Lo que a mí me alucina de todo el tema de la SGAE es lo mal que lo hacen en términos publicitarios y de comunicación. Se supone que estos señores representan a personas que viven de transmitir imágenes e ideas y que algo saben de lo que es vender un producto a pesar de las dificultades.
La SGAE ha superado a Hacienda como la entidad más odiada por los españoles, lo cual tiene un mérito tremendo. Parece que como si estos genios que dirigen la sociedad gestora se hubieran empeñado en caer mal metiendo cámaras en bodas e intentando cobrar por festivales benéficos.
No voy a entrar en la eterna y estéril discusión legal. Me da igual. Simplemente creo que estos señores se han dado por derrotados en su propio terreno (comunicación e imagen) y no les importa ser odiados tirando de interpretaciones legales literalistas y de una legión de abogados.
La renuncia a la victoria en el terreno de la comunicación, puede que sea por manifiesta incapacidad, da pistas para explicar hechos tales como los “exitazos” del cine español.







Se han cargado la buena imagen que tenían los artistas desde la transición.
“Se supone que estos señores [SGAE] representan a personas que viven de transmitir imágenes e ideas y que algo saben de lo que es vender un producto a pesar de las dificultades.”
La diferencia entre los músicos y la SGAE es que los primeros *necesitan* currarselo para vender (es decir, para recaudar), mientras que en la SGAE saben que pueden hacer (casi) cualquier burrada que se les ocurra que aquí nadie con poder decisorio va a venir a plantearse si lo suyo es normal y si, a lo mejor, conviene que sea otro el que recaude o incluso el que administre el dinero. Por lo tanto, ¿para qué derrochar recursos, tiempo y dinero intentando caer simpático si al final la cantidad recaudad es la misma?
Entre estos y los clubes de fútbol diciendo que se van a poner en huelga, uno ve las pequeñas, sutiles y descompensadas ventajas del comunismo…
No me extraña que la SGAE supere a Hacienda como la institución más odiada por los españoles. Son como el ojo que todolo ve, el inspector que todo lo cobra: bodas, celebraciones de cumpleaños, fiestas populares…
A propósito de esto, me viene a la memoria una poesía de Manuel Machado que la SGAE y compañía deben de detestar:
Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.
Tal es la gloria Guillen,
de los que escriben cantares,
oir decir a la gente
que no los ha escrito nadie.
Procura tú que tus coplas,
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.
Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.