
Soy de los que considera que el fútbol es un deporte sustancialmente aburrido, en el que pueden pasar los noventa minutos de un encuentro sin que se vea nada digno de mención.
Lo que hace del fútbol un deporte de audiencias arrolladora es la pasión que desata. Pasión que normalmente encuentra su origen y sede en elementos no futbolísticos, desde los personales a los sociales, pasando por incluso alguno de raigambre histórica.
Para mí un elemento esencial del fútbol es la rivalidad local. Como sevillano, y aficionado del Betis, me cuesta comprender un lunes sin reírte de los sevillistas o que ellos hagan lo propio.
Ganar un campeonato supone una alegría para todo club. Nuestra alegría se potenciaba nada con imaginar la cara que tendrían los otros al día siguiente y la cantidad de ellos que de golpe dejarían de ser aficionados al fútbol para convertirse en devotos seguidores del baloncesto.
A esto llega la selección española y rompe los pronósticos, el fatum de los cuartos de final y con un juego exquisito gana la última Eurocopa. Mucha alegría. Después de la final quedo con unos amigos para salir a tomar algo a modo de celebración. Había gente en la calle pero no un entusiasmo exagerado. ¿Quiénes faltaban? Faltaban los eternos rivales, pues los alemanes están bastante lejos y no nos han hecho casi nada (España es de los pocos países que puede decir eso).
Cuando el fútbol se concibe antes todo como rivalidad existencial y esa rivalidad no se da, entonces las victorias saben a menos, que es lo que a mí me pasó con la Eurocopa. Al rato estaba como si la victoria hubiera sido en un deporte que no sé ni que existe. Esto debe ser porque, a mí, el fútbol realmente no me gusta.







Uno de mis profes decía “Un estadio de futbol es como un circo romano; pero en el circo romano los leones estaban en la arena y en el estadio están en la grada”.
Llámame raro, pero eso de desatar los instintos básicos me parece horrible. Ese mismo profesor decía “Es razonable que el código penal no esté vigente en los cuadriláteros; lo que no es razonable es que los cuadriláteros estén vigentes”. Vamos, como actividad de enfrentamiento vital prefiero las controversias académicas.
“[...]pues los alemanes están bastante lejos y no nos han hecho casi nada (España es de los pocos países que puede decir eso).”
Más concretamente, España y Alemania han sido históricamente más aliados que otra cosa desde Carlos V.
Pues sí.
En Madrid fue una explosión. Hasta las tres o cuatro de la mañana se oía a gente todavía, cantando contra Ballack o cosas similares. Vaya que si la gente lo vivió.
Esto no tiene nada que ver con alianzas históricas de los Austrias ni cosas sesudas similares: la gente se alegró por algo que no esperaba y quería desde hace mucho. Y, como suele ser normal, hubo canticos sobre el rival (un servidor los oyó durante horas).
“Llámame raro, pero eso de desatar los instintos básicos me parece horrible”
Depende de qué “instinto básico”, oye (y dejo de escribir ahí). ;)
Josei: la gran alianza España-Alemania de nuestra historia es algo más reciente: desgraciadamente, data de julio de 1936…
No le voy a decir que no entienda la alegría que provoca la victoria del equipo propio… ya sea al football o al parchís – por no hablar de que ayer el Madrid empató ante el Español mientras el día anterior el Barça le metía la ristra al Atlético (je)-, pero lo cierto es que en demasiadas ocasiones esa alegría, y sobre todo en football, se convierte en cosas que nada tienen que ver con el deporte y sí mucho con ciertas actitudes que, ya desde tiempos de Paco, el del Ferrol, eran aprovechadas para ensalzar un nacionalismo que, se supone, servía para poder superar ese complejo que sufríamos ante el resto del mundo, en aquel momento con bastante razón.
Y es cierto, si el enemigo no está cerca para disfrutar viéndole la cara mientras tenemos la victoria en la mano, pues como que se disfruta menos… aunque no sé que opinarán al respecto los deportistas olímpicos y paralímpicos. Me da la impresión de que no estarían muy de acuerdo.
Ôo-~
Luzbel, eres un guarro obsceno.
Vamos, no sé si eres aficionado a disfrazarte de Pedro Picapiedra y cantar yabadabadoo en determinadas situaciones y gritar eso de “say my name”. Y no, no quiero saberlo, gracias.
Lo de 1936 es caer en la fácil denotación de la palabra “aliado”. La “amistad” que ha habido entre España y Alemania (y no me vengas con lo de Alemania como estado llamado Alemania, porque hablo de la zona, no solo del estado llamado Alemania) fué forjada cuando Carlos V heredó tanto la Corona española como los reinos de la zona alemana.
Discrepo, amigo Josei…
Sería necesario profundizar en las distintas polémicas en torno al intento de designación como Rey de Romanos de varios monarcas hispanos, qué fue o no fue el Imperio Germánico y la importancia de Prusia frente a otros territorios hoy alemanes y antiguamente autríacos (la capital de los Habsburgo fue casi siempre Viena), por no hablar de la distancia que separa ambas naciones (2.000 kilómetros de Madrid a Munich y otros 2.300 hasta Berlín) y que, en realidad, los germanófilos españoles lo eran por coincidir nuestros dos enemigos históricos: Francia, por la frontera, e Inglaterra por su poderío naval.
En mi opinión, pero estoy abierto a nuevas interpretaciones, lo de la alianza España-Alemania chirría casi tanto como lo de nuestras “tradicionales buenas relaciones con el mundo árabe”…
Eso es verdad. Está totalmente aburrido