
Ayer Hillary Clinton, secretaria de Estado de los Estados Unidos, anunciaba en el Senado que los talibanes se encontraban a las puertas de Islamabad, capital de Pakistán. Una noticia que ha hecho tambalear los frágiles fundamentos de la geopolítica mundial, dado que Pakistán no es sólo un país muy habitado, con influencia, sino que sobre todo tiene armamento nuclear.
Tengo la impresión que ha sido una buena estrategia de comunicación para transmitir dos cosas: la necesidad de la acción y la rápida efectividad de esta misma acción. En un día los talibanes no están triunfantes y al día siguiente están en franco retroceso.
La situación de Pakistán es preocupante, independientemente del episodio anterior. Garantizar que Pakistán no pueda caer en mano de los talibanes, con su armamento nuclear, es una prioridad para la comunidad internacional, más aún que la estabilización de Afganistán. Es cierto que ambas realidades están interconectadas. Son necesarias tanto una política militar como una política a medio y largo plazo capaz de quitarle la base y el respaldo social a los talibanes, que sin duda también tienen.






