
Voy a volver a escribir sobre el proceloso mundo de la democracia en los partidos políticos y los argumentos que se emplean cuando hay varias personas intentando hacerse con la dirección de un partido político, en la instancia que sea.
Ante todo os pido que no penséis que hablo de ningún caso concreto de actualidad (que no va sobre lo de Móstoles, de verdad). Es más una reflexión sobre un recurso argumental que se emplea cuando hay un sector o grupo que quiere desplazar a una dirección política.
El argumento es el que da título a la entrada: “Esto es un quítate tú, para ponerme yo”. Creo que este enunciado, que se repite tanto, merece ser analizado, en sus virtudes y en sus defectos.
1) Todo proceso electoral en el que hay más de una candidatura y en el que una de estas es la que ostenta la dirección o el gobierno, implica que si gana la candidatura que no está en la dirección o en el poder, unos ocupan los puestos que antes detentaban los perdedores. Si unos no se quitasen para ponerse los otros, no habría alternancia posible en el poder.
2) Extrapolado este argumento de la vida interna de los partidos a la política general, es coincidente con aquel que dice que “en la política no hay ideas ni programas diferentes, sino que la política se reduce a una mera lucha por el poder”.
3) La ambición política no es mala, sino es necesaria y deseable siempre que sea honesta. Querer ocupar un puesto directivo es una condición necesaria para operar más y mejor en política.
4) El puro deseo de quitar a una dirección y ponerse en su lugar puede estar más que justificado en el caso de que la dirección en el poder haya dado muestras de falta de honestidad.
5) Este argumento presupone la igualdad ideológica entre los miembros de un mismo partido. Nada es más falso ya que en todos los partidos hay diversidad ideológica, y en los grandes partidos sus opciones de gobierno pasan por la pluralidad ideológica y, en consecuencia, con una definición más vaga. Dentro de un partido no todos tienen la misma ideología, por más que puedan coincidir en muchos aspectos.
6) Aún en el caso de que no haya problemas de honestidad y que los enfoques ideológicos no sean especialmente relevantes, existe la posibilidad de que quepa una gestión más eficiente, para lo cual es reflejo extraordinario los datos objetivos de esa gestión, especialmente los resultados electorales. A veces los aparatos centrales de los partidos no han atendido importantes llamadas de atención sobre cuestiones de honestidad, cayendo en el “resultadismo”.
7) Puede darse el caso de que no haya diferencias ideológicas significativas, que se haya sido honesto y que la gestión haya sido razonable en lo que se refiere a los resultados. A pesar de ello sigue siendo legítimo querer ejercer la dirección. Les toca a los miembros de ese partido elegir entre una posibilidad y otra.
8) Hay una forma alternativa de leer e interpretar el argumento “quítate tú, para ponerme yo”. Lo podemos rescribir como un “no te pongas tú, para quedarme yo”. Que una persona o un grupo quieran algo, no implica necesariamente que el que está ejerciéndolo estén haciendo un sacrificio personal y no tenga ninguna ambición personal ni ego que alimentar.
9) Que existe la posibilidad de elegir entre dos o más candidaturas no es nocivo electoralmente. Zapatero fue elegido en un congreso con cuatro candidatos a la secretaría general y sin cosechar la mayoría absoluta de los votos y ha ganado dos elecciones generales consecutivas. La cuestión no el número de candidatos entre los que se vote, sino que los perdedores se enteren que hasta la siguiente elección no tendrán su oportunidad y hasta entonces solamente les queda colaborar al máximo con la dirección electa (o por lo menos no ponerle piedras).
10) La democracia es un valor intrínseco en nuestro sistema político y la existencia de más de una lista en los procesos electorales que una condición necesaria para hablar de elección democrática. No en vano el PSOE, en su último congreso, ha limitado al 30% el número de avales máximos que un candidato puede presentar, precisamente con la idea de facilitar la presencia de más de una candidatura en sus procesos internos. Esto no quiere decir otra cosa que el PSOE apuesta cada vez más por la democracia interna y por hacer que sus procedimientos no sean meras formalidades. Otros partidos ni se han enterado.







Yo me conformaría con que se diera la opción siete de las que enumeras. En algunos casos, el “quitate tú para que me ponga yo”, ni siquiera responde a algo que se quiere hacer con la dirección del partido, ni siquiera algo que se pretenda hacer a corto plazo una vez obtenida ésta, y en muchos casos nada tiene que ver con la operancia, eficacia o trabajo de la dirección existente. Por desgracia, ahora y en muchos partidos políticos hay gente pensando ya en quien seré el representante en las próximas elecciones y quienes tendrán la oportunidad de elegirlo. Las variedad de listas me parece bien, positiva y enriquecedora. Al final deben ser los militantes los que elijan, lo triste, para mí, son los motivos que mueven a algunos a “mover” a otros.
Saludos y me encanta tu blog…
La cosa se complica cuando se le dice a un dirigente quítate tú, y el que se quiere poner no tiene avales, ni apoyos para ponerse porque ya estuvo más de diez años y fue un rotundo fracaso, pero antes de irse dejó muchos estómagos agradecidos con contratos blindados dispuestos a hacer el ruido que haga falta para que el que está al mando ahora fracase.
REPETIMOS: “…que los perdedores se enteren que hasta la siguiente elección no tendrán su oportunidad y hasta entonces solamente les queda colaborar al máximo con la dirección electa”.
Franesco, “o por lo menos no ponerle piedras”
Creo Franesco y Geógrafo que no es cuestión de que se enteren, es cuestión de que para algunos eso de poner piedras e impedir trabajar es un hobby para muchas “viejas glorias”
En Cádiz estamos en procesos parecidos. Te he citado en una reflexión en mi blog.
Salud compañero,