
Estoy encantado con la derrota de la “Directiva de las 65 Horas” en el Parlamento Europeo. Hay un motivo obvio y otros no tantos, por lo que, con vuestro permiso, voy a compartirlo con vosotros.
Los fariseos, esos chicos malísimos de los Evangelios, querían ser cumplidores con la Torá (la escrita y la oral), de forma que crearon un círculo de protección en torno a la Ley. Crearon prohibiciones que no estaban prohibidas en la Torá, pero cuya infracción acercaba a la infracción de la Torá: un círculo de protección. Es cierto que esta Directiva era de efecto limitado, pero suponía la ruptura, irreparable, del círculo de protección laboral, ya bastante maltrecho.
Las normas están para ser cumplidas. Esto que debería ser normal se ha convertido en una excepción. Algunos países violaban en sus normas internas lo dispuesto en el Derecho Comunitario. En vez de forzar el cumplimiento del Derecho Comunitario (la tan manoseada primacía), lo que se quería hacer es cambiar la norma, para que lo no ajustado a Derecho fuese ajustado a Derecho.
Me gusta esta victoria porque los sindicatos han reaccionado bien y han hecho llevado a cabo una estrategia inmejorable. La campaña a través de Internet ha sido una muestra de cómo el sindicalismo ha cobrado una nueva dimensión y cómo hasta en el Parlamento Europeo (ese lugar de jubilación política remunerada) te pueden encontrar, por difícil que parezca.
Sin lugar a dudas hay que reconocer el trabajo en España de José A. Rodríguez que, además de mantener agitadas las redes contra la Directiva, ha hecho explotar los correos electrónicos de los eurodiputados con mensajes de sus electores recordándoles que se aproximan las elecciones y esas cosillas que ponen nerviosos a los políticos profesionales.
En fin, una victoria que esperemos no se agüe en los noventa días que quedan para que se llegue a un acuerdo entre el Parlamento y el Consejo. Una victoria que nos dice que hay que mantenerse vigilantes, porque habrá más intentos.







Lo siento pero me encanta lo de “ese lugar de jubilación política remunerada”. Siento perder la objetividad pero ERES GENIAL.
No saben lo que se pierden.
Agradecerte tus palabras, pero el mérito, es más de mi organización que ha apostado por ello, y del resto de organizaciones sindicales y blogueros como tú o César que habéis lanzado a darle difusión a las campañas.
[...] reacción de los sindicatos y por la estrategia llevada acabo en Internet. Y reflexiona sobre el fariseismo que se pretendía implantar: “Algunos países violaban en sus normas internas lo dispuesto en el Derecho Comunitario. En [...]
Los trabajadores han visto recortada su libertad. Aunque quieran ya no podrán pactar jornadas laborales superiores a 65 horas semanales.
Parches para gestionar el liberalismo de otra manera, para seguir como siempre con los de siempre.
Será la Navidad del Corte Inglés o el derroche de las luces, pero creo que hay razones para ser pesimistas más que optimistas.
Salud.
Haces muy bien en recarlcar lo de victoria sindical. Han conservado intacto su poder de negociación colectiva. Aunque pueda chocar con los intereses de algún trabajador.
El hecho en sí de que fuera una idea defendida o atacada por paises en bloque y no en función de las ideologías al uso dice mucho de esa medida aparcada que no suprimida.
La vena más práctica para alcanzar la sacrosanta productividad a costa de lo que sea para escalar en la clasificación de paises potencialmente aptos para la inversión ha hecho que se pudiera plantear esta locura.
Locura porque parte de unos principios básicos de más trabajo=más producción=mayor productividad.
Si China nos hace sombra o todos calzamos zapatos y zapatillas “Made in Thailand”el atajo para competir es dotarnos de un sistema laboral que nos acerque a ellos.
Pero ni por esas.
65 horas quedarían cortas para ese cometido que se pretende porque faltaría retocar el resto de disposiciones laborales vigentes.
En Europa, incluido el vagón de cola, tenemos la malsana costumbre de querer comer decentemente todos los días. Y varias veces.
Así que no es sólo cuestión de lograr la productividad a base de ampliar jornadas de trabajo, sino que detrás tendría que venir la rebaja de derechos (gastos), los recortes en las prestaciones (más gastos) y así hasta lograr que el s. XXI fuera el del resurgimiento de la esclavitud.
Legiones de obreretes nutridas de licenciados, diplomados, técnicos especialistas… y hasta los desertores del sistema educativo básico, compartiendo todos al unísono los mismos horarios, el mismo sueldo de birria (productividad manda) y la misma angustia de no poder permitirse una gripe si quieren comer.
Eso sí que es el lado oscuro de la “cohesión social”.