Mucho se ha hablado, desde las elecciones del 9 de marzo, sobre los problemas y las virtudes de nuestro sistema electoral. Hay tres elementos que, en mi humilde opinión y por lo que he leído, se concitan a la hora de establecer un sistema electoral: territorialidad, proporcionalidad y estabilidad. Estos tres elementos mantienen una relación de cuenta cero, es decir, el crecimiento de uno de estos elementos implica un decrecimiento de los otros.
Ahora que tanto se habla de la falta de proporcionalidad del sistema electoral español, bien podemos fijarnos en el sistema electoral israelí, que es uno de los más proporcionales que existen. La ley electoral israelí establece una sola circunscripción y una barrera mínima del 2% de los votos para poder entrar en la adjudicación de escaños. La adjudicación se hace por proporcionalidad pura, aplicándose con los restos el “Método Hare” (resto mayor).
Para ver el efecto que un sistema como el español tendría sobre los resultados de las elecciones israelíes he realizado algunas simulaciones. Estas simulaciones se basan en la aplicación de la “Ley D’Hontd” y la división de la circunscripción única en cuatro y en veinte y el establecimiento de la barrera del 3%.
Los resultados se han mantenido homogéneos en cada una de las circunscripciones, ya que el establecimiento en esta simulación sería enormemente arbitrario. También se ha mantenido a todas las circunscripciones con el mismo número de diputados a elegir. Así se contempla mejor el efecto del sistema sobre la proporcionalidad casi pura del sistema israelí.
Los resultados más actualizados que he encontrado de las elecciones son los siguientes:

Si dividimos el territorio en cuatro circunscripciones, manteniéndose en todas ellas los mismos resultados que se han dado a nivel nacional, se dan los siguientes resultados:

Aquí se ve como en esta primera simulación tres partidos pierden su representación al no haber superado la barrera del 3% y los partidos más beneficiados son los mayoritarios. La diferencia entre el porcentaje de votos y de escaños se acrecienta notablemente en los dos partidos más votados. Los primeros efectos de la proporcionalidad según el “método D’Hontd”.
La desfragmentación del parlamento israelí se consolida cuando se aumentan, con los mismos criterios, las circunscripciones y de cuatro pasamos a veinte. Los resultados dejan fuera a todos los partidos menos a cuatro:

Lo más destacado de esta segunda simulación es que cinco partidos políticos más desaparecen de la cámara, incluyendo a la quinta fuerza política que en los resultados actuales tiene once escaños.
La diferencia entre el porcentaje de escaños y de votos aumenta conforme se aumenta el número de circunscripciones y se sigue adjudicando escaños como en España como lo muestra el siguiente cuadro.

La simulación a cuatro circunscripciones habría reducido los partidos de la cámara y otorgado más estabilidad al bloque nacionalista-religioso, mientras que la simulación a veinte reduce la cámara a cuatro partidos, dejando fuera a los partidos religiosos y suponiendo un empate entre el bloque nacionalista religioso y el bloque “izquierdista”.
1) El sistema actual es enormemente proporcional teniendo como consecuencia la entrada en la Knesset de doce partidos y aunque en apariencia el bloque formado por nacionalistas y religiosos tiene una ventaja de diez diputados, pero la presencia de seis partidos en su seno le quita posibilidades de estabilidad, como es tradicional en la política israelí.
2) La simulación a cuatro a circunscripciones refuerza al bloque nacionalista-religioso sale enormemente reforzado, así como los dos partidos mayoritarios. Las fuerzas más pequeñas desaparecen y quedan reducidos el número de partidos con representación a nueve.
3) La pérdida de representación del quinto partido con más del 8% de los votos reduce el espectro parlamentario a cuatro fuerzas, dejando fuera tanto las listas religiosas como las árabes. Habría un empate entre los dos bloques, pero que perderían su sentido de ser al posibilitarse pactos entre cuatro partidos con mucha representación y que daría un gobierno muy estable. El problema fundamental es que más del 35% de los votantes no estarían representados en la Knesset.








