Por medio del estupendo blog de Carmen Porras accedí a leer el artículo que Juan José Millás dedicó al tema de las compatibilidades de los diputados. En medio de las diversas consideraciones que hace Millás creo que todo el contenido de éste se puede resumir en la siguiente tesis: “¿Más de cuarenta millones de españoles no se merecen trescientos cincuenta diputados con dedicación absoluta?”.
La publicación en “El País” de las compatibilidades concedidas a los diputados por los propios diputados ha causado cierto revuelo, y más cuando hasta ese momento estas compatibilidades eran secretas, así como las sesiones del Congreso donde se aprobaban.
Jordi Sevilla, siempre ponderado y mesurado, ha hecho observaciones interesantes al decir que lo que ha causado el escándalo es por hacer público algo, mientras que el público y los opinadores no se escandalizan con lo que no saben pero suponen en sectores que en estos meses están cayendo como el castillo de naipes que son. Jordi Sevilla tiene parcialmente razón, siempre que se indique que ser diputado no es obligatorio (hay muchos voluntarios) y como se cobra de los impuestos de los ciudadanos, ya era hora de conocer las actividades extras.
A mí el simple conocimiento, y más por una filtración, no me es suficiente. Quisiera conocer no sólo las actividades autorizadas, sino qué conferencias reales han dado tantos diputados conferenciantes y a cuántas tertulias reales han ido tantos diputados tertulianos. Si a ello sumamos la remuneración y las dietas sería una delicia.
¿Mi petición es simple cotilleo? Un poco cotilla soy, lo reconozco, pero no se trata solamente de eso, sino de controlar qué posibles intereses pueden rodear a nuestros “padres y madres de la Patria” (mal pensado que es uno).
Veamos algunos ejemplos de porqué es importante conocer las conferencias, las tertulias y los libros, lo recibido por ellos y también quiénes los organizadores y patrocinadores.
Imaginemos que yo soy un empresario que hago abrigos con plumas de un pájaro no protegido y al que a mí no me interesa que protejan. Para prevenir que eso pase, patrocino jornadas de Medio Ambiente en la que se pagan muy bien a los conferenciantes entre los que se encuentran políticos de todos los partidos, preferentemente diputados y cargos públicos, dedicados a temas medioambientales.
Ahora supongamos que deseo que no cambie una regulación de un sector en el que tengo intereses. En vez de ir por el mundo con maletines y sobres, que son de mal gusto, meto publicidad cara en determinadas tertulias que por ello pueden pagar bien a los contertulios.
Finalmente podemos pensar que me dedico a la fabricación de perfumes absurdos y no quiero que en ningún partido alguien quiere sacar una ley que obligue a que todos los perfumes sean sensatos. Una buena forma de ganarme simpatías es detectar los legisladores con espíritu literario y posibilitarles la edición de sus escritos y si, además, compro la edición completa, le aseguro algunos derechos de autor. Otra forma es editar un libro colectivo sobre La Influencia de Leibniz en la Filosofía de Papua-Nueva Guinea y pagar las aportaciones de diputados y cargos como merecen ser pagadas.
También cabe la posibilidad de llevar asuntos jurídicos a los despachos que tienen abiertos diputados declarados compatibles. Lo importante es que sean asunto que tengan una minuta interesante y que no le cueste mucho trabajo al despacho.
La capacidad que tienen las cámaras y el gobierno para regular cualquier aspecto de nuestra vida económica y social hace necesaria la mayor transparencia, tanto de patrimonio, como de la procedencia de los ingresos. Es una forma de desincentivar prácticas poco honorables que pudieran darse.
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