
Por la tarde, mientras viajaba leí en “El País” un artículo titulado “La estafa del enseñar a enseñar”, firmado por profesores universitarios. Por la noche vi que Jesús Zamora también abordaba el tema en su blog y creo que me debería unir a las voces que empiezan ya a alzarse contra la última barbaridad de los pedagogos que reinan a sus anchas en todas (sí, en todas) las administraciones educativas.
Suscribo plenamente lo publicado ayer en “El País” y lo dicho por Jesús Zamora. Sólo quiero insistir en algunos aspectos sin ninguna pretensión de originalidad:
a) Los que hablan tanto y escriben más sobre gestión democrática de los centros, sobre autonomía de estos y sobre un montón de temas adyacentes, nunca se han molestado en preguntar a los docentes su opinión sobre ninguna de los aspectos de su trabajo. Los pedagogos y demás derivados ven a los docentes como enemigos de la enseñanza, como una especie de atrasados y retrasados que aún no han descubierto la verdad.
b) Antes era la “promoción automática”, dogma de los primeros años de la LOGSE. Ahora toca el “enseñar a enseñar”. Lo primero fracasó porque viola uno de los principios más básicos de la acción humana: la respuesta a incentivos. Lo segundo lo hará porque es en sí una falacia, la del círculo vicioso, ya que tanto enseñar como aprender requieren de un objeto que sea enseñado y aprendido.
c) Me reafirmo en que es necesario que los profesores tengan una alta cualificación académica en las áreas que enseñan, cuanta mayor mejor y con posibilidades de ascenso profesional bien determinadas y no dejadas a la arbitrariedad. Obligar a todos los futuros profesores a abandonar la formación en su disciplina para entregarse al “enseñar a enseñar” no es el mejor camino. La formación de los maestros lleva orientada en ese sentido muchos años y lo único que ha producido ha sido docentes que no saben de lo que enseñan y eso se nota al terminar la Primaria.
d) Para quien diga que la Filosofía no vale para nada, creo que en el fondo aquí tenemos un ejemplo de la utilidad de la Filosofía. Una de las cuestiones fundamentales es que se ha mantenido que la Pedagogía y áreas afines son disciplinas científicas y que sus resultados son tales, cuando no superarían el criterio mínimo menos exigente. La Pedagogía es una pseudociencia a la que se toma en serio, son los astrólogos de la enseñanza.
Una vez tuve que asistir (solamente vale como ejemplo singular y personal) a la presentación de un estudio en el que se enunciaban consecuencias casi universales; cuando los “malos” preguntamos con la muestra que se había trabajado, a la quinta pregunta seguida, los responsables del estudio (o lo que fuera) respondieron que habían sido solamente quince alumnos de un centro concentro. Desde luego si hay es la inferencia menos rigurosa que he visto en mucho tiempo.
e) Soy perfectamente consciente que en esta polémica hay también una lucha intrauniversitaria, ya que este máster dejará a muchas facultades (de ciencias y de humanidades) sin estudiantes para sus otras ofertas, dado que la enseñanza es la salida laboral de la mayoría de sus titulados. Pero yo prefiero que un profesor de Física sepa más Física o que uno de Historia sepa más Historia que pierdan el tiempo y que se engrosen las matrículas y las plantillas universitarias de pedagogos.
f) Las aportaciones deben ser medidas por los resultados. El CAP era una inutilidad y este máster lo será porque ser profesor es un oficio. Un oficio debe aprenderse en el tajo y eso lo sabe la banca: puedes ser un estupendo economista, pero empiezas en la caja cobrando y dando dinero a los clientes, porque a ser empleado de banca se aprende siendo empleado de banca.
g) Me uno a las propuestas que están en esta línea como la de hacer un sistema similar al MIR.







La verdad es que al final, me gusta más el modelo de enseñanza del PP (no en el tema religioso, pero sí en cosas como la autoridad, exámenes clásicos, repetir, etcétera), que la LOGSE tal y como estaba hasta el 96.
