
La pasada semana se ha celebrado en Sevilla la “Feria del Libro”. Este año parece que ha habido más participantes, pero sin ser nada del otro mundo. Durante años se han empleado diversos modelos e ideas, aunque a mí la “Feria del Libro” de mi patria chica no termina de satisfacerme.
No me satisface porque es una “Feria” montada por y para libreros, con algunos actos “culturetas” donde los autores hablan sobre sus obras. La mayoría de lo que se dice en estos actos tiene la misma variedad que las declaraciones de los futbolistas sobre el terreno de juego cuando termina un partido.
La mayoría de los participantes son libreros, es decir, personas que tienen una librería y que exponen en las calles lo que normalmente venden en sus establecimientos. La consecuencia es que uno no ve nada llamativo, ni nuevo, ni absolutamente ningún libro que no haya visto en las visitas a las librerías (los que somos aficionados a este vicio, claro).
Para mí una “Feria del Libro” no debe montarse por y para libreros, sino para las editoriales, que vengan a Sevilla a enseñarnos su catálogo completo. Editoriales de todo tipo, que son las que llenan las “Ferias” más importantes de nuestro país. De las pocas editoriales que participan en Sevilla, la mayoría es de organismos públicos y sus “interesantísimos” y baratos catálogos (algo que nunca entenderé).
Hay otra “Feria” libresca en Sevilla que sí me interesa, la del libro antiguo y de ocasión, porque ésta sí nos ofrece un panorama de este sector a la oferta habitual de la ciudad. Allí sí voy, varias veces, me intereso y sin necesidad de que nadie me hable de su proceso creador (que personalmente no me interesa) y sin necesidad de instalar el tradicional bar, que parece obligatorio para atraer a los visitantes. Cuando los libros son los protagonistas no hacen falta actividades paralelas ni pasacalles, porque leer, desde Ambrosio de Milán, se hace en silencio y particularmente.







No se qué decirte… El Sant Jordi barcelonés es poco más o menos lo que describes, y aquello es una fiesta. Y el Saló del Cómic es poco más o menos lo que deseas… y lo interesante -exposiciones y firmas aparte- está en los stands de las librerías, no en los de las editoriales.
En cambio la Feria de Madrid, que es la otra que conozca, la animan librescamente las editoriales. A mí en estas cosas lo que me interesa básicamente son los libros.
En el fondo estoy de acuerdo, Geógrafo. Había a veces más escritores, periodistas y relaciones públicas que lectores. Supongo que es lo que tienen las ferias.
En cualquier caso, celebro haber podido encontrar el catálogo completo de la editorial Gedisa, donde se publica parte de la obra de Steiner, y el cuidado catáologo de Rey Lear, con mi querido Stepehn Crane a la cabeza. Y si te hablo de la irrepetible Renacimiento o de la reedición de la obra completa de Chaves Nogales por la Diputación…
En fin.
Que es como todo y que, esta vez, Geógrafo, he pretendido darte esa otra cara…
Así que algunos autores dicen: “Yo me dedico a trabajar en los entrenamientos [mis escritos] para contar con la confianza del míster [mi editor]. Pese a que he marcado cuatro goles [he vendido 100.000 copias] el triunfo es de todos los compañeros [otros escritores amigos que no se comen un colín]. La eliminatoria no está resuelta, porque no hay enemigo pequeño” [cualquier jovencito puede quitarme el sitio en la columna del periódico]…
Mientras otros afirman: “Hemos jugado bien pero la pelotita no ha querido entrar” (no me publican).
¡Y es que el fútbol ya está en todo!
Hola, que tal? La última vez que estuve en la Feria de libros antiguos, me pillé un tomo de las obras completas de Santa Teresa de Jesús por 9€. Te hablo de la Feria de Sevilla hace tres o cuatro años. Ahora vivo en Madrid, y cerca de la estación de Atocha, al lado del retiro, siempre hay permne una serie de casetas de libros antiguos que está muy bien.
Sevilla debería contar con una feria perpétua( por llamarle de alguna manera) de libros antiguos. Pero claro, nos tira más la que se organiza en los Remedios, jeje.