La dudosa imagen que uno pueda tener del Congreso de los Estados Unidos Mexicanos se refuerza por hechos como el que describe esta noticia: hay que aprobar una reforma tributaria antes del 20 de octubre, una serie de diputados tienen éxito en sus maniobras obstruccionistas y, entonces, el reloj se detiene de la sala a las 23:59 y lo mantiene parado durante cinco horas, hasta que se aprueba la reforma
Esto pasa por tener normas absurdas que ponen límites temporales a la aprobación de algo, lo cual implica que algunos tengan la tentación de hacer obstruccionismo y que puedan tener incluso éxito en su táctico.
Si a las normas absurdas se le añaden unos diputados que quieren subvertir la mayoría parlamentaria y alguien que descaradamente para el reloj durante cinco horas haciendo caso omiso de la normativa (absurda pero normativa), tenemos montado el espectáculo circense que dio el Congreso de México.
Menos mal que esto no pasa en España ¿o sí pasa?







Hay normas de esas a porrillo. En Estados Unidos, por ejemplo, hablando del Senado, resulta que ante la exposición de una norma que es susceptible de ser aprobada… o rechazada, el senador que hace la exposición no tiene tiempo límite para ello. Esto ha sido aprovechado en varias ocasiones, cuando la norma no tenía los apoyos suficientes, para, a última hora, alargar la exposición lo que fuera necesario a fin de recabar dichos apoyos.
En tiempos de William Henry Harrison, aunque estuvo en el cargo de Presidente de los USA nada más que un mes, la exposición para la aprobación de una normativa con respecto a la producción de leche se alargó durante 16 horas… y no se aprobó. Esto, sumado a la muerte de William Henry, fue la puntilla que acabó con el Partido Whig.
Vamos, pa’matarlos.
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