Saludos
Javi
http://comoquerais.blogspot.com/2008/12/el-culto-los-expertos-i-la-pedagoga.html
Javi, siento decirte que el modelo del PP era más de lo mismo, porque en esos temas hubo más retórica que realidad plasmada en el BOE.
Yo hice el CAP. Todos aprobamos. Era un impuesto.
Pero se podría haber aprovechado.
En un aula, de repetidores, de asignaturas universitarias, presentes los alumnos del CAP, repartiéndose los temas a enseñar de ese aula de repetidores. Acabando las clases con las críticas, buenas y malas a la forma de dar esa clase. Aprendiendo de los errores y aciertos de los compañeros de CAP.
En mi caso, Económicas, no enseñaron un poco la ley, dios una clase libre a nuestros compañeros aburridos, lo hiciésemos bien o mal, y recibimos clases de docencia específica de uno de los que cnsiderábamos peores profesores cuando yo estudiaba. – tengo que decir que en este caso lo hizo bastante mejor -.
Yo tengo un peculiar estilo de enseñar, a la mayoría les encanta, y a algunos pocos les fastidia. Les hago pensar, que me cuenten los conceptos con sus palabras, utilizo reglas mnemotécnicas para lo poco que tengan que memorizar, y no los examino hasta que todos (o casi) se lo saben, haciendo exámenes diarios de recuperación a los suspendidos hasta que se lo sepan y aprueben. Enseño casi com si de clases particulares se tratara y que mi sueldo fuese en que todos (o casi) aprobaran.
Estilo que me ha costado navajazos de los compañeros de departamento, todo sea dicho.
Eso si mis ex alum@s me saludan con cariño.
Intento ser lo que me hubiese gustado que fuesen mis profesores. Pero o tengo unos gustos muy raros, o esa filosofía no es compartida por los que me han tocado. Que poquitos saben enseñar, no digo excelentemente bien, digo saben, porque recitar no es enseñar, y exponer tampoco, enseñar es transmitir el conocimiento, y con tasas de suspenso enormes implica que no se ha transmitido.
Otra cosa es el negocio, en muchos centros enseñan mal y suspenden para mantener el negocio vivo, para mantener una tasa de matriculados y que su puesto de trabajo permanezca intacto, sean privados, para maximizar el dinero – debería ponerse un máximo de coste por carrera para evitar estos abusos – es más yo pondría una ley en la que el precio de la matrícula sirva para todas las convocatorias que sean necesarias hasta la obtención del aprobado. Pues el coste de corrección de un examen, no es el mismo que el de tener a un alumno en el aula (repitiendo no se suele asistir al aula), si es necesario que lo suban algo, pero ese coste es mejor que el de que te enseñen mal, o te suspendan por puro negocio.
Por ultimo, y no menos importante, todos los profesores deberían ser evaluados por todos sus alumnos, y ser las medias y varianzas de los resultados publicadas, año a año. Para en los casos de manifiesta incapacidad docente sean expulsados de la actividad docente, y en casos mal valorados, se les den cursos de mejora evaluables año a año.
Como muy bien dices a enseñar se aprende enseñando, no hay más ciencia. Yo también hice el trámite del CAP, que con el cambio será también un trámite pero más caro y más largo.
Llevo nueve años en esto y cuando llevaba seis cambié de disciplina y de alumnos… y tuve que aprender casi todo de nuevo, lo fácil era la materia, total la filología me servía tanto para ele como para lengua en secundaria pero la diferencia de los alumnos (de adultos a adolescentes) las mañas, la mano izquierda… eso sólo se aprende en un aula día a día. Además lo maravilloso de esta profesión es que cada día es diferente, aunque me sepa el temario al pie de la letra siempre hay algo nuevo, un nuevo enfoque que los mismos alumnos te muestran.
Si las leyes de educación son tan rematadamente malas es porque las elaboran personas que tienen poco contacto, cuando lo tienen, con la realidad de las aulas, al menos en el caso de la secundaria.
Los pedagogos son excelentes orientadores para los alumnos pero lo de enseñar a enseñar… eso se aprende en clase, ejerciendo.
