5 años (segundo ciclo de Infantil) que se le detecta un retraso en el aprendizaje respecto a cierto ideal. Supongo que será un retraso en cómo moldean la plastilina.
Si yo promuevo la detección temprana de esas necesidades necesitaré personal (interino en los centros públicos o temporal en los centros concertados) que realice esas evaluaciones. Ese personal, que lógicamente aspirará a la permanencia, afinará todo lo que pueda y sepa para detectar necesidades tempranas, gracias a las cuales su puesto de trabajo existirá. Cualquier cosa que haga un niño que sea tenida por “rara”, verá como es patologizado e implicará su envío a las diversas formas de “apoyo educativo”, que no es más que un eufemismo para designar a un “sistema educativo B” (ya existente y peor que el A) del que sólo consiguen salir con éxito unos poquísimos alumnos.







“Supongo que será un retraso en cómo moldean la plastilina.”
Hombre, pues a mi sobrina le han detectado que hay ciertas conexiones cerebrales que no tiene, sólo por cómo se desarrolla su relación con los demás niños “en clase” porque en el patio del colegio, lo veían todo normal.
Y apartir de ahí está yendo a un terapeuta de no sé qué, que por supuesto en Madrid, hay que pagar pasta…
A un sobrino mío, de cuatro años, le han dicho que tiene fracaso escolar y no sé el motivo (y eso que yo soy del gremio). Lo mismo las conexiones de tu sobrina o el fracaso del mío es por mirar con demasiada atención para justificar que se está.
Bueno, es que hablar de fracaso escolar de un niño de 4 años es más fracaso del educador que del niño, así que sí, habría que investigar pero en dirección contraria.
Lo que quiero decir con lo de las conexiones de mi sobrina es que no está de más que los profesores tengan elementos de juicio sobre lo que puede suponer un problema y que lo pueda ver un psicólogo, sobre todo sin situaciones que se pueden evitar.
Pero vamos, es como una pareja de amigos míos que iban al psicólogo porque su bebé de 10 meses lloraba mucho…
Me salió del alma decirles que lo que pasaba es que les había salido un niño llorón y ya está, pero bueno, allí seguían ellos con “los consejos del psicólogo” que no los mandó a la mierda sino que hizo su agosto…
Imagino que todo está en tener medida.
Tienes razón cuando comentas que la detección temprana de algún problema no siempre supone que éste vaya a tratarse después de manera adecuada. Es cierto, también, que la mayoría de estos alumnos pasan su escolaridad rodando de especialista en especialista, de apoyo en apoyo, y no terminan de superar el problema que se les detectó.
Pero no deberíamos frivolizar con el tema. Es posible apreciar, también en infantil, cuando un alumno tiene dificultades importantes. La cuestión es saber si los centros disponen de suficiente personal adecuado, y estructuras organizativas flexibles que permitan que se le trate sin hacerle sentir diferente a perpetuidad, y siempre ajeno al resto de su grupo.
No frivolizo nada. Tanto que me cuestiono si recursos existen para los alumnos con necesidades y los alumnos con necesidades existen para los recursos.
[...] Fuente: Geógrafo subjetivo. [...]
A edades tan tempranas, esas “rarezas”, necesitan de un seguimiento pero no sé si hasta el punto ser tratados con psicologos privados :S. Es más trabajo del profesor, saber quien necesita más ayuda y en según que casos, intentar entonces aportarles un “apoyo”. En mi colegio, a los que necesitaban ayuda en ese sentido, era más adelante cuando se les daban clases de apoyo y, sacándoles de la clase A, a la B, en horas determinadas para que no dejaran formar parte de su “clase” en la que estaban integrados.
He puesto “rarezas” entre comillas precisamente porque no son rarezas, sino que no se amoldan a un tipo ideal definido por el psicopedagogo de guardia. Realmente los que no se amoldan no son los niños, sino los profesionales de la patología infantil, que necesitan tener niños con problemas para tener trabajo.
Sobre lo de integración en la clase y salida a otras clases se podría escribir mucho.