
Islandia es un país que de vez en cuando salta a la prensa y se convierte, probablemente, sin pretenderlo en el centro de la información mundial. Sucedió cuando acogió la mítica partida entre Fisher y Sparski de la final del Campeonato del Mundo de Ajedrez, fue sede también del último episodio de la Guerra Fría cuando Reagan y Gorbachov se entrevistaron sin resultado. De paso es también un habitual rival de la selección española en las fases previas de los campeonatos mundiales y europeos de fútbol. Ahora es el primer país cuyo sistema financiero completamente se ha roto en esta crisis financiera.
Hace solamente seis meses “El País” publicaba un reportaje en el que se hablaba que Islandia es el país del mundo en el que la gente se considera más feliz, probablemente, y esto lo añado yo, porque es el país en el que más libros se leen.
Sólo seis meses han bastado para que el paraíso de las nieves, se convierta en el infierno de los bancos, al menos en los titulares de prensa. No creo que Islandia haya cambiado fácticamente en este último medio año como parecería desprenderse de la lectura de la prensa de esta semana.
Entre vida real y vida económica hay una necesaria diferencia. Si ya entramos en que determinados movimientos económicos tienen causas que trascienden lo concreto y objetivo, puede que estemos haciendo de todos las crisis de unos cuantos.
He defendido el “Plan de Rescate” y creo que hay que transmitir tranquilidad a los mercados y confianza a los ciudadanos. Tras leer la entrada de hoy del blog de Jordi Sevilla sí creo que hay que decirle, especialmente a los primeros, que las actuaciones tienen un límite, que se deben atener a unos criterios y que no se dejará por hacer nada de lo imprescindible por hacer.
Posiblemente los islandeses no hayan dejado de ser tan felices como dicen ser, aunque sus principales bancos hayan tenido que ser nacionalizados por vía de emergencia. La situación es compleja, peligrosa y requiere tomar medidas, pero no podemos repetir los mismos errores que nos han llevado a esta situación.
El error, dicho a lo bruto, ha sido apostarlo todo en un único punto para tener unas ganancias desorbitadas; el error puede ser ahora que se ponga lo que queda en manos del Estado para evitar unas pérdidas desorbitadas. ¿Y cuándo no quede más dinero? Como no es posible la curación, no hay que pagar un tratamiento terapéutico que no existe, paguemos únicamente un tratamiento paliativo en su justo precio.







No es que no me crea que nuestro sistema financiero es muy sólido, que me lo creo. Y es fe, porque fe es creer en lo que no se ve. Pero, hoy quiebra Islandia (ayer, vamos), y ayer (anteayer, vamos) nadie decía que iba a quebrar y hace unos meses eran hiperfelíces.
A mi con estas cosas me entra miedito, qué quieres que te diga.
[...] Islandia ha descubierto que el hecho de ser un estado que va por libre, que adopta las medidas europeas pero con el límite suficiente como para poder sacar beneficio, les ha llevado a la ruina. La banca islandesa, que antes atraída capitales gracias a unos intereses que no se pagaban en ningún sitio, se ha volatilizado. [...]