
1. El uno es mejor que la pluralidad.
2. Madrid es la sede del Uno, de la sabiduría y de la inerrancia.
3. Un error en Madrid siempre es mejor que cien aciertos fuera de Madrid.
4. La Constitución es sagrada e inalterable. No hace falta leer la Constitución y el Título VIII se puede obviar, así como todo lo que proteja lo plural.
5. Las autonomías son un error que hay que sobrellevar, especialmente la autonomía de Euskadi y la de Catalunya.
6. Las autonomías no deberían tener ninguna capacidad para hacer normas diferentes a las de Madrid, esto es, no deberían ser autónomas.
7. El español (que no castellano) es la mejor lengua habida y por haber. Las otras lenguas españolas no son españolas (extraña coincidencia con los independentistas), molestas al oído y su cooficialidad debería ser reducida al ámbito doméstico.
8. Que los votantes respalden, elecciones tras elecciones, políticas contrarias al Neocentralismo no es un argumento en contra de éste, sino de los votantes.
9. El neocentralista tiene una visión de la política y de la sociedad propia del Formalismo Jurídico: la simple existencia de una norma cuyo ámbito de aplicación sea la generalidad de personas garantiza la igualdad.
10. El neocentralista no es de izquierda ni de derecha, pero reconoce de forma puramente objetiva que los causantes originarios de todos los males son los de izquierda.







[...] Decálogo del nuevo centristageografiasubjetiva.com/2009/07/10/decalogo-del-neocentralista/ por Asumido hace pocos segundos [...]
El neocentralista no es de izquierda ni de derecha, pero reconoce de forma puramente objetiva que los causantes originarios de todos los males son los de izquierda.
Jaja.
“5. Las autonomías son un error que hay que sobrellevar, especialmente la autonomía de Euskadi y la de Catalunya.”
Un Neocentralista no escribiría nunca “Catalunya”. Por eso es necesaria una enmienda al decálogo:
Enmienda primera: el Neocentralista usará siempre el Español para denominar partes de España, apellidos de españoles o instituciones dentro del territorio nacional (“Vascongadas”, “Durán y Lérida”, “Generalidad”).
Y sí, la 10 es gloriosa, Geógrafo: ¡bravo!
Lo pensé cuando lo estaba escribiendo, pero como el texto lo escribía yo y no soy un “neocentralista” he preferido usar las denominaciones que empleo normalmente.
Objeto un poquito a la norma 7: El inglés también les mola bastante. Una de las quejas de los neocentralistas es que para qué perder el tiempo en aprender lenguas locales, cuando ese tiempo se aprovecharía aprendiendo informática, o inglés.
Recuerdo con gran placer cuando Amando de Miguel denunciaba que la burguesía catalana independentista quería educar a sus hijos sólo en catalán e inglés. Y yo me dije: pues bien, ¿no? Así podrán hacer negocios con el País Vasco, con Madrid y con quien sea en inglés, ¿qué problema hay? Cuando se globaliza a los demás qué bonito queda, y cuando te globalizan qué pupita que hace.
Cierto, el inglés les pirra.
Erre que erre con el español y el castellano… Al respecto, como ya hemos hablado alguna vez, una cosa es lo que dice la Constitución, hecha por políticos, y otra lo que dice la Filología, hecha por lingüistas. No creo que quien llame español al castellano tenga que ser forzosamente un “neocentralista”.
Tampoco creo de debería ser un rasgo “neocentralista” hablar sobre lo desigual que nació el Estado de las autonomías (el sistema económico vasco, como es natural, contravino el apartado 1 del artículo 1 del Título Preliminar. De “igualdad” real entre los españoles, desde el inicio del concierto, nada de nada) o discenir si hay o no un nuevo centralismo llevado a cabo por esos nuevos estados que están resultando ser las autonomías.
Otra cosa es que el miedo-complejo de ser tachado de “neocentralista” calle a muchos las bocas (espero que el mutismo no llegue a las meninges).
La “Filología” en sí no existe, sino hay autores. Yo prefiero seguir a Moreno Cabrera que es uno de los lingüístas más importantes del país y cuyas teorías no son de un solo caso o “teorías ad hoc“.
La autonomía implica no “uniformidad”, que no es lo mismo que “desigualdad”. En el texto constitucional no puede haber contradicciones porque “toda contradicción” es una excepción.
(Por mi parte, espero no caer en los vanos matices de a ver quién se queda con la última palabra.)
No conozco a Moreno Cabrera, sí a Eugenio Coseriu, Manuel Alvar o Rafael Lapesa. Cualquier lingüista, aparezca en ‘Público’ o investigue desde su cátedra, no tendrá problema en explicarte, querido Geógrafo, el fenómeno por el que el castellano, en el siglo XVI, pasa a denominarse español. No es difícil de entender. Tú lo pillarías al vuelo.
El debate denominación español-castellano está contaminado de política. Para los filólogos o autores no hay demasiado de lo que discutir. Si acaso alguna fecha o algún concreto proceso interno. Pero todo más allá de connotaciones políticas e imperialistas (aunque, naturalmente, la evolución de las lenguas tengan condicionantes políticos, económicos, sociales y culturales).
El problema es cuando al hecho lingüístico se lo quiere revestir de afanes centrípetos o centrífugos. Muy triste, propio de los pobres debates políticos de la pobre España pobre.
Está claro que no voy a entrar en nimiedades denominativas sobre texto constitucional. Lo que sí me gustaría añadir es que cualquier lector con ganas de entender habrá sabido a la perfección qué quise decir en mi anterior entrada sobre las comunidades autónomas. Desde el punto de vista intelectual, me parece muy grave llamar “neocentralista” a quien denuncie o abra debates sobre los errores, razonables o no, que se están cometiéndo en el Estado de las Autonomías.