Al margen de cual de los dos sistemas sea mejor, el hecho destacable es que el sistema electoral no es neutral, influye en los resultados y en la gobernabilidad de un país. Es decir, la elección de un sistema u otro no es una cuestión puramente técnica.
“El problema fundamental es que más del 35% de los votantes no estarían representados en la Knesset.”
Totalmente de acuerdo. Pero tras 2 ó 3 elecciones con este sistema, buena parte de los votantes de ese 35% trasladaran su voto a opciones que saben que van a obtener escaño. O sea, el voto útil.
Porque análogamente se puede aplicar el método electoral israelí a España. Y veríamos que IU y Rosa López recibirán muchos más escaños a costa del PSOE y PP.
Pero eso al principio, a la larga veríamos en el Congreso a una retahíla de partiduchos integrados por fanáticos.
Me quedo con el sistema electoral español. Francamente, los israelíes, con ese engendro electoral que padecen, no deberían ir por ahí presumiendo de democracia.
Buen ejercicio, pero lo interesante, para nosotros, sería hacer el mismo ejercicio pero al revés: que pasaría si los españoles votáramos como los israelíes?
Muy interesante.
Una pregunta: no conozco el método Hare, qué diferencia habría si se aplicara en su lugar la Ley D’Hont, dejando una única circunscripción y el límite del 2%? imagino que poca, no?
Lo que intento ver con eso es qué parte de las diferencias que has obtenido se deben al método de asignación de restos (Hare vs Hont) y qué parte se debe a la división en varias circunscripciones
Y apostillando al brujo, añadir que en función del sistema los electores hacen sus cálculos tambien. Quizá con la simulación a 20 no existirían dos partidos ultraortodoxos sino uno. Por aquello del voto útil y por que nadie se atrevería a escindirse. Cosa que con un 2% para entrar a una única circunscripción no es suicida electoralmente hablando.
Por otra parte yo creía que el Kadima era centrista liberal y el Likud de derecha conservadora. No sabría decir quien és más nacionalista o sionista. No se entiende bien la clasificación. O yo no la entiendo mucho.
El Hadash, por otra parte es rojo-árabe. Incluye al Partido Comunista de Israel.
El caso israelí es paradigmático, de hecho es el ejemplo que establece mi libro de texto de Introducción a la Ciencia Política para explicar el sistema proporcional. Entre sus ventajas destaca la mayor representación de todos los sectores pero entre sus inconvenientes destaca que la división puede hacer muy dificil el funcionamiento legislativo y la gobernabilidad. Definitivamente la elección del sistema electoral influye en los resultados pero lo hace en todos los casos y no sé cual sería el mejor pero imagino que también dependerá de las características de los estados.
PD: Se nota que lo estudie la semana pasada ¿eh? ;)
Laura, espero que el estudio, que se nota, te lleve al éxito académico. Efectivamete, contra los qe repiten algunos “canonizando” ciertos sistemas, no hay sistema perfecto y éste depende de las características del país y de lo que se pretenda.
Pratxanda las tendencias las saqué de “The blog”, que enlazo al final de la entrada. Yo también tenía mis dudas, especialmente con Kadima, pero preferí no tocarlo y enlazar.
También hay que decir que el sistema a lo español haría desaparecer muchos partidos o se unificarían. La forma de decidir del votante sí sería otra.
Lole, totalmente de acuerdo con lo que dices. Al principio habría una euforia por la proporcionalidad, pero con una barrera tan floja la cámara se fragmentaría y formar gobierno sería de lo más difícil.
Oraculador, tiene más peso la división en circunscripción.
Toni, atento a la próxima entrada.
Brujo, eso me proponía mostrar.
Soy poco amigo de los experimentos electorales y de la demagogia que lo rodea. Dicen por ahí arriba que “Israel no debería dar lecciones de democracia”. Error. Que el sistema sea más inestable no lo hace menos democrático. Más bien al contrario. La democracia es de naturaleza inestable y temporal. Los gobiernos caen, se renuevan, se eligen y se disuelven. Así es la democracia. El problema está en que la propia inestabilidad de la democracia es a la vez su grandeza y su gran riesgo. Y es por ello que los sistemas electorales deben tratar de conformar unas instituciones estables y funcionales, que no se bloqueen a la mínima y que puedan dar respuestas ágiles a los problemas que se planteen.
Desde hace casi 200 años la respuesta es clara: bipartidismo, aunque en las últimas décadas parece estar habiendo un resurgimiento del multipartidismo restringido (en Reino Unido: Laboristas, Liberales Demócratas y Conservadores; en Francia: UMP, Socialistas y determinados partidos minoritarios que hacen de bisagra parlamentaria; en Alemania otro tanto…), aunque no parece que ello vaya a alterar demasiado la estructura del sistema. Incluso en Italia, país tradicionalmente pluripartidista a más no poder, ha modificado su legislación electoral para hacer más razonable el número de partidos presentes en el parlamento.
Por mucho que a algunos les guste la idea (sólo gusta cuando uno es miembro de un partido minoritario), lo cierto es que no tiene sentido sacrificar estabilidad en pos de una exagerada proporcionalidad que facilitaría el filibusterismo parlamentario y bloquearía el funcionamiento de las instituciones.
Interesante post.
“tres elementos que, en mi humilde opinión y por lo que he leído, se concitan a la hora de establecer un sistema electoral: territorialidad, proporcionalidad y estabilidad”
¿Y que hay de que el sistema sea representativo de los electores? Ningun sistema en el que los electores no puedan elegir libre y directamtente a sus representates y esto excluye a cualquier sistema de listas de partido, es represantativo de los electores que en una democracia son los que tienen que estar representados.
[...] última entrada se titulaba “Si los israelíes votasen como los españoles” en la que proponía una simulación sobre los resultados de las últimas elecciones israelíes [...]
Sin constitución, mi opinión sobre las listas cerradas y abiertas puedes verla en estas entradas que te enlazo, aunque creo que mucho no te va a gustar.
http://geografiasubjetiva.com/2009/01/12/abiertas-y-cerradas/
http://geografiasubjetiva.com/2009/01/14/abiertas-y-cerradas-ii/
http://geografiasubjetiva.com/2009/02/04/abiertad-y-cerradas-iii/
y esto excluye a cualquier sistema de listas de partido
Hala! ¿Como en Cuba? Si es que… qué malos son los partidos cuando no son el propio.
[...] elecciones israelíes empleé dos entradas para simular cómo podrían varias los resultados éstas si los israelíes votasen con el mismo sistema electoral que rige en España y otra simulación de cómo hubieran sido los resultados de las últimas generales de 2008 si en [...]