La reforma laboral vuelve a estar en escena, tras la presentación en el Congreso de la Ley de Economía Sostenible [que sucedió en medio del mayor ataque de onanismo bitacoril de la Blogosfera española].
Hace varios meses Senserrich y Citoyen propusieron un nuevo modelo de indemnización por despido. Si no he entendido mal la idea se centra en que la indemnización por despido no las pagaría las empresas, sino un seguro obligatorio (como la Seguridad Social) que tendrán que pagar por cada trabajador.
De esta forma si una empresa se propone despedir a un trabajador no tendrá que afrontar el pago de una indemnización con independencia de cual le sea la cuantía del despido. Evidentemente se contemplan en el esquema general una serie de carencias y de recargos, como en todos los seguros.
Los proponentes consideran que ésta sería una buena forma de romper el mercado laboral dual que tiene y padece nuestro país, que hace forzosamente imprescindibles a unos trabajadores a costa de que otros sean carne de contrato temporal.
He reflexionado mucho la idea y le he dado vueltos sobre su factibilidad y sus problemas. Y como creo que el debate se anima planteando objeciones voy a exponer someramente las mías.
En primer lugar es que este seguro no tiene que ser necesariamente un seguro público, sino que podría serlo privado de suscripción obligatoria. De hecho nada impide, creo, a día de hoy que las empresas privadas de seguro ofrecieran ese producto a las empresas, aunque evidentemente no se lo ofrecerían a todas, sino a las que tengan menos posibilidades de despedir.
Hay que tener en cuenta, en todo caso, que este nuevo seguro obligatorio sería un coste que añadir a la contratación de un trabajador. Un coste que muchos empresarios considerarían inasumible o una dificultad añadida a la contratación. Además, al menos para mí, es difícil cuantificar ‘a priori’ el coste por trabajador.
La estructura salarial en España se basa, a día de hoy en la antigüedad. Básicamente los incrementos salariales se dan por los años de permanencia en la empresa. Así podemos concluir todos que las horas más caras que paga una empresa son las de sus trabajadores con más años de permanencia.
En la actual regulación un trabajador con más antigüedad cuenta con más protección frente al despido, ya que su indemnización en caso de despido improcedente, nulo u objetivo es mayor que la de un trabajador con uno, dos o tres años de antigüedad en la empresa. Si por el mismo coste una empresa puede deshacerse de sus trabajadores más costosos, elegirá esta opción.
En el caso de que se estableciese esta iniciativa, los empleados más caros empezarían a ir desfilando uno tras otro y nos encontraríamos con unos milloncejos de parados de entre 45 y 65 años, que son difícilmente recolocables, se irían al paro a agotar sus prestaciones, con un gasto inmantenible para el Estado, y una vez agotado la nada.
Este cambio sería una reconversión radical, pero de un tamaño tal que las reconversaciones industriales y las privatizaciones del INI parecerían una partida de parchís comparadas con el conflicto social que iba a provocar. Finalmente solamente quiero indicar que las personas de mayor edad son menos abstencionistas que los de menor edad, por si alguien se pregunta por el asunto de las opciones políticas por la juventud.







Bueno: yo llevo diciéndolo hace tiempo. Cuando toda la millonada de trabajadores precarios y mileuristas víctimas de las subvontrataciones salvajes y la toyotización, que no han podido ahorrar un chavo en su vida o estén a medio pagar una hipoteca, lleguen a la edad crítica y se encuentren en la calle sin posibilidad alguna de volver a encontrar curro y con la edad de jubilación a una década larga, veremos lo que pasa.
Por eso yo me quedo a cuadros cuando la gente dice eso de aumentar la edad de jubilación, y siempre pido a los demás que reflexionen y piensen: ¿cuántas profesiones actuales conoces en las que los trabajadores pueden, o mejor dicho les dejen, trabajar hasta tan provecta edad? ¿No queríamos tercialización de la economía? Pues toma, moreno.
Lo bonito del papel (los papers, como decimos ahora para hacernos los importantes), es que lo aguantan todo. Luego viene la realidad social, te da una del derecho y otra del revés y te pone en tu sitio.
Otra opción a largo plazo es la contraria: que gracias a la generación ni-ni los que estuvieron antes no sean reemplazables, pero entonces nos veo currando hasta los 90. De edad no: los 90 de este siglo.
Un abaratamiento del despido (flelxibilidad) sólo es factible socialmente con mayor seguridad para encontrar un despido después de ser despedido. Para ese sistema nórdico hace falta una mayor presión fiscal. No un poquito, sino un mucho. ¿Estamos dispuestos?
“mayor seguridad para encontrar un despido después de ser despedido”.
Seguro que has querido decir “mayor seguridad para encontrar un trabajo después de ser despedido”, pero tal como te ha quedado tiene incluso sentido.
Lo llaman lapsus freudiano, creo recordar. :P
A lo mejor no hay que aumentar tanto la presion fiscal, sino revisar en qeu gastamos nuestros impuestos, y luchar mas contra la corrupcion.
Estoy seguro que si hicieramos tijeretazo algunas tonterias con las que se gastan dinero nuestros gobiernos, a lo mejor no habria que aumentar tanto nuestros impuestos.
Incluso diria que podria ser bueno reducir los impuestos, asi a lo mejor la gente se arriesgaria hacer en legal.
GS: “De hecho nada impide, creo, a día de hoy que las empresas privadas de seguro ofrecieran ese producto a las empresas“.
Lo comento más como duda que otra cosa, pero si el hecho que genera el deber de pagar la indemnización es la decisión deliberada de la empresa de despedir a un trabajador, ¿se puede asegurar esa contingencia? Una cosa sería asegurar al trabajador frente a actos de la empresa, pero ¿asegurar a la empresa una contingencia que provoca ella misma deliberadamente?
Eso lo tendría que valorar la entidad aseguradora, es decir, el riesgo. Evidentemente podrían poner tantas condiciones y limitaciones como quisieran y se pudieran permitir para hacer atractivo el producto.
Justo, es que generalmente se excluyen los daños causados de forma deliberada, en buena lógica diría yo. Pero bueno, ya serían las aseguradoras quienes verían la viabilidad de este sistema.
Imagínate los costes que tendría si el seuro fuera público y obligatorio.
En los seguros de coche una vez lei , que tu vas borracho y atropellas, el seguro tiene que pagar al atropellado, pero luego tiene derecho a ir contra ti, por estar borracho.
En estos casos se podria hacer igual, si el empresario demuestra que el despido esta justificado por ejemplo “que no se adapta bien a las reformas”, o que “tiene que reducir puestos de trabajo”, entiendo que el seguro lo de, pero si es improcedente, seria logico, que el seguro despues fuera contra la empresa.
La extensión del seguro dependería de lo qe ofreciera la aseguradora. En todo caso siempre hay que tener en cuenta que cuanta mayor sea la cobertura, mayor será el coste.
[...] Por geografía subjetiva plantean una serie de objecciones a la idea de Blanchard que presenté hace unos meses para reemplazar el esquema actual de indemnización por despido y sustituirlo por un sistema de impuesto sobre los despidos con un mercado laboral más barato. Las objecciones de geógrafo malinterpretan algo la idea, así que voy a intentar presentarla de forma clara. [...]