
La frase que da título a esta entrada la hemos escuchado en muchas ocasiones e incluso es posible que muchos de nosotros la hayamos dicho. Es más un consuelo que un remedio, es más una forma para concluir rápidamente una charla que una verdadera conclusión. Siempre cabe pregunta sobre qué es el sistema.
Cuando se habla de crisis o problemas del sistema educativo muchas veces se tiene la sensación de que ese ente impersonal y abstracto, el sistema, es el culpable de todo y que las personas que estamos dentro de él nos dejamos llevar por una ciega necesidad y que no tenemos otra que la más profunda pasividad.
Sin intención de profundizar en qué es un sistema sí podemos indicar, grosso modo, que en nuestro sistema hay una serie de personas o colectivos y una reglas de relación entre esas personas y colectivos. Normalmente nos fijamos más en las reglas que en los elementos personales, de forma que en la Educación parece que todo depende esencialmente de cuál sea la Ley que rija, cuando cualquier jurista o politólogo nos diría que las leyes por sí mismas tienen poca efectividad.
Los eternos debates públicos sobre tal o cual norma legal o reglamentaria no son más que el reflejo de la imagen taumatúrgica que buena parte de la sociedad tiene de las normas. Y además estos debates o polémicas se fijan en aspectos tan incidentales y nimios que dejan siempre los asuntos en el limbo.
Centrada toda la atención en las reglas del procedimiento, que son importantes pero no el único elemento de un sistema, los elementos humanos se sienten liberados de su responsabilidad en la marcha del conjunto. Cada cual encuentra que la culpa o la responsabilidad la tienen las reglas u otro de los colectivos del sistema educativo, cuando no la Administración, epígono de las reglas procedimentales.
Los trabajadores de la Enseñanza han de asumir su parte de responsabilidad en la deriva actual del sistema, especialmente en lo relativo al fracaso escolar, y asumir que algo tendremos que ver con ella. No deben aceptar que se les quiera hacer chivos expiatorios de todos los males, pero tampoco pueden dejarse arrastrar por la tentación de no revisar nuestras propias actuaciones y actitudes.
El alumnado suele ser muy condescendiente consigo mismo, pero el hecho de que no sean adultos no les incapacita totalmente. La maduración es un proceso y en ese proceso ya hay decisiones y posicionamientos que se toman con suficiente conciencia, singularmente por parte de los alumnos de más edad. Ellos son los protagonistas del sistema educativo y no sólo tienen que sentirse como tales, sino que han de actuar como tales. La continua inhibición del alumnado en todo lo relativo a su participación en la marcha de los centros es un síntoma inequívoco de que o no sienten o no quieren el protagonismo.
El tercer grupo humano de este sistema son los padres y las madres. Hacer una generalización sobre ellos sería tan injusto como aceptar las que reciben los trabajadores de la enseñanza, pero me atrevería a decir que hay cosas en la vida que no se pueden externalizar, esto es, que no puedes encargar a una empresa que asuma totalmente todos los aspectos que se implican en la Educación.
Todos los que intervienen en la Educación tienen algo que ver y por eso mismo tenemos una responsabilidad insoslayable, de la que no deben sacudirse echando la culpa a otros y al primer ente abstracto que se tenga a mano.







Yo creo que lo de “la culpa es del sistema” es como tirar la basura al suelo en la calle, o romper una papelera. Total, no es de nadie, así que nadie debería molestarse.
Es de, alude a una realidad externa a la nuestra o a la de cada persona que supera al temor de apartarse un poco del grupo en que se encuentra.
Será del sistema, de la historia, de los medios(sean de comunicación, de poder, de la producción, etc.), de las Naciones, de las leyes, etc. La culpa, esa figura que se exterioriza cuando los objetivos no se cumplimentan según lo requerido…