
Roger Senserrich recomendaba un nuevo libro de Diego Gambetta sobre la universidad italiana, en cuanto que la universidad italiana puede mostrarnos muchas cosas de eso que es la universidad española.
Esto me despertó una idea que hace tiempo llevaba barruntando. Aunque de vez en cuando hay pasadas, ya no nos encontramos tantos casos en los que para una plaza universitaria, por ejemplo en ciencias sociales, unos cursos privados de piano superen a un montón de investigaciones o que sencillamente se den cátedras a personas cuyo curriculum confesable sea una hoja en blanco.
¿Qué se está haciendo ahora? Algo tan aparentemente inocuo como hacer el curriculum a medida. Intentaré explicarlo. Un catedrático quiere enchufar a un vástago, pero como hay acreditaciones y se publica el curriculum se dedica a construirle unos méritos a los solamente él, con la ayuda de otros catedráticos en régimen de reciprocidad, puede acceder.
El vástago hará estancias a las que nadie puede acceder porque o bien no se entera o bien no tiene la aprobación del departamento, el vástago podrá estar en grupos de trabajo que no admite a otros y, finalmente, el vástago podrá publicar en revistas en la que cualquier otro no tiene ninguna posibilidad.
El resultado final es que el vástago tendrá un curriculum absolutamente insuperable y nadie podrá decir, al verlo, que le han regalado la plaza. Lo que nadie podrá ver es cómo le han regalado el curriculum.







¿Por qué si no algunos escapamos de la universidad como alma que lleva el diablo? Otra cosa típica era meter en grupos de investigación a un enchufado que como mucho había hecho fotocopias, pero aparecía como colaborador. Repítase veinte veces el proceso y se tiene un aspirante a profesor titular. Y una vez jefe, a utilizar las investigaciones originales de los alumnos.
Otra práctica habitual era publicar las becas en el tablón de anuncio quince minutos antes de que venciese el plazo, donde había que presentar documentación surrealista. Milagrosamente a unos elegidos les daba tiempo a presentarla, no sé, como si la tuviese ya preparada.
Para no estar en la Universidad pareces bien enterado. Afortunadamente no siempre es así.