En una entrada reciente comentaba lo extrañado que me dejó encontrar en un libro la expresión de que determinadas acciones son “necesarios excesos”.
“Exceso” es un término que se suele emplear para indicar algo que está por su intensidad por encima de lo deseable moralmente en función de las circunstancias y por lo tanto sería moralmente reprobable.
En cambio cuando en el ámbito ético se emplea el término “necesidad” o su adjetivo “necesario” aludimos a algo que tiene que hacerse y no puede evitar hacer, de forma que lo que es necesario es o bien amoral (fuera del juicio moral) o bien es correcto éticamente.
Un hecho, en unas circunstancias concretas, no puede ser bueno y malo simultáneamente. O es bueno o es malo. No cabe decir que se cometió un necesario exceso, pues es como decir que alguien ha llevado a cabo un “asesinato necesario”.
El uso torticero de las palabras es muy pernicioso porque no sólo pretenden engañar, sino que pretende hacer “poniéndole una vela a Dios y otra al Diablo”. Lo deseable es que cuando quiera justificarse algo, que se intente hacer y que se someta a la crítica de otros. Todo lo demás es una falta de honestidad intelectual.







Estoy de acuerdo. Como curiosidad relacionada te señalo el contenido del artículo 9.3.a de la Ley de Partidos, donde el legislador confundió los términos “táctito” e “implícito”, y escribió lo primero cuando debió haber dicho lo segundo.
(Por si hay duda, lo explico: un apoyo es tácito cuando no se puede deducir lógicamente tal apoyo, y simplemente se supone. El legislador debió decir que el apoyo debía ser “implícito”, es decir, deducible lógicamente del contexto).
Es que, en efecto, existe el “asesinato necesario”. Y aún diría más: lo que predomina es el “asesinato necesario” en grado de tentativa. ¿Acaso no es justo ejecutar a un dictador? Ay, si Franco hubiese tenido el mismo final que Mussolini…
“Necesarios excesos” El adjetivo “necesarios” añade al sustantivo la idea de que quien los practica está en el uso de su derecho: la práctica del exceso como derecho cívico. La perversión lingüística trata de dar cobertura a la perversión ética.
Un exceso es inmoral, si es necesario es una necesidad. En el lenguaje moral el juego de adjetivos y sustantivos no es tan fijo
Franesco piensa en la variación semántica. Cuando se habla de matar al tirano no se habla de asesinato, sino tiranicidio.
Creo que “necesarios excesos” es una contradicción en sí mismo. No me parece que sea necesario hacer ningún exceso. Cometemos excesos, claro, pero nunca diría que fue necesario cometerlo. Y hablando de excesos, -siempre innecesarios- matar siempre lo es, aunque se mate a un asesino. La pena de muerte es un exceso (innecesario) aunque esté legalizada en muchos estados de los EEUU.
Si mato a un asesino, yo también soy un asesino.
A veces, nos escondemos detrás de la semántica para justificar las barbaridades que hacemos como… ¿seres humanos?
Un cordial saludo.