
¿Por qué hay muchas personas que consideramos que el domingo es un día un tanto odioso? En principio esto no debería pasar porque es el día más generalizado de descanso, pero especialmente sus tardes tienen un algo especial que la hacen poco deseables. Algunos se refugian en el fútbol, pero ser del Betis es poco refugio.
Ese algo que hace del domingo, concretamente su tarde, un engendro tan poco agradable es que constituye el fin, un camino hacia la vuelta a lo laboral. Si todo eso le unimos que las calles parecen desiertas (en algunos sitios más que en otros) podemos alcanzar el curioso deseo de que llegue el lunes.
Los tiempos de transición, los tiempos cuyo valor es puramente el pasar, son quizá por ello los más onerosos y los más lentos. En el domingo las posibilidades del fin de semana se han agotado: lo que pudo ser fue, lo que no se queda como posibilidad para el siguiente fin de semana (en el mejor de los casos). El domino es vacuidad, balance, silencio y la búsqueda de mil maneras para rellenar la socialidad en el ese día perdemos.







Muchos madrileños, pensando lo mismo, cada domingo por la tarde decidien asaltar La Latina y darle otra dinámica a este día tan feo.
Curioso que en la misma semana hablemos los dos de domingos. Qué sincronizados estamos! Eso sí, tú siempre consigues explicarte mucho mejor que yo.
La utilidad del domingo es la de alegrar el sábado.
Pues yo me voy al Parque del Mediterráneo, paso el día tomando el sol y bañandome en los lagos y por la tarde con el pareo me refugio en la isla y me tomo un mojito. No es nada original, pero me sienta estupendamente.
En invierno ya veremos.
¿Quieres bullicio un domingo? Uf, como dice Joan, bares de La Latina en Madrid el domingo por la tarde, no entra un alfiler!