Tengo la impresión de que poco ha cambiado entre las campañas de las primeras elecciones democráticas en España, tras el final de la Dictadura, y las actuales, si exceptuamos naturalmente cuestiones técnicas. La misma utilización de Internet es más noticia por lo novedoso que por lo que tiene de efectivo.
Como todos los partidos juegan a lo mismo, las campañas son efectivas y aquello de que “siempre se está en campaña” no deja de ser un aforismo que queda bien, pero poco más.
El partido que sepa ir a los votantes y a sus intereses, conseguirá romper las urnas, al menos hasta que los demás comiencen a hacer lo mismo, pero tendrá la ventaja estratégica de haber sido el primero y de cierta experiencia que tiene un valor incalculable cuando nadie la tiene.
Además de los intereses que todos tenemos y que manifestamos en las encuestas, jerarquizándolos según el momento informativo, hay intereses con los que realmente nos comprometemos. Hay personas que participan en ciertas cosas, tienen intereses por su profesión o a causa de ella, otros se suscriben a revistas y mil cosas más, todo ello perfecta cognoscible siempre que se ponga el interés necesario.
El partido que sea capaz de hablarle a la gente de los intereses suyos y de recibir la respuesta de estos tendrá un anclaje en la sociedad difícilmente removible. Y ojo, no estoy hablando de hacer clientela con asociaciones más o menos afines que esperarán una hermosa subvención como premio a su fidelidad.
El PSOE aprobó en su último Congreso Federal la figura del agente de sección (si mal no recuerdo). Es el grado de concreción, al menos teórico, que se ha dado en España y pretendía que el partido tuviese una persona encargada de cada sección electoral del país, es decir, de la zona de ciudadanos que se incluyen en una mesa electoral. No sé ni cuanto ni como se ha hecho, si se ha hecho algo.
Tejer esa red de relaciones entre las personas (no la sociedad abstracta ni mucho menos la sociedad civil) y un partido puede ser esencial para el éxito electoral y una política diferente en una época que parecía abocada a la impersonalización, pero que nos está dando unas posibilidades de singularización como nunca antes habíamos hecho.
Este trabajo requiere inversiones en medios y personas, junto a un control exhaustivo del trabajo y de la consecución de objetivos a cortísimo plazo. Este trabajo es verdaderamente de todos los días y sin gloria visible, pero puede transformarse en crucial.








Vamos hacia una época donde la responsabilidad va ser el centro. Donde los ciudadanos no vamos a vivir más a espaldas de lo que hacen nuestros políticos y les vamos a pedir cuentas. Estoy seguro de ello.
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