Hace semanas tomé en una librería con un librito titulado Diez ateos cambian de autobús. Tengo la impresión de que es la reedición de un libro anterior, aunque con el título modificado para ponerlo en consonancia con la famosa campaña de los autobuses.
El libro narra las conversaciones de Chesterton y Dostoievski, Sábato y Francis Collins, Tatiana Goricheva y C. S. Lewis, André Frossard y Edith Stein, Messori y Narciso Yepes. En términos generales unos conversos bastantes antigüillos, con sus excepciones.
Lo simpático de este libro es que se dedica a publicitar conversiones del siglo XX como ejemplares, mientras las creencias religiosas viven millones de abandonos al año. Es la clásica estrategia del Cristianismo: lo cualitativo tiene más valor que lo cuantitativo y yo soy el que define la cualidad a tener en cuenta.







No lo has entendido. Que haya alguien que en este momento aún esté dispuesto a convertirse al cristianismo, aunque sea uno sólo, les sirve para mantener la fe. Por eso lo publicitan tanto. ;-)
La personalización de los fenómenos es una estrategia bastante vieja, y ha sido usada por todas las religiones e ideologías sin distinción. Permite poner nombres, apellidos y vivencias a un suceso que por otra parte sería totalmente impersonal, y por tanto, muy difícil de identificar por cada persona en particular.
Pocas cosas están inventadas. Las enarbole el cristianismo o quien sea. No dieron bombo ni nada en el siglo XIX a los empresarios que pasaban a engrosar las filas del socialismo utópico; o la de los demócratas que pasaron a las filas de los republicanos y dieron origen al movimiento neoconservador; o a todos los tránsfugas que pululan por nuestro país… Todo ello, teniendo presente que miles de personas anónimas cambian de opinión, mentalidad o posición constantemente.