Hace más de un año asistí a una conferencia de una lingüista a la que le antecedía la fama de ser polémica. Ella ejerce como profesora universitaria fuera de la pequeña localidad de la que es originaria.
Esperaba que dijera dos o tres cosas sensatas que dichas en su tierra podían parecer insensatas. Yo dijo nada de eso. Habló de decretos de la autonomía en la que se reside, de cómo una asociación cultural a la que pertenece colaboró en la aportación de ideas para esos decretos y algunas anécdotas personales. Nada más.
Dice el refrán que nadie es profeta en su tierra. Puede ser porque tus paisanos no te reconozcan. Por el contrario, cuesta ser profeta (en el sentido bíblico) cuando te enfrentas con las personas con las que tienes relaciones primarias de vecindad, familiaridad o amistad inmemorial. Nadie es profeta en su tierra, pero ¿quieren los profetas serlo en su tierra?







¿Acaso Chomsky ha puesto de moda el ser lingüista y polémico?
Si quieres podemos hablar mejor de filóloga. No esperaba que hablara de cuestiones globales como Chomski, sino de lo suyo, que en ese contexto hubiera sido muy polémico.