Pedagogos, sociólogos y tunos son los colectivos que más daño hacen y han hecho a este país.
De largo.
Sin embargo creo firmemente en los que, desde su trabajo, se toman la molestia de no actuar “entre timbre y timbre”, o lo que es lo mismo: los docentes de pura vocación.
Todos los docentes hemos sufrido en alguno de los centros por lo que hemos pasado al típico pseudopedagogo que tiene términos novedosos y estrategias punteras para envolver conceptos y actuaciones de toda la vida. Y pierden un tiempo precioso para actuar de forma precoz.
A la vez, creo que hay profesionales enormes trabajando en esos campos; pero el problema viene cuando prima la presunta novedad adornada para confundir “churras y meninas”.
De nada sirve denominar a un sordo como “hipoacúsico” o a un ciego como “invidente” si nos olvidamos de que plantear estrategias educativas con ellos exige tener en cuenta que tienen la característica nada despreciable de que no ven o no oyen.
Y en esas andamos.
Ya en plan más general, acostumbramos a nuestros hijos a pedir por esa boquita y tenerlo todo en bandeja y así, claro, no hay quien tome conciencia del valor de las cosas.
Y cuando esa cosa es el provecho propio, el conocimiento, la posibilidad de prosperar por uno mismo (en el estudio o en cualquier otra cuestión), no hay quien logre que se centren y se te quedan mirando sorprendidos por la marcianada que pretendes enseñarles.
Sobre modelos de enseñanza diferenciados por partidos políticos mejor no hablar porque da para tesis doctorales de tamaño Enciclopedia Británica.
La LOGSE partía de unos planteamientos que tenían un problema fundamental: para aplicarlos tal cual en espera de resultados habría hecho falta una inversión que nunca estuvo prevista ni planificada siquiera.
La Ley PP consideraba que con referirse al esfuerzo y a la excelencia en esto de la educación ya se lograba el objetivo.
Como gurús de no-se-sabe-qué- principios consideraron que con sólo citarlos ya aparecerían por sí solos.
El problema es que el criterio de “excelencia” es 100 % empresarial y economicista y tiene muy mala o nula aplicación en esto de la enseñanza. Entre otras razones porque la productividad o el rendimiento no se pueden calcular hasta pasadas décadas con los alumnos objeto de valoración una vez incorporados al mercado de trabajo.
Además es un planteamiento que redunda en el concepto neoliberal a ultranza de la Educación (a poder ser con mayúsculas, sí) que busca futuros obreros funcionalmente aptos para el mercado laboral. Y ya.
Lo demás es cultura general para crucigramas y poco más.
Con semejantes planteamientos y con el lastre de la falta de financiación que acerque las bases e ideas de esas leyes a la realidad de los centros, se puede asegurar que no hay ley que vaya a cumplir su objetivo.
Sobre la preparación de los docentes no hay nada que objetar. La preparación en su campo se les presupone a todos; pero otra cosa es la forma en que se transmiten los conocimientos. Y ello en función de los grupos, con una necesaria capacidad de adaptación y autoridad, motivando al alumno… ¡Vamos! ¡Lo que dicen los libros al uso!
Sin embargo hay que decir que en mi época (no hace tanto) y hoy también, el pretendido CAP es una especie de franquicia: pagas y te dan un título que acredita una formación pero en la práctica es una preparación más que dudosa y desde luego, muy tórica y sin apenas relación con el trabajo real que tendrás que desempeñar: la docencia directa.
Con el CAP he tenido la sensación más bochornosa de mi vida académica: la sensación de estar comprando un título ( y con el la posibilidad de presentarme a oposiciones) fue real además de muy incómoda.
¿Donde está la educación en toda esta cuestión?- ¿como enseñar a los que enseñan?, ¿los que enseñan , no saben enseñar?, ¿no saben lo que enseñan, los que cobran por enseñar?. ¿como cobrar a los que van a enseñar, para que dejarles enseñar?.
Gimbernat y De la Oliva. Dos profesores mios. Uno me enseñó a dudar sobre las normas ( legalización de la
eutanasia …reforma del Codigo Penal…), el otro me enseñó a utilizar las normas para dudar ( práctica judicial).
