
En otra ocasión ya os hable de Juvenal, un amigo que debe ser el último poeta oral de Occidental. Hace varios días quedé con él y me descubrió una nueva dimensión de su vida. Terminado el curso (se gana la vida dando clases de Lengua, o intentándolo más bien) decidió dejar su alquiler y probar fortuna como beduino urbano.
Cargó su ropa e impedimenta varia dentro del maletero de su coche (“de facto” convertido en un camello con cuatro ruedas). Todo ordenado, no os creáis y anda buscando un lugar donde dormir. Cualquier conversación con él puede alterarse abruptamente si escucha, aunque sea lejanamente, que alguien conocido se queda solo en casa, de forma que él, sin demasiados preámbulos, se comunica que no va a estar solo, que esa noche él le acompañará. Cuando la amistad falla, recurre a la seducción.
Calificativos se le pueden poner muchos a Juvenal, pero al final, todos sus amigos acabamos diciendo: “Total, es Juvenil, criaturita”.






