Uno ya no es el que era y el paso de los años se va notando. Antes, cuando uno era joven de verdad, los viernes eran días cargados de ilusión y de ganas de comenzar el fin de semana. Hasta cierto punto el viernes concentraba todo el mensaje del fin de semana.
Pero claro, uno empieza a trabajar y se da cuenta de que el viernes ya no es lo que era. El viernes salto, como de improviso, todo el cansancio de la semana, de los madrugones, de las prisas y de las tensiones. Uno cree que está bien pero, sin casi preámbulos, la semana cae encima y te ordena ir en búsqueda de un sueño reparador.
A pesar de que mis viernes son intensos, de que culminan con un absurdo viaje de cinco horas para 220 kilómetros y de que se quedan en poco, no han dejado de poseer un regusto semántico a nacimiento de lo posible, del cambio o de lo otro en esta minúscula parte de la Historia que es la vida de cada uno de nosotros.








Es un coñazo lo de hacerse mayor…de 25 a 30 el cambio es brutal…
macho, se te nota un poco menopáusico últimamente
No te quejes tanto,en el fondo te encanta los viernes y me consta. Disfruta del finde que tu sabes
Vais a decirme que soy un vejestorio, pero yo, cuando me casé (a los 30), una de las cosas que agradecí fue no tener que salir por ahí tantas noches para estar con la pareja. ¡Qué gusto quedarse en casa!
interesante tu espacio. te pasas por el mio?
saludos desde sudamerica