
Mi buena amiga María José Bayo, periodista especializada en Comunicación Política, se encuentra en Washington DC para seguir las elecciones presidenciales. Desde allí nos manda esta entrada.
La política de la ensoñación
Decía mi amiga Eva, que trabaja en una conocida peluquería de Huelva y está llena de sabiduría, que a Obama le maquillan los ojos hacia arriba, tratando de alzarle los párpados. “Fíjate en los primeros planos, –me dice—tiene los ojos tristes y se los levantan con el maquillaje”. Seguro que no le falta razón a mi amiga. Los ojos tristes no casan bien con el mensaje de ilusión, de cambio, de la energía de un joven puesta al servicio de un país con millones de habitantes que ha transmitido desde un principio el candidato demócrata a la Casa Blanca.
Barack Obama está a punto de abrir una nueva página destacadísima en la historia de Estados Unidos, de propiciar un cambio con una proyección internacional sin precedentes. Se encuentra muy cerca de protagonizar el fin de una etapa, la que se corresponde con el Gobierno de George Bush, que muchos desearían directamente borrar de esos manuales.
Desde luego, gane o pierda, el fenómeno Obama y la campaña ideada en torno a él será estudiada como una de las mejor planificadas y diseñadas de todos los tiempos. En una situación en la que una mayoría tan contundente del país reclamaba el fin de una era y el comienzo de otra supo apropiarse antes que nadie de la palabra “cambio”. Primero frente a Hillary Clinton en las primarias y posteriormente ante McCain fue fiel a su idea de “change” y alrededor de ésta desarrolló una estrategia electoral coherente y unos mensajes y una serie de tácticas acordes con ella que han ido posicionándolo cada vez mejor en los sondeos.
El cambio que promueve Obama está basado en la idea del sueño americano, pero se diferencia de otros planteamientos sobre lo mismo en la manera de implicar en él a la ciudadanía. “This election is not about me, it’s about you”, recalca en sus mítines haciendo referencia al papel que desempeñan todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas en este proceso electoral.
El ‘targeting’ y la movilización en el lado demócrata han sido espectaculares. La forma de involucrar a las decenas de miles de voluntarios y donantes ha contado con la habilidad de hacerlos sentir en todo momento protagonistas del cambio. De ahí el gran éxito de la campaña online y en concreto de my.barackobama.com. El uso de las nuevas tecnologías en su aplicación a la comunicación política ha tenido sin duda un antes y un después en estas elecciones americanas.
Probablemente ni Eva ni muchos otros de los que analizan esta campaña y especulan en tertulias improvisadas en todo el mundo sobre si los norteamericanos serán capaces de elegir para la Presidencia a un hombre negro por primera vez en su historia, conozcan realmente qué compromisos de Gobierno plantean los dos candidatos. Sin embargo, la mayoría de ellos, también muchos de los medios de comunicación internacionales, parecen imbuidos por esa especie de política de la ensoñación, cuasi profética, que encarna Obama. El sueño americano proyectado sobre los deseos de cambio de Estados Unidos en el mundo y del mundo respecto a los Estados Unidos de América. Es mediodía en Washington DC cuando escribo este post. El cielo está nublado y sopla una ligera brisa… ¿de cambio real?







No soportaría otra tercera victoria republicana. Ojalá se confirmen los pronósticos y gane Obama porque ganaremos todos. Para mi será un gran día y una larga noche, recuerdo los 2 meses que pasé en Boston hace ahora 3 años y como mucha gente allí tenía un mal recuerdo de la derrota de Kerry. Toda esa gente mañana podrá sonreir porque el cambio debe ser real, creo que una nueva forma de ver el mundo podría imponerse y creo que puede haber motivos para la esperanza de asistir a un proceso de grandes transformaciones en las relaciones internacionales.
P.D. Hay cosas que no dejan de sorprenderme no obstante. Como una candidata a vicepresidente de USA no sabe quién es el primer ministro de Canadá…supongo que por no saber ni sabrá que Su Graciosa Majestad aparece en la moneda canadiense.