Mi pregunta es :
¿Como conseguir que los que enseñan “quieran estar capacitados para enseñar”, sacaderos de perras a parte?
¿Como es posible que nos planteemos que hay que hacer con los educadores para conseguir que eduquen?
¿Será porque son funcionarios?
¿Estamos preparados para que no lo sean?
Zaira, … poner como ejemplo a dos catedráticos universitarios no me parece un adecuado término de comparación. ¿Qué harían ellos en un segundo de la ESO con diez repetidores?
mi opinión sobre la educación es clara, falla la base, o por ley se determina que la lecto-escritura, la expresión oral y escrita y el cálculo son asignaturas únicas y básicas durante por lo menos 4 años de primaria o tendremos lo que tenemos hoy: analfabetos funcionales.
¿Que diferencia, en términos de capacidad profesional, hay entre un catedrático universitario y un profesor de la ESO a la hora de educar? ¿Que haría un profesor de la ESO con trescientos alumnos universitarios?. Cada uno de ellos debe estar preparado para realizar su trabajo en su contexto concreto.
La pregunta que hago es ¿ solo es un problema de práctica?
o es algo más.
Si tienen que ser funcionarios:
¿Puede haber un sistema intermedio en el que se incentive la productividad , la profesionalidad de los educadores, ? ¿Una selección a nivel laboral?
Zaira, si no ves la diferencia entre un aula de silenciosos alumnos universitarios y otra atestada de adolescentes creo que debes reflexionar un poco.
La cuestión en sencilla: ¿quiénes se cambiarían por quiénes?
Es cierto.La comparación no es válida.
Pero no es una comparación.Es un ejemplo.
Dos docentes con formación distinta, distinta práctica laboral, …, enseñando en cursos distintos…, distintas doctrinas… Pero ambos coinciden en una cosa: creen en la importancia de la enseñanza, buscan financiación para dar clases prácticas… Tienen vocación.
La pregunta es ¿ será suficiente un MIR, la práctica laboral,…, para que mejore la calidad en la docencia?
¿Cuantos profesores de la ESO estudiaron sus respectivas carreras para ser docentes?
¿Si han elegido libremente ser docentes de la ESO, por que querrían cambiarse, o porque no eligieron ser profesores universitarios?
Básicamente no es una comparación, es una propuestade formación del profesorado. Aprender la profesión desde dentro.
Ciertamente el gremio es poco vocacional (mejor). No conozco a mucha gente que haya soñado con la profesión que ejercen en cualquier área.
El problema es que los presuntos vocaciones no suelen tener idea de lo que hay queenseñar.
Citabas a varios profesores de Derecho que te gustaron. Imagínate que en vez de dejarles formarse le hubiera parado su formación jurídica para enseñarles Pedagogía.
La opción entre formación o pedagogía, no es discutible.
Formación sí, pedagogía no.
¿ quien determina que formación ? lo docentes.
Pero la vocación no es una cuestión solo de sueños, sino
de profesionalidad, y responsabilidad, y como tal, es
aplicable a cualquier área.
Si el gremio de por sí, es poco vocacional, ¿por que no
añadir un sistema de control ?. ¿por que no existen
responsabilidades en este entorno?. Es ilógico.
Creo que el objetivo final, la educación, lo merece.
Totalmente de acuerdo.
Igual cosa ocurre aca en Ecuador, existe toda una corriente de “elite pedagógica” que cambia los nombres a tareas tan antiguas que los educadores responzables y dedicados las venimos haciendo en el día a día, nos dan recetas aplicables a grupos de 15 o maximo 2o estudiantes por clase cuando en la realidad nos debemos a 30 o mas estudiantes.
Claro no todos estos investigadores son patrañas, hay unos pocos respetables, leyendo e investigando la escuela cubana tiene cosas buenas lo mismo la alemana, pero la norte-americana tienen tantos mercantilistas del saber dedicados a absorver el recurso de los maestros. La educación debe ser politica de un estado y la capacitación de sus maestros igual.