Ésta es un actitud muy grave y propia de mentecatos, militantes o acomplejados, tres atributos que no pueden ser cargados en tu debe, querido Geógrafo.
Básicamente cualquier acto de denominación es un acto de voluntad. Se puede encontrar la denominación “castellano” en multitud de documentos de todas las épocas, pero para mí no tiene especial trascendencia, la verdad. Decir que el “castellano” se transforma en otra cosa no es tanto una decisión lingüística sino política.
Sí, Moreno Cabrera puede que escriba en “Público” pero deberias saber que es uno de los más importantes lingüistas del país, de los vivos y de los que siguen trabajando, claro.
La propia idea de las descentralización implica variedad, eso es lo que el “neocentralista” no termina de entender. Básicamente es lo que quería decir (creo que por segunda vez). Lo más grave es que el “neocentralista” no termina de enterarse que su postura no garantiza ni mucho menos la igualdad de la que quiere ser paladín, sino que beneficia precisamente al centro.
Voy a ir aprendiendo el decálogo para usarlo con aquellos que no se llaman a si mismos nacionalistas o centralistas pero que están de acuerdo con casi todo lo expuesto…
Respecto al debate “español-castellano”, creo que es un poco estéril. Al idioma oficial se le denomina “castellano” dentro de España en contraposición al catalán, gallero o euskera, porque españoles lo son todos. En una dimensión internacional, a nuestro idioma se le denomina “español” en oposición al francés, alemán, italiano… Luego los lingüistas emplearán diferentes denominaciones, en función de lo que crean más característico o descriptivo del idioma (o de lo que políticamente más les interese).
Respecto al debate sobre las Comunidades Autónomas, hay que decir que la distinta regulación no mata la igualdad, puesto que todos los españoles son iguales ante la ley del territorio en que se encuentren. Ahora bien, si lo que queremos decir es que unos españoles tienen más derechos que otros porque en las unas CCAA tienen una regulación y en las demás, otra distinta, lo que habría que decir es que si a los españoles que tienen “menos derechos” no les gusta su legislación autonómica, que la cambien (para eso hay elecciones autonómicas).
Sí, al neocentralista le suele poner el inglés. He tenido ocasión de conocer a algún defensor del inglés que lo proponía como alternativa al aprendizaje de las lenguas “vernáculas” que en realidad no tenía ni p… idea de la lengua de Shakespeare. Y lo que digo yo: saber inglés está muy bien, saber inglés y además euskera (o gallego o catalán) está mejor, ¿no?.
Agún que otro neocentralista (y algún centralista rancio) escribe Iberreche por Ibarretxe. Aplicando esa logica habría que escribir Quénedi, Sarcosí… incluso Alfonso Usía (así, con una sola ese)
Es fácil encontrar contraejemplos:
DECÁLOGO DEL CATALANISTA
1. La separación es mejor que la unión. Hagamos hincapié en lo que nos separa, y no en lo que nos une. Seamos éticos.
2. Barcelona ha de ser la sede económica, política y cultural del país. Madrid es un pueblo grande, lleno de castizos incultos y sucios, y sólo es la locomotora del estado español por su condición de capital política de la nación de naciones.
3. Un error en Barcelona siempre es mejor que cien aciertos fuera de Barcelona, en donde son, por definición, menos europeos y civilizados.
4. La Constitución no es sagrada e inalterable. Es obvio que está para pasársela por el arco. Y para su reforma debería bastar la sola voluntad de ERC. Por supuesto, las sentencias del Supremo y el Constitucional, también están para pasárselas por el arco. No hace falta leer la Constitución, y el Título VIII de la misma se puede obviar, en particular todo lo que defienda lo que nos une.
5. Las autonomías son un error que hay que sobrellevar, especialmente la autonomía de Euskadi y la de Catalunya, que deberían ser estados libres asociados y tener más derechos y privilegios que las demás. Porque nosotros lo valemos.
6. El estado no debería tener ninguna capacidad para hacer normas diferentes a las de las comunidades autónomas, esto es, no debería existir.
7. El catalán es la mejor lengua habida y por haber. Las otras lenguas españolas (en particular, la castellana) son molestas al oído, con esas jjjotas horribles, y su cooficialidad debería ser reducida al ámbito doméstico. En Cataluña, en catalán.
8. Que los votantes respalden en las elecciones generales a partidos de ámbito general no es un argumento en contra del autonomismo-federalismo-secesionismo, sino de los votantes.
9. El soberanista (no nacionalista, sino catalanista) tiene una visión de la política y de la sociedad propia del Formalismo Jurídico: está clarísimo que las normas particulares son las más idóneas para garantizar la diversidad (y la igualdad también, y la solidaridad, y la justicia, y la belleza, y hasta la unidad, si se tercia).
10. El exquisito federalista no es de izquierdas ni de derechas, pero reconoce de forma puramente objetiva que los causantes originarios de todos los males del país y de Cataluña son los fachas del PP.
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En fin, bromas aparte, lo que veo es que muchos por aquí os resistís a aceptar que las naciones existen, que vosotros mismos sois nacionales de alguna en particular, que los nacionalistas catalanes combaten por que su identidad no desaparezca ‘en igualdad formal’ ante la identidad naturalmente más poderosa -la española-, y que muchos de vosotros, siendo nacionalmente españoles, estáis dejando en la estacada a quienes de vuestra misma condición viven en Cataluña (y demás comunidades irredentas).
Sois una panda de frikis esnobs, engreídos, insolidarios y… masocas.
No soy catalán y menos aún catalanista
Que cantidad de tonterias poco , o mejor dicho, nada objetivas.