
El victimismo es una estrategia política bastante usual y en muchas ocasiones efectiva. Consiste en decir que todos los males de un grupo o zona geográfica se deben a un partido determinado (basándose generalmente en acontecimientos empleados demagógicamente) para provocar un rechazo generalizado a ese partido. Si se maneja con gracia, habilidad, descaro y sin la mínima vergüenza, junto a los medios adecuados, los resultados pueden ser espectaculares.
Normalmente el partido afectado por la estrategia del victimismo intenta restañar su mala imagen haciendo todo lo contrario a lo que le acusan, pero no sirve para nada, porque cuando hay un prejuicio bien montado es imposible cambiarlo en un intervalo temporal políticamente asumible. Después del fracaso, normalmente se insistirá más en ello y los resultados volverán a ser igual de nefastos.
Para ser dañado por un proceso de victimización, un partido tiene que haber hecho las cosas bastante mal anteriormente, de forma que no será capaz de capitalizar absolutamente nada de los aspectos que le puedan favorecer. De hecho sus intentos de hacer cosas buenas por ese grupo o territorio serán capitalizados por los que han urdido la estrategia del victimismo y se les volverán en contra.
Hay una posibilidad algo cafre, que nadie tendrá el arrojo de utilizar y someterla así a falsación, pero que podría ser efectiva. En una zona, por ejemplo, el partido que gobierna la Nación se ha quedado con el apoyo de los muy muy fieles, que te votarán en cualquier circunstancia, entonces puedes permitirte que el victimismo no sea una estrategia, sino que pase a ser un queja legítima, es decir, puedes dar motivos de verdad para que se sientan víctimas.
Si uno no tiene necesidad de determinado grupo o zona para conseguir gobernar puede pasar olímpicamente de estos, y más si te insultan sistemáticamente. Hay que ayudarles a tener la razón. Ciertamente uno se puede dar por muerto allí y desmantelar la organización, pero no pierde realmente nada, porque nunca se iba a ganar apoyos y los recursos que se invierten en intentar convencer en que uno no es tan malo, se pueden dedicar a zonas o grupos donde no piensan que eres el mal absoluto.
Esto es una pura hipótesis, no me atrevería a proponer en serio una burrada como la que acabo de publicar.







Se está produciendo en estos momentos un golpe de Estado en Honduras, ¿nos ayudarás a twittearlo?
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Venezuela/aliados/salen/defensa/Zelaya/elpepuint/20090626elpepuint_3/Tes
Estaré encantado de retwittear todo lo que escribas tú sobre este asunto. También seguiré a los medios de comunicación extranjeros que, según creo, aún no han expulsado.
El victimismo es una estrategia eficacísima, tanto en el plano de las relaciones personales como en el político. Hasta tal punto es eficaz que son legión quienes han hecho de él el eje central de su discurso.
Partiendo de un antiguo agravio, real o imaginario, tanto da, alguien contrae una deuda que jamás será saldada, incluso se va acrecentando más y más sin solución de continuidad, tal como le sucediera a la cándida Eréndira con respecto a su abuela desalmada.
Los nacionalismos suelen utilizar el victimismo como elemento primordial de legitimación, hasta el punto de que algunos conmemoran las derrotas -la derrota como acto fundacional de la propia nación- Algunos aprovechan para pasarse por el forro todas las leyes habidas y por haber culpando a los demás de su propia conducta delictiva.
El victimismo es una mina, no me extraña que se recurra a él con tanta frecuencia.
¿Exacerbarlo? No sé, eso es como tocarle en todo el punto G. La mejor manera de tratar con un victimista es ignorarlo: no cogérsela con papel de fumar para no “ofenderle”, ni meterle el dedo en el ojo.
Saludos.
La Iglesia es la gran manipuladora de masas y hace bien en evidenciar su virtud con estas amenazas excomulgatorias. Porque así sabemos, aquí y en mi tierra, Osaka, que no hay ninguna duda sobre su perversidad.
[...] El victimismo como estrategia del poder [...]