El otro día en MG se planteaban la decisión y los argumentos empleados, en su discurso, por el Presidente Obama para enviar más 30.000 soldados más a Afganistán, 5.000 de los cuales van a ser solicitados a los aliados occidentales.
Después de leer el artículo que Joscha Fischer que Citoyen recomendaba en los comentarios, me ha confirmado que el principal motivo para continuar la presencia militar en Afganistán se resumen en una sola y única palabra: Pakistán.
El tema energético, tan aireado por Chomski, es importante, pero no como para hacer un gran esfuerzo militar. De hecho, durante muchísimo tiempo se ha vivido sin cortocircuitar a Rusia y siempre se ha salido de cualquier aprieto.
El asunto de los talibanes tiene relación ya con Pakistán. Es cierto que los grandes atentados contra ciudades occidentales se prepararon desde territorio occidental, pero no es menos cierto que las bases de entrenamiento, inteligencia, financiación y logística se hallaban en el Afganistán de los talibanes. La eliminación de las bases talibanes o hacerles adoptar una estrategia de supervivencia militar impide la tranquilidad para preparar terroristas para la exportación.
Si los talibanes, con la lección más que aprendida, vuelven a hacerse con el control absoluto sobre Afganistán, la ofensiva contra Pakistán está descontada. De hecho ya han lanzado ataques bastante contundentes cerca la Islamabad, la capital.
El hecho de que los talibanes, en unión con fuerzas tribales, desestabilicen decisivamente Pakistán y que se hiciesen con el poder, no es un temor digno de la ‘estrategia del dominó’, sino un verdadero terror. Pakistán tiene armas nucleares y a mí no me apetece nada que éstas puedan terminar en manos de un régimen talibán. Merece la pena que los aliados occidentales hagan este esfuerzo.
La participación de España se va a acrecentar, aunque todavía está en el número de efectivos añadidos que se enviarán. Es necesaria una inversión fuerte en equipamiento de nuestras tropas y creo que también un cambo sustancial en la doctrina de nuestras fuerzas, un cambio que debe ser consensuado entre las principales fuerzas políticas parlamentarias.








¿Nadie tiene la impresión de que en Afganistan se entán matando moscas a cañonazos?
Tengo la impresión de que enviar 30.000 soldados no va a servir de gran cosa. Ese contingente se va a enfangar enseguida. Poca cosa para un país tan grande y montañoso. El problema es que el grado de implicación del oponente es mucho mayor que el de Occidente. Como en Vietnam. Asímismo, cuánto más fuerte golpeemos más fanáticos islámicos de medio mundo sensibilizaremos en favor de Al Qaeda.
¿El peligro es que esto se extienda a Pakistán y lleguen a las cabezas nucleares? Muy cierto.
Una alternativa ingenua sería que Pakistán renunciara a sus bombas atómicas. Que Occidente se comprometiera a salvaguardar su integridad territorial contra su enemigo ancestral, la India. Si no hay peligro, ¿para qué mantener esos horribles artefactos?
Otra alternativa ingenua sería poner fin a lo que alimenta el fanatismo que nutre las filas de los fundamentalistas islámicos: la pobreza. ¿Qué tal un plan Marshall en Pakistan? Un Pakistán que crezca económicamente y que su población perciba ese crecimiento en todos sus estratos será más reacio a dejarse seducir por fanáticos ultramontanos. Asímismo será también reacio a iniciativas xenófobas contra la India por el control de mesetas perdidas de la mano de dios en el Himalaya. En suma, aburguesar Pakistán para que haga oídos sordos de los guerrilleros afganos.
Lo malo es que Pakistán es un país muy poblado, haría falta mucho dinero. Occidente nunca pondrá un duro para reflotar ese país. Es mejor gastarse el dinero en armas para seguir reventando montañas probablemente deshabitadas.
Las industrias del armamento deben estar encantadas.
Dentro de 20 años tendremos perspectiva histórica suficiente para darnos cuenta de si estamos ahora haciendo el ganso o no.
A ver si resulta que lo ingenuo es combatir el terrorismo a cañonazos.